Un aniversario olvidado – Hace 100 años nacía el profesor Jérôme Lejeune
Gran defensor de la vida, demostró la no contradicción entre ciencia y fe
Hay aniversarios que el mundo elige deliberadamente ignorar u olvidar. Uno de ellos es, sin duda, el centenario del nacimiento del Venerable Siervo de Dios Jérôme Lejeune, médico y genetista francés que descubrió que los niños con síndrome de Down tienen un cromosoma extra en el par 21 de cromosomas (de ahí el término «trisomía 21»). Tras este descubrimiento inicial, el Dr. Lejeune identificó otras anomalías cromosómicas, ganando una notable fama en la comunidad científica.
Sin embargo, dentro de esa misma comunidad, fue atacado a menudo: su «pecado» era ser un católico practicante, haber demostrado que la ciencia no era incompatible con la fe y haberse opuesto al aborto eugenésico. En 1969, cuando recibió el Premio Allen Memorial en San Francisco, pronunció un discurso en el que instó oficialmente a sus colegas a rechazar la eugenesia y a defender la vida. Después de ese discurso, fue aislado por la comunidad científica internacional. En los años 80, se recortaron los fondos para su investigación y se despidió a sus colaboradores.
A pesar de las presiones y el ostracismo por parte de sus colegas, viajó por el mundo para testimoniar en los medios de comunicación, ante parlamentos y en congresos científicos la belleza y la inviolable dignidad de la vida humana. Recibió innumerables premios y fue nombrado miembro de numerosas academias e instituciones internacionales. En 1964 fue nombrado primer profesor de genética fundamental en la Facultad de Medicina de París y el Papa Pablo VI lo nombró miembro de la Pontificia Academia de las Ciencias en 1974.
Vida privada y compromiso familiar
También vale la pena recordar su vida privada. Nació el 13 de junio de 1926 en Montrouge, cerca de París, en el seno de una familia profundamente católica. En 1944, comenzó sus estudios de medicina en París y obtuvo su doctorado en 1951. Un año después, se casó con Birthe Bringsted, una joven protestante danesa que se convirtió al catolicismo durante su noviazgo.
Tres días antes de la boda, Jérôme envió a Birthe una carta de profundo significado, proponiéndole dedicar su vida a los niños afectados por la trisomía 21 (síndrome de Down):
«Es un objetivo apasionante que requerirá grandes sacrificios, mi querida, pero si aceptas vivir una vida un poco incierta pero justa y sana, basada en esta esperanza, estoy seguro de que lo lograremos. (Digo ‘nosotros’ porque solo si caminas a mi lado, si me ayudas, podré realizar algo).»
Birthe se convirtió no solo en la esposa del doctor Lejeune, sino también en su compañera en la lucha por la vida de los más vulnerables. De su matrimonio nacieron cinco hijos.
La investigación pionera del profesor
Lejeune también condujo al desarrollo de pruebas prenatales para detectar el síndrome de Down en los fetos, muchos de los cuales eran abortados por motivos eugenésicos. El científico condenó este abuso de la ciencia, calificándolo de «racismo cromosómico», y se convirtió en uno de los pocos científicos destacados en Francia en protestar contra el aborto eugenésico.

La relación con Juan Pablo II
Juan Pablo II sentía una gran estima por el profesor Lejeune, a quien había conocido por primera vez en un día muy especial: el 13 de mayo de 1981, pocas horas antes del atentado. El encuentro fue organizado por el conocido periodista italiano Alberto Michelini. El profesor Lejeune, su esposa y Michelini almorzaron con el Papa, tras lo cual discutieron la situación de la Iglesia en Francia. Lejeune citó episodios de hostilidad hacia él, no solo por parte del mundo político sino también desde el interior de la Iglesia. El Papa despidió a sus invitados alrededor de las 15:30, menos de dos horas antes del atentado.
El matrimonio Lejeune se dirigió directamente desde el Vaticano al aeropuerto para regresar a París. Por los relatos de Michelini, sé que la noticia del atentado fue un gran impacto para el profesor: Lejeune se sintió muy mal y tuvo que ser hospitalizado esa misma noche.
En 1986, Juan Pablo II nombró al profesor miembro del Pontificio Consejo para la Pastoral de los Agentes Sanitarios y en 1994 se convirtió en el primer presidente de la Pontificia Academia para la Vida, una institución muy deseada por el Papa, quien dedicó su primera exhortación apostólica, «Familiaris Consortio» (22 de noviembre de 1981), al tema de la familia y de la vida.
El Papa y el científico siguieron siendo amigos por el resto de sus vidas.
Desafortunadamente, Jérôme Lejeune falleció prematuramente a la edad de 68 años en 1994, víctima de un cáncer fulminante. Cuando tres años después Juan Pablo II viajó a Francia para la Jornada Mundial de la Juventud, quiso ir a un pequeño cementerio cerca de París, lugar de sepultura del profesor, para rendir homenaje a su amigo, a pesar de que la visita no había sido programada con anticipación y las autoridades francesas habían desaconsejado esta visita improvisada a Chalo-Saint-Mars.
El legado y el reconocimiento de León XIV
Durante el pontificado de Francisco, en 2021, Lejeune fue proclamado Venerable Siervo de Dios por su profunda fe cristiana y su compasión por los enfermos y los pobres.
Este año se cumple el centenario del nacimiento de este gran científico y verdadero católico: el proceso de beatificación está en curso. Con este motivo, León XIV quiso recibir a una delegación de miembros de la Fundación Jérôme Lejeune. Esta Fundación continúa la obra del científico fallecido prematuramente, financiando la investigación sobre las discapacidades intelectuales genéticas para mejorar la memoria, el lenguaje y las funciones cognitivas de los pacientes.
El Papa destacó la naturaleza sensible de Lejeune, quien llamaba a sus pacientes «los más pobres entre los pobres» y defendía con pasión «la vida y la dignidad de los más débiles». También recordó las palabras del científico, que repitió con afecto:
«La medicina es odio a la enfermedad y amor a los enfermos.»
León XIV, al recordar la implicación del profesor en la Pontificia Academia de las Ciencias y su pertenencia a la Pontificia Academia para la Vida —una institución que Lejeune consideraba esencial «ante las crecientes amenazas a la vida»—, también subrayó que el propio doctor sabía «que su descubrimiento científico sería utilizado para eliminar a las personas con trisomía 21 incluso antes de su nacimiento». Pero no dudó en defenderlas, condenando la violación del Juramento Hipocrático y la nueva eugenesia, que calificó de «racismo cromosómico». Se comprometió a defender la vida de cada ser humano en nombre de su inviolable dignidad, que tiene su origen en el acto creativo di Dios.
Esta batalla le valió duras críticas en la comunidad científica, pero el doctor sabía que «la tecnología puede ser utilizada contra la medicina, que por su propia naturaleza está al servicio de la vida». «Esto es lo que sucede cuando la tecnología escapa a cualquier examen ético significativo y prevalecen los cálculos de eficacia, rentabilidad o utilidad», explicó el Papa.
León XIV alentó a los miembros de la Fundación a continuar la obra iniciada por el Dr. Lejeune en los campos de la investigación, el tratamiento y la defensa incondicional de la persona humana.
“Sed, como él, testigos comprometidos en la sociedad, al servicio de la búsqueda constante del bien común. Este es el primer gran principio de la enseñanza social de la Iglesia, y de la ‘forma social’ de la dignidad reconocida a cada uno. El bien común no excluye a ninguno de los que han sido creados a imagen y semejanza de Dios” —con estas palabras concluyó el Papa su discurso a los representantes de la Fundación que siguen los pasos del profesor Lejeune.
El texto en polaco fue publicado en el semanario “Niedziela”:
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