24 julio, 2026

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Una nueva era del “pan y circo”

Fabricar la distracción para mantener el poder es un recurso de todos los neopopulismos

Una nueva era del “pan y circo”

Hace casi dos mil años, el poeta romano Décimo Junio Juvenal escribió una frase destinada a sobrevivir al Imperio que la inspiró: “panem et circenses”, “pan y circo”. En su Sátira X denunciaba cómo una ciudadanía que había sido protagonista de la vida pública había terminado renunciando a su libertad política a cambio de alimento y entretenimiento. El pueblo ya no exigía gobernantes virtuosos, instituciones justas o responsabilidad pública; le bastaban el trigo gratuito y los espectáculos del circo.

Juvenal identificó uno de los mecanismos más eficaces del poder: cuando los ciudadanos dejan de pensar en el bien común y solo esperan gratificaciones inmediatas, gobernarlos resulta mucho más fácil. No hace falta persuadir; basta con distraer.

Han pasado veinte siglos, pero la estrategia continúa vigente. Hoy el “circo” ya no se celebra necesariamente en el Coliseo. Puede transmitirse en horario estelar, viralizarse en redes sociales o convertirse en una interminable sucesión de distractores para monopolizar la conversación pública, mientras los problemas de fondo permanecen intactos. El entretenimiento sustituye al debate; el escándalo reemplaza a la legítima preocupación ciudadana; la emoción lúdica desplaza a la razón crítica.

Nuestro tiempo ha inventado un nuevo vocabulario para describir estas formas de distracción. El “sportswashing” utiliza grandes eventos deportivos para mejorar la imagen internacional de regímenes cuestionados por violaciones a los derechos humanos. El “greenwashing” reviste de lenguaje ecológico a instituciones cuyas prácticas, en lo oculto, siguen siendo profundamente contaminantes. El “pinkwashing” convierte la inclusión y la diversidad en herramientas de mercadotecnia buscando que el consumidor sea más “trendy” que reflexivo en lo que respecta a la naturaleza real de los derechos humanos. El “artwashing” financia actividades culturales “del pueblo y para el pueblo” para adquirir prestigio social mientras se desvían las miradas de la corrupción, la superficialidad o el abuso de poder.

Todos estos fenómenos obedecen a una misma lógica: construir una narrativa atractiva para impedir que la sociedad observe la realidad. El problema no consiste únicamente en mentir; consiste en lograr que nadie tenga tiempo de preguntar.

El filósofo Byung-Chul Han ha llevado esta reflexión un paso más allá. En “Psicopolítica: Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder” (Herder 2014) e “Infocracia: La digitalización y la crisis de la democracia” (Taurus 2022) sostiene que el “pan y circo” contemporáneo ya no necesita ser organizado exclusivamente por un mesías autócrata. La novedad es que ahora colaboramos voluntariamente con nuestra propia distracción. Nos mantenemos ocupados produciendo contenido, persiguiendo “likes”, reaccionando a tendencias efímeras y consumiendo un flujo infinito de información que rara vez se transforma en conocimiento auténtico.

Esta nueva forma de entretenimiento permanente constituye un extraordinario aliado del neopopulismo autoritario. Una sociedad distraída pierde memoria, capacidad crítica y horizonte histórico. Mientras el ciudadano permanece cautivo del espectáculo, el poder actúa a sus anchas sin más límite que su propia arrogancia.

Rodrigo Guerra López

Doctor en filosofía por la Academia Internacional de Filosofía en el Principado de Liechtenstein; miembro ordinario de la Pontificia Academia para la Vida, de la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales; Secretario de la Pontificia Comisión para América Latina. E-mail: [email protected]