Papa León: ¡Tu es Petrus!
La voz de Cristo urgiendo respuestas
Prontos a celebrar la festividad de los grandes apóstoles San Pedro y San Pablo —un día en el que, de modo especial, los creyentes volvemos los ojos a Roma donde se halla el representante de Cristo— es oportuno recordar que el próximo día 6 de julio se cumplirá un mes de la primera visita de León XIV a nuestro país. Nuestra felicitación y oración va acompañada de la gratitud por la incesante entrega de su vida y la tutela que ejerce sobre todos los católicos a través de su magisterio. Todo ello ha sido constatado por las decenas de miles de personas que se han lanzado a las calles para mostrarle su afecto y las que siguieron su recorrido por las múltiples vías que hoy existen.
Hemos visto y experimentado emociones indescriptibles en los distintos escenarios de un exhaustivo viaje en el que ha enarbolado la bandera del genuino misionero, sembrando las calles con su ternura, dando muestras de sabiduría, de humildad y sencillez. El Pontífice vio, habló, sonrió, tocó el dolor humano, se arrodilló ante el sufrimiento, recordó las bases de la convivencia trayendo a nuestra memoria el riquísimo pasado histórico de España que no se puede olvidar, se hizo niño con los niños, y curó las heridas del drama de la culpa, la soledad, la violencia, abrazó y compartió las lágrimas de los desheredados…
El asombro iluminaba las calles tanto como el cariño. Era el Vicario de Cristo quien nos hablaba. Era Pedro caminando con cada uno de nosotros en una imagen conmovedora y llena de esperanza proyectada al mundo entero a través de las plataformas digitales. Lo reconocimos porque su carisma es único y ante él incluso los alejados de la fe guardan un respetuoso silencio. El bien sepulta todas las inquinas, disuelve los enfrentamientos, y aunque fuese por unos momentos hemos sido testigos de hechos insólitos, como el que tuvo lugar en el hemiciclo del Congreso de los Diputados, donde se escuchó la voz del Papa con independencia de las convicciones particulares de los presentes, que por si fuera poco cerraron su discurso con una histórica ovación.
Cristo, que no deja de mirarnos ni una fracción de segundo, ha fijado sus ojos en cada uno de nosotros a través del Santo Padre. Nos hemos sentidos interpelados por él. Y cuando Pedro habla en nombre de Cristo hay que dar una respuesta. Su venida a España ha sido un signo claro de la misericordia divina con cada uno de nosotros quienes hemos tenido en él un modelo directo de la forma de caminar del Hijo de Dios: cómo se habla, cómo se escucha, cómo se responde, de qué modo y en qué momentos hay que guardar silencio, cuán necesaria es la oración y la recepción de los sacramentos… Hemos sido receptores de su paz, testigos de su prudencia, de su piedad, de la urgencia de la caridad…
Ahora, si es que no se ha hecho todavía, hay que calzarse esas sandalias, y como él mismo afirmó emulando a san Juan Pablo II, no tener miedo de abrir a Cristo las puertas del corazón. Eso no es fácil. Pero no se puede dejar pasar el tiempo sin buscar ese encuentro personal con Él. El estío es una época propicia para olvidarse de ciertos propósitos, especialmente aquellos que exigen un compromiso activo, no teórico. Cuando esa determinación se dilata, poco a poco van desvaneciéndose las buenas intenciones y los afanes menos exigentes regresan ocupando ese lugar central de nuestra vida que debería ser ante todo de Cristo.
Más allá del recuerdo tenemos sus palabras recogidas oportunamente y puestas a merced de quienes deseen profundizar en ellas, llevarlas a la oración y ponerlas en práctica. Al igual que sucede con los pasajes del evangelio cada persona habrá experimentado una profunda sacudida en su fe en alguno de esos momentos particulares que se han vivido: la vigilia de los jóvenes en la Plaza de Lima, la celebración de la Santa Misa del Corpus Christi en Cibeles, la de la Sagrada Familia en Barcelona, el rezo del Rosario en Montserrat, los eventos del Movistar Arena y el Estadio Santiago Bernabeu en Madrid, así como el de del Estadi Olímpic Lluís Companys de Montjuic (Barcelona), sus encuentros con las realidades de las personas más vulnerables, y otros.
Cada cual, viendo zozobrar más o menos su barca, ha tenido la oportunidad de ver apaciguadas las aguas turbulentas que la zarandeaban por el Vicario de Cristo. No dejemos pasar de largo tanta gracia. Seamos «protagonistas y transformadores de la sociedad»; mostremos el amor a nuestras familias siendo artífices de perdón; busquemos siempre la verdad que es Dios; fomentemos la cultura del encuentro; no nos alimentemos de emociones: Que nuestra religiosidad «no sea un museo del pasado que visitar, sino una escuela de fe de la que beber también hoy »; no olvidemos que nuestra lengua, como dice el Evangelio (Santiago 3:6), puede hacer el bien y el mal. No hay «neutralidad» en la comunicación; que nadie nos engañe: «Toda expresión habla, transmite; puede herir o sanar, destruir expectativas o abrir horizontes»…
Son algunas de las reflexiones e indicaciones del Vicario de Cristo que hemos de tener en cuenta. Seamos el eco de su voz. Poseemos todos los «instrumentos» para hacer germinar las bendiciones que hemos recibido: lectura del Evangelio, Santa Misa, oración… Todo ello apenas ocupará un latido de nuestro quehacer, enriquecerá nuestra vida y la de quienes nos rodean. ¡Gracias querido papa León XIV!
¡Felices y santas vacaciones para todos!

Related
Cuando la fe deja de preguntar y empieza a caminar: El mapa de la esperanza activa
Patricia Jiménez Ramírez
26 junio, 2026
4 min
El mármol que no pesa: por qué la Piedad de Miguel Ángel sigue siendo el mayor consuelo del alma católica
Sonia Clara del Campo
26 junio, 2026
6 min
El arte de estar juntos en vacaciones: Manual del «Cuidado Mutuo» (según San Juan Pablo II)
Laetare
26 junio, 2026
6 min
Sembradores de paz y alegría
Marketing y Servicios
26 junio, 2026
5 min
(EN)
(ES)
(IT)
