01 julio, 2026

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¿Y si el primer celular de la historia hubiera nacido de una fuga de gas?

El Big Bang, el orden del cosmos y la lógica detrás del "Hágase la luz"

¿Y si el primer celular de la historia hubiera nacido de una fuga de gas?

Todos llegamos a una cierta edad en la que, en alguna clase del colegio, nos explican el origen del universo a través de una gran explosión: el Big Bang. La astronomía lo demuestra y la Iglesia lo asume; sabemos que el universo sigue en expansión y que aquel estallido inicial continúa resonando. Sin embargo, aceptar el hecho de la explosión no significa aceptar conclusiones que desafían la lógica más elemental. Pensar que «la nada» estalló por sí sola es, sencillamente, irracional. La nada no puede estallar.

Si nos detenemos a reflexionar sobre la teoría del Big Bang de forma puramente material, surgen de inmediato tres preguntas fundamentales: ¿Qué fue exactamente lo que estalló? ¿Quién lo provocó? Y, sobre todo, ¿por qué de un estallido caótico habría de surgir la perfección?

El absurdo del orden espontáneo

Imaginemos por un momento que la fuga en el tanque de gas de una vecina provoca una tremenda explosión y que, al disiparse el humo, encontramos sobre los escombros el último modelo de teléfono celular. Un aparato con su pantalla de cristal, circuitos perfectos, engranajes diminutos y un centenar de aplicaciones funcionando. Cualquier persona cuerda diría que es un absurdo. Un objeto así requiere de años de estudio, pruebas, diseño, ensayo y error. Nada complejo se hace solo.

Si un simple teléfono celular no puede nacer del caos de una explosión, ¿cómo podemos pretender que el universo entero lo hizo?

Miremos a nuestro alrededor: los planetas, las estrellas y las galaxias giran en una danza perfecta sin chocar entre sí. El Sol se encuentra a la distancia exacta para que podamos vivir sin congelarnos ni salir ardiendo. Tenemos agua para subsistir y aire gratis para respirar. Nada en este engranaje es fruto del azar. Una explosión convencional destruye y desorganiza; sin embargo, el Big Bang dejó a su paso orden, belleza, diversidad y continuidad.

«Nosotros no creamos; nosotros descubrimos, inventamos y colaboramos con la creación de Dios.»

De la explosión a la perfección de la vida

La naturaleza es un misterio rebosante de lógica y belleza. Resulta fascinante ver cómo de esa supuesta «nada» surge una ballena que alimenta a su cría y le enseña a nadar, o un pequeño colibrí que sale de un huevo diminuto y, sin que nadie le dé instrucciones detalladas, empieza a batir sus alas a una velocidad impresionante. El diseño del mundo es perfecto incluso en su geografía dinámica: los terremotos o las erupciones muevo-geológicas no son imperfecciones, sino el movimiento natural de un mundo que se sigue acomodando, un diseño que además ha desafiado y estimulado la inteligencia humana para aprender, construir y evolucionar.

Es fácil resumir la evolución diciendo que hace 500 millones de años unos pequeños animales acuáticos salieron del agua, les crecieron patas y dieron origen a miles de especies. Pero asumir que todo eso se reguló de forma autónoma —que los animales aprendieron solos a respirar, a comer y a reproducirse en parejas perfectas— requiere mucha más fe que creer en un creador.

El Big Bang existió, sí, pero no como un accidente fortuito de la materia. El Big Bang es, en una sola palabra, el «Hágase la luz» con el que Dios dio inicio a la historia.

El misterio del amor y la inteligencia humana

Existe un último factor que una explosión de materia jamás podría explicar: la aparición de las virtudes humanas.

En el reino animal reina el instinto. Un león puede expulsar a sus propias crías de la manada por pura supervivencia, y una perrita olvida a sus cachorros al cabo de un par de meses. El ser humano, en cambio, es guiado por el amor, los sentimientos y una inteligencia que trasciende las barreras biológicas. No tenemos las alas de un ave, pero inventamos aviones; no poseemos la vista de un águila, pero construimos telescopios capaces de observar galaxias lejanas.

De un estallido ciego de gases y masa no pueden nacer la paciencia, la bondad, el arte o el amor. Al final, resulta mucho más fácil, lógico y razonable creer en la existencia de Dios que creer que la belleza y la conciencia humana nacieron de una maravillosa pero accidental explosión.

P Angel Espinosa de los Monteros

El Padre Ángel Espinosa de los Monteros ha impartido más de 4,000 conferencias sobre matrimonio, valores familiares y espiritualidad en diferentes ciudades de México, Estados Unidos, Francia, Italia, España y Sudamérica. Ha atendido a cientos de matrimonios ofreciendo consejos y programas de crecimiento conyugal y familiar. Es autor del libro «El anillo es para siempre», traducido a diferentes lenguas y a partir de las cuales ha dictado más de 20 títulos de conferencias. Actualmente se dedica de tiempo completo a impartir conferencias y renovaciones matrimoniales en 20 países del mundo.