El Papa León XIV en Duala: un llamado urgente contra el hambre y la pobreza en el corazón económico de Camerún
“Si compartimos el pan, hay para todos”: el mensaje del Pontífice que conmovió a 120.000 personas en plena riqueza natural y escasez humana
Duala, la vibrante capital económica de Camerún, se convirtió este 17 de abril de 2026 en escenario de un momento cargado de esperanza y desafío. A solo una hora de avión desde Yaundé, el Papa León XIV aterrizó para presidir una multitudinaria Santa Misa y recordar una verdad tan antigua como actual: en un país bendecido por riquezas naturales, el hambre no es un destino inevitable, sino una herida que se cura con generosidad y justicia.
La explanada frente al estadio Japoma acogió a cerca de 120.000 fieles rebosantes de alegría, color y ese calor humano tan característico de África. Aunque las expectativas iniciales hablaban de más de 500.000 personas, problemas organizativos redujeron la cifra, pero no el entusiasmo. Vestidos tradicionales llenos de color, sonrisas y un entusiasmo contagioso marcaron la jornada, incluso bajo un calor intenso.
Inspirándose en la multiplicación de los panes y los peces, el Papa fue directo al grano: “Si la comida se comparte, si no se derrocha, si nadie se llena delante de quien no tiene nada, hay pan suficiente para todos”. Un mensaje claro y sin rodeos contra el despilfarro y la indiferencia, en un país donde, pese a sus recursos, un 27% de la población vive en pobreza y millones sufren hambre cada día.
Pero el Pontífice no se quedó solo en lo material. Dirigiéndose especialmente a los jóvenes cameruneses, les pidió no perder la esperanza en una nación “rica en teoría, pero pobre en la realidad”. Les habló de la falta de confianza en el futuro, de la tentación de la migración y de la necesidad de que los creyentes sean pan tanto físico como espiritual para los demás. Recordó a los primeros cristianos, que anunciaban el Evangelio en medio de persecuciones, y animó a los católicos de hoy a tener el mismo valor: defender los valores del Evangelio para construir un mundo más justo, más pacífico y más fraterno.
“Los creyentes tienen que ser los que den de comer a otros”, insistió, subrayando que la fe no puede quedarse en lo privado cuando hay tanto sufrimiento a la vista.
Tras la Misa, el Papa realizó una visita privada a un hospital católico. Aunque no fue pública, las imágenes que trascendieron muestran esos momentos de cercanía, empatía y conmoción que definen su pontificado: un pontífice arrodillado ante el dolor ajeno, ofreciendo consuelo a enfermos que muchas veces carecen incluso de lo básico. Para quienes lo recibieron, fue un tesoro inolvidable.
De vuelta en Yaundé, León XIV adelantó su agenda para visitar la Universidad Católica de África Central. Allí se dirigió a estudiantes y profesores, muchos de los cuales serán mañana líderes económicos, sociales y políticos del país. Les pidió poner sus talentos al servicio de África entera: por un futuro más humano, con más igualdad y oportunidades, para que los jóvenes no se vean obligados a emigrar en busca de un porvenir que deberían construir en casa.
No evitó temas actuales: advirtió sobre los riesgos de la inteligencia artificial, que puede distorsionar la realidad si no se maneja con prudencia, aunque reconoció sus potenciales beneficios.
El día tuvo también un instante tierno y revelador: durante la visita a un orfanato el día anterior, una niña corrió hacia el Papa, que se agachó casi arrodillándose para abrazarla. Una imagen sencilla, pero que dice mucho de la personalidad de León XIV: cercana, paternal, capaz de detenerse ante lo pequeño.
Mañana, 18 de abril, el Papa se despedirá de Camerún con una tercera Misa en el aeropuerto de Yaundé (un gesto inédito, ya que ha privilegiado la celebración eucarística en sus tres días aquí, en un país donde los católicos representan alrededor del 27-28%). Después volará hacia Angola, tercera etapa de esta gira africana.
En resumen, la jornada en Duala dejó un mensaje central: ante la paradoja de un continente rico y pueblos pobres, la solución pasa por compartir, por la fraternidad y por el coraje de vivir el Evangelio sin miedo. Un llamado que resuena fuerte en Camerún y que, seguramente, seguirá resonando en todo el continente.

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