El espejo de la dama Galadriel
Luz, memoria y esperanza: un viaje al corazón de Lothlórien a través del cristal de los Elfos
Seguimos con J.R.R. Tolkien y su maravilloso Legendarium. Vamos con una pincelada de «El Señor de los Anillos» para animar a profundizar y disfrutar de la belleza de su impresionante legado. Todo un mundo mítico, verdadero, deseable, que reconforta e ilumina nuestra realidad.
En una de sus Cartas escribe: «El mío no es un mundo «imaginario», sino un momento histórico imaginario de la «Tierra Media», que es el lugar donde vivimos». (Las Cartas de JRR Tolkien, Ed. Minotauro, Carta 18.)
Frodo, un sencillo hobbit de la Comarca, se encuentra en camino para alejar El Anillo que encontró Bilbo, su tío, de la Comarca. Pasan por Rivendel, donde acontecen muchos encuentros de personajes de varias razas, algunos Elfos de Edades antiguas. Allí se convoca el Concilio de Elrond, y se narran historias de cada pueblo para pensar y deliberar qué hacer con él. Y se forma la Compañía del Anillo: nueve compañeros para ese cometido. Protegerán a Frodo, el Portador del Anillo.
Llegado el momento, salen de ese lugar tan fascinante y van hacia el sur, hacia el Monte del Destino, pues destruir el Anillo Único es la única solución. Y entran en el Bosque de los Lothlórien, donde se cree que habita una «hechicera» elfa. Van con mucho cuidado, pero son sorprendidos…
Es el reino del Señor Celeborn y la Dama del Bosque: Galadriel. Su nombre significa «doncella enguirnaldada de un brillante resplandor». Galadriel es una Elfa Noldor, hija de Finarfin y Eärwen, protagonista en el Silmarillion, con gran belleza, conocimiento y poder. Aunque para los Elfos poder significa preservar la belleza del mundo creado, y embellecerlo.

Ella ya estaba allí, en la Tierra Media, con los Primeros nacidos: los Elfos, para los cuales los Valar crearon las Estrellas… para que les iluminaran. En concreto Varda, o Elbereth.
El Profesor vincula las estrellas y la luz con la esperanza: «Estel»…
En las Primeras Edades Galadriel marcha a Beleriand, aunque no con Fëanor, el creador de los Silmarilli, y en el reino de Thingol, conoce a Celeborn. Se enamoran y se casan. Y fundarán el país de los Lothlórien, un reducto de naturaleza preservada, de gran hermosura, donde tiempo transcurre con calma.
Una cita de El Señor de los Anillos, La Comunidad del Anillo, de J.R.R. Tolkien, Minotauro:
«En dos asientos que se apoyaban en el tronco del árbol, y bajo el palio de una rama, estaban el Señor Celeborn y Galadriel»…
«Muy altos eran, y la Dama no menos alta que el Señor, y tan hermosos y graves. Estaban vestidos de blanco, los cabellos de la Dama eran de oro y los cabellos del Señor Celeborn eran de plata, largos y brillantes; pero no había ningún signo de vejez en ellos, excepto quizás en lo profundo de los ojos, pues éstos eran penetrantes como lanzas a la luz de las estrellas y sin embargo profundos, como pozos de recuerdos«.

Serán los Señores de Lothlórien, y tendrán una hija: Celebrían, que se casará con el caballero Elrond, descendiente de Beren y Lúthien, el Señor de Rivendel, el último hogar de los elfos, que atesora la sabiduría y tradiciones de su pueblo, entorno a un hogar cálido donde crepita el fuego, y se oyen hermosas canciones y tradiciones.
Ahora estamos en la Tercera Edad, en El Señor de los Anillos, en el Bosque de Oro. Una cita que nos adentra en el ambiente del Bosque:
“…hermoso y peligroso (es el Bosque de Oro), mas sólo la maldad puede tenerle miedo con alguna razón, o aquellos que llevan alguna maldad en ellos mismos.” Por eso algunos decían que habitaba allí una hechicera que temían…
La Dama Galadriel es una de los que guardan un Anillo Élfico. El suyo es Nenya, el Anillo Blanco o Anillo de Diamante. Fue forjado de mithril por Celebrimbor, y sus poderes son la protección: es capaz de preservar las cosas bellas, sin mancha, a pesar del paso del tiempo. Y embellecer el mundo por medio de las obras de sus manos.
Su poder era grande, y el tiempo parecía que no transcurría en Lorien como en otros lugares de la Tierra Media. Con él, Galadriel mantiene un reino exuberante en belleza, percibe cosas incluso lejanas, y le permite protegerse de las fuerzas oscuras de Sauron, el Señor Oscuro. Y cura las heridas del tiempo.
Después de saludar uno a uno de la Compañía del Anillo, y hablarles en su interior con el pensamiento, llama a Frodo y lo lleva hacia el Espejo, pues le considera sabio para poder mirar en él.
Cita de El Señor de los Anillos, La Comunidad del Anillo, en Minotauro:
«—He aquí el Espejo de Galadriel —dijo—. Os he traído aquí para que miréis, si queréis hacerlo. El aire estaba muy tranquilo y el valle oscuro, y la Dama era alta y pálida.
—¿Qué buscaremos y qué veremos? —preguntó Frodo con un temor reverente.
—Puedo ordenarle al espejo que revele muchas cosas respondió ella— y a algunos puedo mostrarles lo que desean ver. Pero el espejo muestra también cosas que no se le piden y éstas son a menudo más extrañas y más provechosas que aquellas que deseamos ver. Lo que verás, si dejas en libertad al espejo, no puedo decirlo. Pues muestra cosas que fueron y cosas que son y cosas que quizá serán. Pero lo que ve, ni siquiera el más sabio puede decirlo. ¿Deseas mirar?»
«Recuerda que el espejo muestra muchas cosas y que algunas no han ocurrido aún. Algunas no ocurrirán nunca, a no ser que quienes miren las visiones se aparten del camino que lleva a prevenirlas. El espejo es peligroso como guía de conducta.»
Cuando se asoma Frodo, van ocurriendo algunas cosas entrecortadas. Ve a Bilbo, nervioso, caminando de aquí para allá, ve algo que le atrae, aunque no lo conoce todavía: el mar, ve un navío del Oeste entre los jirones de nubes, y una Ciudad blanca con dos torres…, otro navío, pero esta vez al amanecer, y al final algo oscuro y vacío…, y al fondo un Ojo que se va haciendo más y más grande y vidrioso, y está buscando de aquí a allá. Entonces sabe que lo está buscando a él. Se asusta, y queda clavado en el suelo, pero percibe que no puede verle…, a no ser que él quiera mostrarse.

Es como un atisbo de lo que puede ocurrir, si el portador emprende su camino, su misión, y de hecho muchas cosas ocurrirán. Hay momentos agobiantes, y otros que rompen esa tensión, y Tolkien, «el mago de las palabras», como reza el librito que te recomiendo, logra ese equilibrio esperanzado, a pesar de los pesares y las sombras que se ciernen…
Galadriel en el fondo los conoce bien a todos, y anima a cada uno de la Compañía en lo que necesita en concreto. Habla con Aragorn, con Boromir, ve su corazón lleno de impaciencia, con Gimli, duro, fuerte, y sensible a la belleza… Él no temía al dolor ni a la oscuridad, pero a la luz y la belleza… Y sufre un deslumbramiento en Lorien.
Cuando la Compañía del Anillo se va del bosque de Lothlórien les hace un regalo a cada uno. Algo que les ayudará en su futuro. A Aragorn le regala una «piedra de elfo» con poderes curativos: Elessar, cuyo nombre será muy significativo para él y lo utilizará en tiempos venideros. Será sanador…
A Frodo le regala la luz de Eärendil, la más preciada Estrella, refractada en el espejo y recogida en un frasquito de cristal, «¡el cristal de estrella!», con la historia que atesora desde Eärendil. Esa luz le iluminará en los lugares oscuros y pavorosos, en los que el corazón se «encoge», se aflige y apesadumbra… «Una luz cuando todas las otras luces se hayan extinguido!»
La luz y las estrellas poseen un significado importante en su obra y en su vida. Por ejemplo, Tolkien escribe en una carta a su esposa, Edith, que nada debe impedirles seguir la luz… «Creo firmemente que ningún encogimiento del corazón, ni ningún temor mundano debe apartarnos de seguir siempre la luz». Y lo dice alguien que ha conocido la muerte desde muy pequeño…
Eärendil es otro personaje del Silmarillion, descendiente de Idril -una Elfa- y Tuor, -un Hombre-, y por tanto medio Elfo medio Hombre. Se aventura a través del mar hacia Valinor para pedir perdón y ayuda a los Valar por los hechos deleznables del pasado de Elfos y Hombres, relacionados con los Silmarilli.

Su nombre significa «amante del mar» en Quenya. Aprendió el arte de navegar con Círdan de los Puertos, e interviene en la lucha de los Edain, -hombres-, y Elfos, contra el Señor Oscuro. Eärendil fue quien custodió ese Silmaril surcando los cielos… en su navío Vingilot, «la Flor de Espuma».
Para situarnos, Elrond, Señor de Rivendel, cuyo nombre significa «bóbeda estellada», es hijo de Eärendil. En el Concilio cuenta que Eärendil era su padre, que nació en Gondolin antes de la caída, y su madre era Elwing, hija de Dior, hijo de Lúthien de Doriath. Su genealogía llega a los Días Antiguos de El Silmarillion. Y continúa: «He asistido a tres épocas en el mundo del Oeste y a muchas derrotas y a muchas estériles victorias».
Un pequeño fragmento de Galadriel en la Comunidad del Anillo, Adiós a Lórien, sobre el regalo de la luz de Eärendil en su despedida a Frodo:
«Y tú, Portador del Anillo —dijo la Dama, volviéndose a Frodo—, llego a ti en último término, aunque en mis pensamientos no eres el último. Para ti he preparado esto. —Alzó un frasquito de cristal, que centelleaba cuando ella lo movía, y unos rayos de luz le brotaron de la mano—. En este frasco —dijo ella— he recogido la luz de la estrella de Eärendil, tal como apareció en las aguas de mi fuente. Brillará más en la noche. Que sea para ti una luz en los sitios oscuros, cuando todas las otras luces se hayan extinguido. ¡Recuerda a Galadriel y el espejo!
Frodo tomó el frasco y la luz brilló un instante entre ellos, y él la vio de nuevo erguida como una reina, grande y hermosa, pero ya no terrible. Se inclinó, sin saber qué decir.»
La Dama del Bosque de Oro había depositado en ese frasco de cristal la luz del Silmaril de Eärendil para guiar al Portador del Anillo en su viaje a las tierras mortecinas de Mordor. Más tarde, en la guarida de Ella-Laraña, saturada de una oscuridad densa, pavorosa, le ayudará a luchar, y a Sam en su intento de abatirla, así como en la torre de Cirith Ungol… Su luz contrarresta el poder del mal.
Sin embargo, en la despedida a Frodo, le dice Galadriel: tu llegada a Lothlórien es como una campana que anuncia el final del tiempo. Una realidad que reitera mucho nuestro autor: la mortalidad del ser humano, y los anhelos de inmortalidad, de pervivir, de «permanecer». La conciencia de que el tiempo se acaba, pero esa certeza de que el ser humano no está hecho para morir…
Porque, «cualquiera que sea la suerte que la guerra nos depare»… tanto si vence Frodo en su misión, y se destruyen los Anillos, como si es vencido por el Señor Oscuro, sembrando el odio por doquier, y acabándose las canciones, las historias memorables dignas de atesorar y re-cordar… el tiempo acaba.
Galadriel presiente que muchas bellezas y maravillas de la Tierra Media desaparecerán para siempre. Y canta el poema Namárië! Un adiós de despedida.

En el «Legendarium» de Tolkien hay muchas historias. Él quería narrar relatos, que despliega a partir del significado de las palabras, en los que cada lector usara su imaginación y se «asomara» como en un espejo y viera lo que le sugería, según su pensamiento y experiencia, y no tanto como un mensaje ya dado, o prefijado, como sucede en las alegorías. Como él la denomina, es la aplicabilidad personal, basada en la libertad del lector.
El espejo de Galadriel y toda su mitología es como un «espejo» para cada uno de nosotros que refleja la belleza del mundo creado. Un reflejo de la Tierra Media en nuestro mundo, que ilumina con su luz y su belleza, descomponiendo el sencillo Blanco (de la Verdad) en muchos matices, «continuándose sin fin en formas vivas que van de mente en mente«, dice en su poema Mitopoeia.
Ese blanco puro de la Verdad que se encuentra «refractado» en las Historias míticas, gracias al Arte del buen artista, «subcreador», que permite atisbar algo de luz y color para nuestra vida. Y consuelo, y sanación…
Al final del capítulo «El Espejo de Galadriel», hay un diálogo que te recomiendo leer pausadamente, y me parece precioso para conocer a la Dama… que se «mide» con el poder del Anillo.
«-Sé lo que viste al final, pues está también en mi mente. ¡No temas!»…
Ella despliega su libertad ante esa prueba. Y marchará al Oeste, y seguirá siendo Galadriel…
Sabiduría, humildad, sencillez, belleza, superación… Y con ello se deshace la Maldición de Mandos que pendía sobre ella, y sobre los Elfos Noldor, de la estirpe de Fëanor: el artesano orfebre que crea los Silmarilli con la luz primigenia de los árboles de Valinor. Las joyas preciosas por las que todo se malogró, al intentar apoderarse de ellas, olvidando que esa luz no era suya, y arrastrando a toda su descendencia a una progresiva decadencia y muerte.
Aplicando este texto a nuestra propia vida, quizá podría decirse que el singular Espejo también muestra lo que uno lleva en la cabeza y el corazón, y lo que puede conseguir con esos pensamientos, metas, talentos, misión, esfuerzo y trabajo… El pasado, el futuro, todo cambiante con la propia libertad y capacidad de luchar por esos ideales.
No se trata tanto de lo que uno quiere ver, sino de vislumbrar horizontes y posibilidades… Porque, en ocasiones queremos mirarlo todo, saberlo todo, no perdernos nada, pero muchas veces no es ni necesario, ni provechoso. Ni se puede forzar a lo que uno quiere…
Centrarnos en lo importante, en lo que tenemos que hacer: en nuestra misión. Sólo tenemos el tiempo necesario para nuestro cometido: no desperdiciarlo, sacarle provecho. Pensar «qué hacer con el tiempo que se nos ha dado» nos aconseja Gandalf, que sabe caldear los corazones. Y lo que nosotros no hagamos con nuestra libertad, nadie más lo hará…

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