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Rosa Montenegro

Voces

28 agosto, 2025

4 min

Tú me sondeas y me conoces…

Construir sobre roca: seguridad, autenticidad y amor

Tú me sondeas y me conoces…
Nastia Petruk . Unsplash

En Palabras Ajenas

(hoy fiesta de San Agustín, podrían ser sus palabras, pero no. La santidad es obra de Dios)

“Mi corazón, mi corazón como un templo…, estilo coliseo, lleno de gatos y para regocijo de los turistas, esos de hoy aquí y mañana allá, de bocadillo y mochila…”

(en mi correspondencia)

Cuando hablamos del corazón no nos referimos solo a los sentimientos, sino al centro más profundo de la persona. Allí se unen lo que pienso, lo que quiero y lo que siento. Es en el corazón donde encuentro mi fuerza y desde donde puedo abrirme al amor y al encuentro con los demás.

“La antropología del corazón es también una antropología del don”

El corazón tiene anhelos que no se pueden negociar. A veces los entendemos, otras veces nos confunden. Es como si hablara en un idioma propio que ni él mismo sabe traducir. Están tan dentro de nosotros esos anhelos que, necesitamos tomar distancia para poder comprenderlos. Y no solo me pasa a mí, sino a todos por el hecho de ser personas.

Esos anhelos, cuando están bien satisfechos, son lo que permiten el crecimiento personal, la  madurez en desarrollo.. Sin ellos, no podemos construir un proyecto sólido. Nadie levanta una casa sobre arena; necesitamos un terreno firme para crecer y avanzar.

Seguridad y autoestima se interrelacionan constantemente

Cuando descubro mi valor y sé quién soy, puedo crecer sin traicionarme ni traicionar a los demás. Esa seguridad es el motor que me impulsa a dar pasos firmes, incluso en medio de las dificultades. Los retos me resultan, entonces, apasionantes.

Muchas veces esa seguridad busca fuera la valoración que le falta dentro. Y nos damos cuenta de que cuanto más vacío hay, más necesitamos la aprobación de los demás. Y así perdemos el rumbo, como un barco sin timón y sin timonel.

Nuestros miedos nos paralizan: miedo al fracaso, al juicio de otros, a no estar a la altura. Para defendernos, nos ponemos máscaras, como si con ellas pudiéramos protegernos. Pero esas máscaras nos alejan de nuestra verdad, del conocimiento de nuestro valor objetivo.

El verdadero reto es mirar de frente a esos miedos y descubrir que muchas veces solo son globos llenos de aire. Si los pinchamos, dejan de asfixiarnos. Lo que queda entonces es la fuerza de los valores que nos sostienen.

Construir sobre roca significa poner buenos cimientos: conocernos, aceptar nuestra fragilidad y apoyarnos en quienes pueden ayudarnos. Así evitamos falsas expectativas que solo generan frustración.

La seguridad se apuntala cuando me acepto, acepto mi propio proceso en desarrollo: mi equilibrio temporal, mi ser y mi llegar a ser. Tengo un propósito y acepto el “empedrado diario” personal y ajeno. Eso me permite dejar de esconderme, dejar de mimetizarme con el entorno. Puedo ser yo mismo, con autenticidad y sin miedo a diferenciarme.

Cada persona es única, pero esa singularidad se enriquece cuando se comparte. Dar y recibir es un baile: solo tiene sentido si respetamos el ritmo del otro sin perder el nuestro.

Lo importante es escuchar lo que canta o gime en nuestro interior. Cuando lo comprendemos, podemos acompasar nuestra voz con la de quienes caminan a nuestro lado.

Todo se resume en algo muy concreto: vivir desde la verdad y la belleza que cada uno lleva dentro. Sin comparaciones, sin competitividad, sin juicios. Aportando, cediendo y concediendo; saber esperar, caminar solo y acompañando.

La cohesión nos fortalece. Cuando ayudamos a otro, cuando hacemos brillar a los que caminan a nuestro lado es porque somos portadores de luz que ilumina y la sombre cuida el descanso y favorece la visión interior y la humildad.

“El corazón es el núcleo energético de tu vida: allí se concentra la fuerza que une lo que piensas, lo que quieres y lo que sientes. Esa energía escondida es capaz de transformar tu historia si la conviertes en amor y entrega.”

Te invito a pensar

  • ¿Tengo amigos que me ayudan a ser mejor persona?
  • ¿Uso mi inteligencia de forma inteligente?
  • ¿Sé unir el amor con el esfuerzo y el dolor?

Recuerda

“Ningún viento es favorable para quien no sabe a dónde va” ( Séneca)

¡Buena Travesía!

Rosa Montenegro

Pedagoga, orientadora familiar (UNAV) y autora del libro “El yo y sus metáforas” libro de antropología para gente sencilla. Con una extensa experiencia internacional en asesoramiento, formación y coaching, acompaña procesos de reconstrucción personal y promueve el fortalecimiento de la identidad desde un enfoque humanista y transformador.