La Constitución Pastoral Gaudium et Spes hoy
El Concilio Vaticano II y el diálogo de la Iglesia con el mundo contemporáneo a través de la mirada de seis santos pastores
El Santo Padre León XIV empezó, hace algunas semanas, un nuevo ciclo de catequesis dedicado “al Concilio Vaticano II y a la relectura de sus Documentos. Se trata de una ocasión valiosa para redescubrir la belleza y la importancia de este evento eclesial” (7/01/26). Justamente, la última Constitución Pastoral aprobada el 7 de diciembre de 1965 fue la Gaudium et Spes (GS), un documento que, al igual de los otros, sigue siendo “para nuestro tiempo, una brújula que permite a la barca de la Iglesia avanzar mar adentro (Benedicto XVI, Audiencia 10/X/12)”, de modo particular para enriquecer el diálogo entre la Iglesia y el mundo contemporáneo.
Un reciente libro del sacerdote agustino Ramón Sala La Iglesia en la calle. La recepción de la ‘Gaudium et spes’ en seis santos pastores (Rialp, 2026, Kindle versión) expone el modo en que los autores reseñados se aproximaron, conceptual y prácticamente, al impacto de este documento en la Iglesia. Los pastores escogidos son: San Pablo VI, San Josemaría Escrivá, San Óscar Romero, el Padre Arrupe, el beato Eduardo Pironio y San Juan Pablo II. Es una polifonía de perspectivas que muestra la riqueza de carismas en la Iglesia, pero al mismo tiempo, se dan varias convergencias entre ellos: a) apertura de la Iglesia al mundo, b) el valor de cada persona y su dignidad, c) la justa autonomía de las realidades temporales y d) el encuentro entre fe y cultura (cfr. p. 191).
San Pablo VI enfatizó la necesidad del diálogo de la Iglesia con el mundo y resaltó la antropología teológica de GS como base de un nuevo humanismo: Cristo revela al hombre quién es el hombre. San Josemaría Escrivá fue un precursor de la llamada universal a la santidad. Su “materialismo cristiano” ha animado a muchísimos laicos a procurar poner a Cristo en la cumbre de las actividades humanas siendo solidarios con los gozos y penas del prójimo. De otro lado, la antropología de la fraternidad de GS, San Óscar Romero la comprendió como fraternidad con los pobres: “ningún hombre conoce su propio misterio mientras no se haya encontrado con Dios en sus imágenes vivientes y crucificadas, es decir, en los pobres” (p. 79). El Padre Arrupe, en concordancia con GS, vio la urgencia de un diálogo fecundo y eficaz con el mundo. Sus constantes preocupaciones fueron la increencia religiosa, la inculturación de la fe y el compromiso de la justicia y la paz (cfr. p. 190). Por su parte, el beato Eduardo Pironio fue una voz importante en la labor de la Acción Católica, la recepción de GS en Latinoamérica a través del CELAM y el apostolado laical. De San Juan Pablo II basta decir que todo su Pontificado giró en torno a la consolidación de la letra y espíritu del Concilio Vaticano II que conocía muy bien desde dentro.
Con Gaudium et Spes la Iglesia se coloca en “el mundo de los hombres, teatro de la historia del género humano, marcado por sus destrezas, sus derrotas y sus victorias”. Abre rutas de comprensión con las diversas dimensiones de la vida en sociedad. Nada de lo humano le es ajena a la Iglesia. Son siglos de historia y sigue siendo levadura que fecunda las idas y vueltas de la convivencia humana. “En consecuencia -dice la GS- con esta común vocación humana y divina, podemos y debemos cooperar, sin violencias, sin engaños, en verdadera paz, a la edificación del mundo”. La actual catequesis del Papa León XIV es un buen faro que sabe iluminar los tesoros de las Sagradas Escrituras y de la Tradición viva de la Iglesia.

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