Imaginación y Ceatividad en Tolkien
El poder de la subcreación y la fantasía como reflejo de la verdad y los anhelos del corazón humano
La imaginación, y la creatividad, son capacidades innatas propia del ser humano, que conecta con los anhelos del corazón. Le permite conocerse, soñar, pensar metas atrayentes, resolver situaciones…, hasta crear belleza: una obra de arte, en los diversos campos del ser y del saber, según los talentos singulares de cada persona.
La imaginación posee una potencia creadora, permite desplegar belleza. Y es algo que se puede potenciar y desarrollar. Todas las características personales que nos han sido dadas son un don y a la vez una tarea; son un regalo, gratuito, que agradecer, desarrollar y hacer crecer.
Esta facultad conlleva una capacidad de conocimiento, distinta de la razón, quizá más intuitiva, directa al corazón. Así lo creía J.H. Newman. Al combinar elementos, como hace J.R.R. Tolkien, C.S. Lewis… se construyen ideas nuevas, creativas, conceptos refrescantes, en los distintos ámbitos.
Tolkien, buen filólogo y lingüista, profesor universitario, amante de las palabras, literalmente, fue tan especial que, a través de ellas, creó una mitología espectacular en pleno siglo XX. Como él expresa, «subcreó« un tapiz lleno de historias épicas, leyendas y relatos conmovedores, creados desde el poder de la palabra, que puede desplegar mundos posibles, deseables, donde el corazón descansa, se sosiega y disfruta. Porque, nuestra mente está diseñada para los relatos: el hombre es el ser que cuenta historias. De ese modo nos conocemos mejor, y conocemos nuestra historia y raíces.

Él era consciente de que «un solo sueño es más poderoso que mil realidades»… Y empezó todo en medio de los horrores de la Gran Guerra.
Sabía que la fantasía ayuda a «recuperar la belleza inicial del mundo creado», y en ella se halla una completa libertad y satisfacción. Posee una función «mágica», y en manos de un artista tienen el poder de alegrar y entusiasmar. Esa es su función, dice el Profesor. Explica algo de su «magia» creativa en el ensayo «Sobre los Cuentos de Hadas», en el libro Árbol y Hoja.
Sin embargo, fantasía y razón no están contrapuestas, sino que, «cuanto más aguda y clara es la razón, mejores fantasías producirá«…, explica en este ensayo. La razón contacta y parte de la realidad. Los cuentos poseen una mezcla de realidad y de ficción… Y la fantasía se basa en «un conocimiento de los hechos, pero no sobre la esclavitud de los hechos«… Va más allá, la trasciende y eleva.
Es decir, quería narrar cuentos que entusiasmen. Además, «sublimado por el encanto de la lejanía en el tiempo»… dirá en una de sus Cartas del epistolario: la 183.

Y a partir de lo real crea, levanta todo un universo: crea un mundo de leyendas e historias…, como decía, desde el poder de las palabras, su fonética y significado, y la lingüística: los muchos idiomas que conoce tan bien, y los que inventa, para desplegar esos «mundos secundarios» conmovedores, hermosos, aunque terribles en ocasiones, como sucede en el mundo real. Porque, «la alegría, lo mismo que la tristeza, son afiladas como espadas”…
Mundos emocionantes…, reflejo del mundo creado, que a su vez iluminan nuestro universo con su luz mítica, pues están «hechos» de verdad. Por eso son como espejos luminosos donde mirarse y contemplar nuestra realidad. Te lo contaba en el espejo de Galadriel.
Para Tolkien, «inventar» es descubrir algo que ya estaba, quizá velado, mediante la «varita mágica» de la palabra, y la capacidad de combinar conceptos de su arte tan singular.
Este creador de mundos posee una mirada trasfiguradora. Mira, y ve más allá, con más hondura y maravilla. Construye alternativas de la realidad mediante el poder de las palabras, y el adjetivo, que tan bien maneja. Es un «subcreador», a imagen del Creador.

En su poema Mitopoeia, recogido en el libro Árbol y Hoja, habla sobre el arte de crear historias y relatos, y escribe: «Aún creamos según la ley en la que fuimos creados».
Y la forma de responder a ese don maravilloso, es la creación personal: el arte, la belleza de lo que cada uno pueda hacer con sus talentos, unido al agradecimiento ante ese don regalado.
El hombre es “subcreador», a imagen del Creador, y se le ha dado el poder y el «derecho» de narrar y «subcrear» historias, relatos, mitos, imágenes, música… etc. Así como el poder de re-cordar, cerca del corazón, rememorar, y traer al presente, leyendas y tradiciones, actualizando la sabiduría valiosa atesorada en el tiempo: la tradición -es decir, la entrega-.
Es más, la obra artística del Profesor es como un prisma que refleja su belleza en mil matices, y ese arte nos llega cada uno de una forma distinta y singular, según nuestra forma de ser, experiencias, anhelos. Una maravilla con mil aspectos que descubrir y redescubrir.
Porque: «Venimos de Dios, e inevitablemente los mitos que tejemos, aunque contienen errores, reflejan también un astillado fragmento de la luz verdadera, la eterna verdad de Dios», que percibimos en tantos matices que reverberan en cada lector…

Escribe en otro fragmento del poema Mitopoeia:
«El corazón del hombre no está hecho de engaños… (…)
hombre, subcreador, luz refractada
a través del cual se separa en fragmentos de Blanco
de numerosos matices que se continúan sin fin
en formas vivas que van de mente en mente».
Como muestra de su arte, unas pequeñas citas de El Señor de los Anillos, Las Dos Torres, Ed. Minotauro, con la ilusión de que te animes a leerlo con calma, disfrutando, incluso en voz alta.
«Alrededor, fluía el hilo plateado de un arrollo que salía del valle; sobre la cumbre, todavía muy lejos, vieron un reflejo del sol naciente, un resplandor de oro.» Casi se puede percibir esos matices y frescura del arrollo…, el colorido del sol, naciente…
Y, cuando el Rey Théoden parte de la Puerta de Helm, dice: «La luz crecía alrededor. Los rayos del sol encendían las colinas orientales y centelleaban las lanzas. Los jinetes, inmóviles y silenciosos, contemplaron largamente el Valle del Bajo.»
La luz es importante en Tolkien, pues «es símbolo privilegiado de la naturaleza del universo, de su ser, de su verdad, de su belleza», dice el experto y pionero en el estudio de su obra, José Miguel Odero.

Como se ve, la imaginación en Tolkien es una capacidad muy relevante y poderosa para el propio conocimiento, y para crear belleza: el esplendor de la verdad y del bien. No es algo a menospreciar sino que cultivar.
Aunque, dice el Profesor: «Se puede, claro, cometer excesos con la Fantasía. Se la puede utilizar mal. Se la puede aplicar a fines perversos. Puede, incluso, confundir las mentes de las que procede. Pero ¿de qué empresa humana en este mundo caído no se diría otro tanto?»… Sin embargo, «sigue siendo un derecho humano».
A este respecto, apunta Odero: «Es un «derecho» desde lo más profundo del ser humano, «que no es sólo naturaleza, y revela así un interés por la eternidad«.
Pues, en otro pasaje de Mitopoeia:
«El corazón del hombre no está hecho de engaños,
y obtiene sabiduría del único que es Sabio,
y todavía lo invoca. Aunque ahora exiliado,
el hombre no se ha perdido ni del todo ha cambiado.
Quizá conozca la des-gracia, pero no ha sido destronado,
y aún lleva los harapos de su señorío,
el dominio del mundo por medio de actos creativos:
y nunca adora al Gran Artefacto»…
El Legendarium de la Tierra Media Y Beleriand contiene pinceladas espléndidas de la naturaleza, y hasta de lo sobrenatural, aunque queda implícito o latente, y por ello rezuma belleza y encanto, y apunta a los deseos y anhelos del corazón humano de belleza, infinito y armonía…
Para acabar, te vuelvo a recomendar el libro «el mago de las palabras», así como «Historia, Leyenda, Mito», del doctor Eduardo Segura, del que tanto se aprende, con agradecimiento. Y otro librito profundo: «JRR Tolkien: Cuentos de Hadas», de J.M. Odero, reeditado recientemente.

(EN)
(ES)
(IT)
