Mis experiencias con la doctrina social
Apuntes desde Magnifica Humanitas
El papa León XIV nos ha regalado su tan esperada y significativa primera encíclica, Magnifica humanitas (MH), que transmite, actualiza y profundiza todo ese verdadero humanismo ético y espiritual (integral), que es la doctrina social de la iglesia (DSI). Como es sabido, ya se ha convertido en un tópico decir que la DSI es un tesoro desconocido de la fe y es que, muchas veces sucede, se oculta y hasta es manipulada de forma partidista e ideológica.
Desde más joven, hace ya muchos años, comencé a apasionarme por la DSI , por toda esta constitutiva dimensión social y moral de la fe, de la misión y de la misma teología. Ello me llevó a realizar mis estudios e investigación de doctorado en ciencias sociales, mi posgrado en ciencias morales, mi doctorado en humanidades y teología junto a mi trabajo de profesor e investigador universitario: donde trato de transmitir todo este pensamiento social, ético y la misma DSI.
Especialmente- y lo más importante- en mi experiencia de fe y misión por diversos lugares , como es mi querida Hispanoamérica, he visto encarnada esta DSI en tantos santos y testimonios de la fe e iglesia que son pioneros, adelantados y verdaderos testigos de esta DSI. Lo afirma muy bien León XIV, ya que “lo que hoy llamamos DSI no surge de improviso en la era contemporánea, sino que recoge y organiza una larga tradición de reflexión eclesial sobre la vida social, que hunde sus raíces en la Sagrada Escritura, en los padres de la iglesia y en las elaboraciones teológicas o jurídicas de la Edad Media y la Edad Moderna” (MH 29).
Así es, recogiendo toda esta Tradición y magisterio, que cristaliza en ese acontecimiento clave y eje como es el Concilio Vaticano II (MH 34), tuve el regalo y la alegría de formarme en la escuela de los movimientos apostólicos obreros como la HOAC en España con Rovirosa, Merino, Malagón y, particularmente en mi caso personal, con J. Gómez del Castillo al que tanto debo. Ellos, junto a lo más valioso del pensamiento y teología, van generando e impulsado este legado conciliar con claves de la DSI, que conforman transversalmente y apunta MH. Como son la espiritualidad y teología de la encarnación trinitaria con la Revelación en Cristo, el Reino de Dios que nos trae y su justicia liberadora, la Gracia y su mandamiento nuevo del amor, frente al pecado con sus constitutivas dimensiones sociales o públicas; la caridad política que se confronta de forma transformadora con las estructuras (socio-históricas) de pecado, la opción con los pobres como sujetos protagonistas de su promoción liberadora e integral, el método de la DSI (ver-juzgar-actuar), esa cuestión social central que es el trabajo….
Todo ello, en una interrelación compleja y fecunda, se va remarcando o profundizando en la teología y espiritualidad e iglesia en América Latina, con sus santos, mártires como por ejemplo San Oscar Mons. Romero (MH 25), sus Conferencias como Medellín, Puebla… hasta llegar a Aparecida. La fe y comunidades eclesiales latinoamericanas en esa relación con las andinas e indígenas, con los movimientos populares, de campesinos, de trabajadores, etc. que buscan las 3 T, tierra, techo y trabajo.
De suyo, en nuestra experiencia de todos estos santos y movimientos o comunidades de la iglesia, se va comunicando la verdad con sus valores y principios de la DSI que han de orientar: la vida económica, política, educativa, cultural y científico-técnica; las nuevas tecnologías de la comunicación e información, el mundo digital, las redes, la inteligencia artificial (IA), los datos, algoritmos, etc.
Aquí, asimismo, están las bases antropológicas (e inspiradas en la fe) de la DSI. Tales como la sagrada e inviolable vida y dignidad del ser humano, imagen e hijo de Dios y presencia (sacramento, especialmente los pobres o víctimas) de Cristo (MH 77), a cuyo servicio está toda esta realidad social e histórica. De ahí, igualmente, la bioética global que se conforma en la DSI y su ecología integral, con ese respeto y protección del primer derecho que es la vida en todas sus fases, desde su inicio con la concepción hasta la muerte natural, y dimensiones o aspectos (MH 55). En esta línea, hay que proteger e impulsar la realidad del matrimonio, ese amor fiel del hombre con la mujer abierto a la vida, a los hijos, a la vida social, a la socialización y virtudes cívicas para fomentar la responsabilidad en la realidad publica e histórica. La familia es la célula y base de la vida humana, social y del desarrollo humano integral
El ser humano tiene unas constitutivas dimensiones personales, de libertad y sociales que, unidas al principio de subsidiariedad, llevan a que toda persona sea sujeto y protagonista de la política, de la economía, de la cultura, de la educación y tecnología e IA que deben servir a sus necesidades, a sus capacidades y al desarrollo integral. Frente a todo paternalismo o asistencialismo y elitismo, las personas, los pueblos y los pobres son los protagonistas y gestores principales de toda esta vida social, publica, política, económica y cultural (MH 70).
En este sentido, esta verdad de la inherente naturaleza humana, moral y sociable de la persona (MH 56) expresa otro valor o principio innegociable junto al de la vida y del matrimonio, como es el bien común (MH 59) que es la finalidad de la vida política. Esto es, inseparable de ese otro principio como es la solidaridad, que se responsabiliza permanentemente por el bien de todos y cada uno de los seres humanos, con esas condiciones sociales e históricas que posibiliten la perfección, el desarrollo integral y los derechos de cada ser humano. Y que se manifiesta singularmente en el estado social de derecho, con sus pilares del trabajo decente, de una fiscalidad justa donde aporten más los que mayores bienes tienen y unas políticas publicas, que aseguren la universalidad y calidad de estos derechos. Como son la educación, la cultura, el conocimiento, la tecnología e IA, la sanidad, la salud integral, la vivienda, e infraestructuras de todo tipo (MH 162).
He aquí un estado de justicia social, otro valor o principio irrenunciable de la DSI (MH 77-81), que debe controlar el mercado, regular desde el principio toda la vida económica. Y que se realice el principio rector que ha de guiar a la economía, el principio del destino universal de los bienes dados por Dios para toda la humanidad, verdad y derecho natural por encima del secundario de la propiedad privada (MH 66). La propiedad tiene un intrínseco carácter social y solidario que contribuye a la justicia social, para una equidad en el reparto de todo tipo de bienes materiales e inmateriales como la información, el conocimiento, la tecnología, los datos y demás realidades asociadas a la IA.
En esta dirección, la clave del trabajo (MH 148-156), la dignidad de la personas trabajadora con sus derechos como es un salario justo para ella y toda su familia, que está por encima del capital, del beneficio, de la productividad y competitividad. Ninguna técnica o tecnología, como es la IA, puede ir en contra del trabajo humano y decente ni sustituirlo por nada del mundo, sino que está al servicio del sujeto y dignidad del trabajador. Igualmente, frente a la usura y la especulación financiera-bancaria dominante, la verdadera banca y finanzas éticas con sus créditos justos sirven a la economía real, al trabajo justo y al desarrollo integral ( MH 160).
Se observa pues que ninguna realidad, como es la economía o la técnica e IA, es neutra (MH 9 y 41). Y si no están orientada por todos estos valores o principios, como sucede en la actualidad, cae en la “tecnocracia” y sus idolatrías del capital, del lucro, de esta especulación, del poder, de las guerras y violencias para imponer toda esta desigualdad e injusticia cada vez mayor (MH 161). En oposición a todo ello, la DSI con su esencial caridad política busca la civilización del amor (MH 38), la paz y la ecología integral, en contra de cualquier destrucción y guerra-que ya nunca es justa (MH 192)-, pretende liberarnos integralmente del pecado y sus estructuras (MH 31 y 79). Tal como son todas estas desigualdades e injusticia mundiales que, a su vez, causan el que las personas se vean obligadas a migrar en busca de más dignidad y un futuro mejor (MH 81).
En conclusión, habitados por el Espíritu y siguiendo al Dios encarnado Jesús como María, frente a Babel hay que seguir promoviendo la ciudad de Dios, la historia de la salvación; cuya entraña es el Dios Trinidad, principio y modelo de comunión, solidaridad, de justicia y educación (MH 88 y 147). Esa comunión de fe, de esperanza, de caridad misericordiosa, de vida, de humildad, de pobreza espiritual, de bienes y acción por la justicia con los pobres que nos va liberando del pecado e idolatrías de la riqueza-ser rico, del poder y la violencia (MH 243-245).

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