07 agosto, 2026

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León XIV frente al capitalismo y la justicia con los hermanos migrantes

Propuesta de caridad política a la luz de la Doctrina Social de la Iglesia y el destino universal de los bienes

León XIV frente al capitalismo y la justicia con los hermanos migrantes

Como es sabido, una clave central del actual papa es la difusión y puesta en practica de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), que es una dimensión constitutiva de la fe, de la misión y de la imprescindible vida moral. En este sentido, como ha mostrado esta DSI desde el principio con los Papas como San Pablo VI (PP 44) y San Juan Pablo II (CA 46) o el mismo Francisco (EG 204), León XIV continúa con su magisterio en Dilexi te (DT 92 y 114) o Magnifica humanitas (MH 163 y 201): la crítica y deslegitimación ética del capitalismo e ideología del liberalismo economicista o neoliberalismo; como hace, igualmente, frente al comunismo colectivista o colectivismo.

Efectivamente, en continuidad asimismo con el magisterio de Benedicto XVI (CV 36), León XIV no admite esa ideología pseudocientífica, conocida también como “teoría del derrame”. Esto es, el fundamentalismo del libre mercado que, rechazando toda regulación ética y política, con su acumulación derramará automática y seguramente un supuesto progreso o bienestar. Tanto la misma ciencia social y económica junto a la realidad histórica, como la DSI, se encargan de desmentir este totalitarismo mercantilista y antropología no verdadera, con esta falsa libertad sin vida (justicia) social, sin moral solidaria ni valores o principios, etc.

Al contrario, esta DSI con los Papas como el actual muestra que el capitalismo real y su ideología neoliberal: es la causa principal de toda esta desigualdad e injusticia en forma de empobrecimiento creciente, a su vez, factor primero que empuja a los hermanos migrantes el tener que buscar una vida y futuro con más dignidad. De ahí que los pueblos, las sociedades civiles y las naciones-estados han de controlar el mercado, la economía, la propiedad y las finanzas para que estén al servicio de la vida, de la dignidad, del bien común más universal, de la justicia social con los pobres y del desarrollo humano, ecológico e integral (MH 59, 77-81).

En esta línea, contra el capitalismo, para la DSI con León XIV el destino universal de los bienes siempre tiene la prioridad sobre la propiedad (MH 66), el trabajo con un salario justo está antes que el capital (DT 87, MH 148-156). Un sistema fiscal con equidad, donde los que más tienen con sus impuestos contribuyan en mayor medida a este bien común con su destino universal de los bienes (MH 162-164), por encima del libre mercado que no esté orientado por esta justicia social. Y, como base de todo ello, la santidad que se realiza en la caridad (amor fraterno) con la pobreza evangélica (espiritual), como iglesia pobre con los pobres. Es decir, siguiendo al Jesús humilde y pobre, la comunión de vida, de bienes y acción solidaria por la justicia con los pobres de la tierra, como son nuestros hermanos migrantes. Frente al pecado del egoísmo e individualismo insolidario con sus ídolos de la riqueza-ser rico, del poder y la violencia (DT, cap. III; MH 243-245).

Por ello, inspirado en el Evangelio de Jesús que nos transmite esta fraternidad y justicia universal, la DSI con Francisco enseña que “el mundo existe para todos, porque todos los seres humanos nacemos en esta tierra con la misma dignidad. Las diferencias de color, religión, capacidades, lugar de nacimiento, lugar de residencia y tantas otras no pueden anteponerse o utilizarse para justificar los privilegios de unos sobre los derechos de todos. Por consiguiente, como comunidad estamos conminados a garantizar que cada persona viva con dignidad y tenga oportunidades adecuadas a su desarrollo integral… Entonces nadie puede quedar excluido, no importa dónde haya nacido, y menos a causa de los privilegios que otros poseen porque nacieron en lugares con mayores posibilidades. Los límites y las fronteras de los Estados no pueden impedir que esto se cumpla. Así como es inaceptable que alguien tenga menos derechos por ser mujer, es igualmente inaceptable que el lugar de nacimiento o de residencia ya de por sí determine menores posibilidades de vida digna y de desarrollo.

La convicción del destino común de los bienes de la tierra hoy requiere que se aplique también a los países, a sus territorios y a sus posibilidades. Si lo miramos no sólo desde la legitimidad de la propiedad privada y de los derechos de los ciudadanos de una determinada nación, sino también desde el primer principio del destino común de los bienes, entonces podemos decir que cada país es asimismo del extranjero, en cuanto los bienes de un territorio no deben ser negados a una persona necesitada que provenga de otro lugar. Porque, como enseñaron los Obispos de los Estados Unidos, hay derechos fundamentales que «preceden a cualquier sociedad porque manan de la dignidad otorgada a cada persona en cuanto creada por Dios»” (FT 118-124).

Como se observa, la DSI con los Papas como León XIV subrayan que debemos ejercer la esencial caridad política que busca la civilización del amor (MH 38) y transformar las causas y pecados personales, culturales, estructurales e históricas de los males, unida a esta justicia liberadora de las injusticias (MH 31 y 79). Como son este no control ético-político del mercado, de la economía y la banca-finanzas, lo que genera esos males y pecados de la especulación financiera, como por ejemplo se hace con los alimentos u otros bienes, y la usura con sus créditos e intereses abusivos (injustos). Y todo ello arruina la vida de los pueblos, de las familias y los pobres.

Para concluir, como afirma León XIV, “un examen decisivo para la justicia social hoy está representado por la condición de los migrantes, de los refugiados y de cuantos son obligados a desplazarse a causa de la pobreza, la violencia, el cambio climático y los desastres naturales. El modo en el cual una sociedad los trata muestra si su idea de justicia está guiada por el miedo o por la fraternidad. El Papa Francisco invitaba a reconocer en los migrantes no simplemente un problema a resolver, sino «una imagen viva del Pueblo de Dios en camino» personas con dignidad, recursos y sueños, que tienen derecho a ser tratadas con respeto y piden la oportunidad de poder formar parte activa de las sociedades que las reciben. La justicia social, en este campo, implica al menos dos compromisos complementarios. Por una parte, proteger el derecho a la esperanza de quien está obligado a partir, garantizándole vías seguras y legales, condiciones de acogida dignas y procesos reales de integración. Por otra, promover también el derecho a permanecer en la propia tierra en paz y seguridad, afrontando las causas profundas que obligan a migrar, incluidas las causas vinculadas a las injusticias económicas y a la crisis climática. Cuando estos derechos son respetados, las migraciones pueden ser una ocasión de encuentro y enriquecimiento mutuo entre los pueblos” (MH 81).

Agustín Ortega

Nacido en Las Palmas de Gran Canaria, España. Agente de Desarrollo Local (ADL), Animación Sociocultural y Habilidades Sociales. trabajador social, experto en Intervención Social Integral y doctor en la rama de Ciencias Sociales (Dpto. de Psicología y Sociología, Formación del profesorado, ULPGC). Ha cursado asimismo los estudios de licenciatura y posgrado-máster en Filosofía (Magister Universitario Cum Laude, IVCH) y Teología (ISTIC), Experto Universitario en Moral (Ética Filosófica y Teológica) y Derecho (UNED), doctor en Humanidades y Teología (Cum Laude, UM). Profesor e investigador en diversas universidades e instituciones académicas latinoamericanas, pontificias, católicas y seminarios mayores diocesanos. Investigador asociado de la Universidad Anáhuac (México). Es miembro de la Sociedad Peruana de Filosofía. Autor de numerosas publicaciones, artículos y libros.