25 junio, 2026

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Belleza, asombro y sabiduría en la Tierra Media 

Un viaje a través del legendarium de Tolkien: el poder de la subcreación, el mito y el anhelo de infinito en el corazón humano

Belleza, asombro y sabiduría en la Tierra Media 

El Legendario de J.R.R. Tolkien contiene una belleza espectacular. Cuando te sumerges en él encuentras algo que antes no habías conocido. No sólo por las historias que relata, sino por su mirada que descubre maravillas y las plasma de esa forma tan especial.

Posee algo que conecta con los anhelos del ser humano. Quizá sea porque tenemos deseos de belleza en lo más hondo del corazón: hemos sido creados con sueños de infinito, con una «semilla» de eternidad, y no nos «llena» cualquier cosa.

Además, nuestro autor tiene un don creativo muy especial, trabajado en la base de los muchos idiomas que conoce, maneja y le apasionan, y en el significado etimológico de las palabras. Su capacidad semántica, y los mundos que ilumina desde esos lenguajes, algunos de ellos arcanos y antiguos…, con mucha sabiduría atesorada, que aportan fondo histórico a la narración, y otros más sencillos, como los personajes que los hablan.

Tolkien es capaz de interpelarnos con su obra, de crear un vínculo con cada lector que hace pensar y descubrir una realidad mejor de la que tenemos tantas veces. Con más luminosidad, alegría y esperanza. Lo que podría o debería ser… Y lo hace desde las palabras y las historias que despliegan, con su sonoridad, muchas en idiomas élficos inventados por él mismo. Por ejemplo el Quenya, basado en el finés, y el Sindarin, en el galés, que hablan los elfos, criaturas antiguas, artistas y sabias.

En esas lenguas perviven historias verosímiles, con gran riqueza, aportando un sentido hondo y hermoso. Algo realmente deslumbrante: «un todo» armonioso y cautivador que hace disfrutar de tanta belleza que despliega, en la que nos sumerge, nos conmueve y alegra, y hasta sana y consuela.

Al leer su obra, uno percibe que todo en la Tierra Media está vivo…, serpenteante, algo cuasi mágico, pues sabe transmitir con palabras «encantadas» esa superabundancia del ser de las cosas, sus matices, muchos creados con su «varita mágica» de la palabra, plenos de sentido.

El Profesor ha sido capaz de iluminar maravillosamente un ámbito que estaba sin «descubrir,» como él decía, con historias memorables llenas de esplendor para su querida Inglaterra, y para todos los que nos acercamos en los distintos confines del planeta.

Porque inventar, en su sentido etimológico, significa encontrar, descubrir, hallar: «desvelar» mundos posibles que están como «escondidos», esperando que alguien que los revele, y así, hacer una llamada a lo más íntimo del corazón. Por ello dirá que su obra es un ensayo de estética lingüística…, sobre la muerte y la inmortalidad del ser humano.

Una «subcreació artística, como él la llama. No «fantasía» en el sentido que algunos creen, como algo irreal, fútil, banal y sin trascendencia, sino una auténtica mitología creada, subcreada, para su querida nación. Precisamente en los inicios de la Gran Guerra, desde las trincheras y el dolor y el sinsentido. ¡Qué grandeza de ánimo!…

Y mito, en su sentido aristotélico, es narración, relato, historia, y está compuesto de verdad. Lo explica en su escrito «Sobre los cuentos de Hadas», un ensayo del libro «Árbol y Hoja». Por eso refleja e ilumina la realidad en la que vivimos. Muchas veces se confunde el significado de mito, y se lo introduce en el «cajón de sastre» de la «fantasía» en su sentido peyorativo, incluso como algo falso. Sin embargo es auténtico arte, arte verdadero, como pocos han podido realizar. Un don singular.

Este tema de los mitos lo hablará mucho con su amigo C.S. Lewis y otros intelectuales, como Hugo Dyson, pues es una forma de conocer el mundo a través de la luz y la belleza que emanan de ellos, que arrojan luz a nuestro mundo. Pues: «Venimos de Dios, e inevitablemente los mitos que tejemos… reflejan un astillado fragmento de la luz verdadera, la eterna verdad de Dios», que percibimos en muchos matices que reverberan en cada lector, según las circunstancias de su vida.

El Profesor comprende al ser humano, y no se queda en lo más superficial, sino que va a los deseos y anhelos más profundos del corazón: ese deseo de inmortalidad, de permanecer, de hacer algo grande con la propia vida. Porque estamos creados para perdurar «más allá de los círculos de este mundo»..., como intenta consolar Aragorn a su esposa Arwen en su despedida. No aspiramos tan sólo a recuerdos.

La Tierra Media está llena de sentido, de luz y belleza. Y todo es un don, algo gratuito, mágico y milagroso que agradecer, como también descubriría G.K. Chesterton después de tiempos de «oscuridad»…

Llega al núcleo del ser humano desde la belleza de su legendarium, pleno de historias y sentido, aunque terribles muchas veces, como sucede en el mundo real. Porque «la alegría, lo mismo que la tristeza, son afiladas como espadas»…, como le ocurre a Gimli con la belleza de los Lotlhórien. No temía al dolor ni a la muerte, pero a la luz y la belleza… Queda deslumbrado por ella. Por eso llega hondo al corazón

En una de sus cartas, la Carta 183, dirá que su mundo no es un mundo imaginario, sino un momento histórico imaginario de la Tierra Media, que es el lugar donde vivimos.

Su creación nos ayuda a descubrir el sentido de la realidad, a ver más allá de las apariencias, y atisbar el propio propósito de la vida. La misión de cada uno, como le sucede a Frodo, y a cada personaje del legendario.

Esta forma de ver el mundo está muy relacionada con la concepción de los Cuentos de Hadas en G.K. Chesterton, con quien comparte esa filosofía. Chesterton lo escribe en «La ética del País de los Duendes», o Fantasía, en su libro autobiográfico Ortodoxia. Una forma bonita y cualificada de literatura, no tanto para niños, que refleja la realidad, llena de belleza asombrosa de ese mundo.

Esta potencia y capacidad imaginativa se «despierta» y toma más relieve con J.H. Newman, y otros intelectuales del movimiento de Oxford. Y en George MacDonald, de quien aprenden todo su significado, tanto romántico como cristiano, bien integrados, especialmente en su obra «Phantastes». Y en concreto C.S. Lewis: será el «bautizo» de su imaginación, y lo hablará con sus amigos los Inklings, sobre todo con Tolkien.

Dice el Profesor: «Creo que lo que llaman cuentos de hadas es una de las formas más grandes que ha dado la literatura, asociada erróneamente con la niñez.» Y la imaginación, que recupera la belleza inicial del mundo creado a través de la fantasía. Ese poder y «derecho» del ser humano, de crear con sus facultades y capacidades para descubrir la belleza inicial de la creación, y para «completar» esa creación.

La obra de Tolkien ayuda a mirar y contemplar la realidad, a descubrir esa belleza escondida por doquier, pues se percibe lo infinito que contiene, que se refleja en mil matices e Historias, como la luz blanca se descompone en muchos colores. Y es debido a que la realidad está henchida de significado, algo que se nos ha regalado. Y por tanto, algo que agradecer.

Quizá los artistas son más capaces de percibir muchos de esos matices…, y de reflejarlos en obras de arte y relatos conmovedores, vivos, «que van de mente en mente», como escribe Tolkien en su poema Mitopoeia.

Descubrir y percibir la belleza de la realidad, porque todo es don, regalo, que rebosa verdad, belleza, sentido… Aprender a contemplar, que es un «percibir amante» del mundo que nos rodea. Tener una mirada cálida, agradecida, pues todo es «magia», milagro; la ilusión de «encontrar algo a la vuelta de la esquina» dice Gilbert Keith con su sonrisa franca y asombro agradecido. 

Y «magia» para Tolkien significa sabiduría, conocer las cosas y llevarlas a su plenitud. Es decir, el modo de ser natural del mundo. Ver más allá de las apariencias, percibir la belleza que subyace… «alzarlo» con la imaginación.

En la Tierra Media todo está como «envuelto» en magia… Muy relacionado con los poderes de los Magos, o Istari, que son «sabios». Y con los Anillos Élficos que preservan y desarrollan la belleza de la naturaleza y del mundo creado. Uno de ellos lo guarda la Dama del Bosque en los Lorien. Un reino exuberante donde parece que el tiempo no pasa. Con ella se despliega esa voluntad de crear que poseen los elfos, artistas creativos.

Podemos aprender a percibir lo que las cosas son en profundidad, con calma, con ojos nuevos, sin acostumbramiento, porque muchas veces nos quedamos en lo accesorio y superficial, por las prisas, por no pensar, no detenernos, no contemplar. Y así no se puede descubrir su encanto. Se nos escapa tanta belleza, y la necesitamos mucho más de lo que parece, como descubrió Dostoievski, en circunstancias tan duras.

Lo verdadero se nos hace accesible desde el esplendor de su belleza…: es como la llave que abre «la puerta» de la verdad y la bondad. Porque, señalara Tomás de Aquino, «la belleza es reflejo de esa verdad», de esa realidad gratuita, deslumbrante, plena de significado.

En la Tierra Media de Tolkien hay mucha sabiduría, acerca del mundo, y del ser humano: de las profundidades y anhelos suyos. Y ese conocimiento nos ilumina y ayuda a saber cómo somos, qué nos llena de veras, y formas de desarrollar esa esencia, lo cual nos hará más felices. Y tiene mucha relación con la belleza inicial de todo lo creado. Estamos hechos desde la belleza, para la belleza imperecedera que no pasa. Nuestro corazón lo desea y lo busca… Una llamada que nos «empuja» a lo alto.

Uno de sus primeros relatos

Uno de sus primeros poemas fue «El viaje de Eärendel, la Estrella Vespertina». Sería la base para desplegar mundos e historias donde se pudieran decir palabras hermosas en un ambiente adecuado… Lo escribía por el año 1914, y narra el viaje por el cielo de un marinero: «Eärendel se precipitó desde la copa del Océano»… Luego tendrá más versiones, y «crecerá», en base a los lenguajes inventados, según lo va trabajando. Y de ahí surgirá mucho más tarde la luz de Eärendil, la más preciada Estrella…, que recoge la Dama Galadriel en la redoma de cristal, para regalar al Portador del Anillo en su viaje a las «Grietas del Destino». Que le ilumine en los lugares pavorosos cuando las otras luces se hayan extinguido.

Volviendo hacia atrás en el tiempo, es lo que se propusieron un grupo de amigos de la Escuela de Birmingham, el T. C., B. S., (Tea Club and Barrovian Society), antes de la Gran Guerra de 1914: iluminar este mundo. Y algo que llevó a cabo Tolkien, pues dos de ellos, sus muy queridos G. B. Smith y R. Wilson, murieron en ella. Sólo sobreviviría Christopher Wiseman, que quedó muy afectado.

Más tarde, en el ambiente de la Universidad de Oxford, haría algo semejante con su gran amigo C.S. Lewis, crearían el grupo literario de los Inklings. Serán buenos amigos, y entre ellos se rescatan de tanto sufrimiento de la Guerra y la muerte. Lewis fue quien le alentaba en todo momento en lo que iba «alumbrando» de su creación, pues percibía su grandeza y singularidad. Él en cambio escribiría otras historias sobre viajes en el tiempo y el espacio. Y más adelante, cuando llega a comprender con hondura la realidad iluminadora del mito, y la trascendencia del «Mito» con mayúsculas, gracias a sus amigos, se le revelará un horizonte impresionante y rebosarán de su corazón Las Crónicas de Narnia, en clave alegórica.

Para acabar, te vuelvo a recomendar el libro «el mago de las palabras», del doctor Eduardo Segura, del que tanto se aprende, así como «JRR Tolkien: Cuentos de Hadas», más profundo, de J.M. Odero, pionero en el estudio de Tolkien.

María José Calvo

Soy Mª José, Médico de familia. Estudié en la Universidad de Navarra, y allí conocí a mi marido. Pronto la familia suscitó un gran interés en mi. Tuve la suerte de conocer y formarme con grandes pedagogos, entre ellos el Profesor Oliveros F. Otero, uno de los fundadores del Instituto de Ciencias de la Educación de la Universidad de Navarra. También hice diplomados en Orientación Familiar en Madrid, en IPAO, con grandes profesionales y amigos, y un Asesoramiento familiar con Edufamilia. Hace tiempo comencé la aventura de escribir para compartir tantas cosas que tenía en mi cabeza y en mi corazón, e iba haciendo vida en mi propia familia, a la vez que escribía en la Revista Hacer Familia, de Palabra. Pinceladas sobre la familia, el amor de pareja, y el arte de educar, con una mirada antropológica humanística, basada en la ciencia, la biología, la medicina… Asimismo, colaboro con otras revistas y diversas webs. En familia creamos un ambiente de confianza y libertad, donde se construye y re-construye cada persona, y donde se quiere a los demás de forma natural. Y ese ambiente va humanizando nuestro entorno. Aquí me tienes: optimistaseducando.blogspot.com.es