04 agosto, 2026

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Saber vivir el verano

Disfrutar de agosto con cabeza es el único antídoto real contra el bajón de septiembre. Ni dramas ni angustias postvacacionales: la clave está en cómo gastamos estas semanas

Saber vivir el verano

Estamos a principios de agosto. El mes veraniego por excelencia arranca y, con él, la promesa de frenar el ritmo, acortar las jornadas o disfrutar de esos días de descanso que tanto ha costado alcanzar. Debería ser un momento perfecto para coger aire, pero basta encender la radio o cruzar dos palabras en una terraza para comprobar que ya hay quien empieza a ponerse nervioso. Reaparece la cantinela habitual: la sombra de septiembre, la cuenta atrás y el famoso «síndrome postvacacional». Nos venden la vuelta a la rutina como una condena inevitable. Pero la pregunta es más sencilla: ¿de verdad el problema es septiembre, o es que no sabemos qué hacer con el verano?

Parar la pelota y pasar revista: la lección de Sócrates

Exprimir estas semanas no significa encadenar planes sin descanso ni atiborrarse de ocio hasta quedar exhaustos, ya dispongamos de un mes entero, de una quincena o simplemente de unas tardes más despejadas. Anestesiar el cerebro no es descansar; es simplemente perder el tiempo. El ritmo estival ofrece justo lo contrario: una tregua de silencio y calma para frenar, mirar alrededor y poner las cosas en su sitio.

Sócrates solía repetir que «una vida sin examen no vale la pena». En la filosofía socrática, este examen no es una auditoría rigurosa ni un juicio contable de nuestros errores; es el ejercicio supremo de lucidez de quien se atreve a preguntarse si vive como realmente quiere vivir o si simplemente se deja llevar por la inercia. Es parar la maquina, mirarse por dentro sin trampas y comprobar qué ideas, compromisos y hábitos sostienen nuestro día a día. Agosto —con sus días más largos y sus pausas en el calendario— proporciona el espacio mental necesario para hacer ese control de calidad.

No hace falta ponerse trascendente ni montar un drama. Se trata simplemente de revisar cuatro ideas clave que los clásicos llamaban virtudes y que siguen funcionando hoy como una brújula impecable:

Prudencia: Aprovechar la calma para separar lo importante de lo secundario antes de que el ruido diario vuelva a decidir por nosotros.

Fortaleza: Mantener el timón del propio ritmo diario sin dejarse llevar por el caos de los horarios, sabiendo que el verdadero descanso requiere cierta estructura para no convertirse en apatía.

Templanza: Pasarlo bien y disfrutar del descanso con cabeza, sin caer en excesos que hagan insoportable retomar cualquier rutina.

Justicia: Repartir bien el tiempo entre el descanso, la gente que nos importa, la cabeza y el trabajo. Sin trampas ni descuidos.

Tres formas de quemar los días (según Aristóteles)

El modo en que quemamos estas semanas determina de golpe cómo encajaremos el regreso. Ya lo dejó bien atado Aristóteles al clasificar la forma en que las personas buscan la satisfacción:

Buscar solo el placer rápido: Quienes reducen las vacaciones a tumbarse, comer, beber y consumir sensaciones sin más. Cuando el cuerpo se acostumbra a ese ralentí absoluto, cualquier alarma a las siete de la mañana suena a tragedia griega.

Buscar la figuración y el postureo: Quienes viven pendientes del reconocimiento ajeno, la foto perfecta o el aplauso social. Su bienestar depende de lo que piensen los demás, por lo que la vuelta al anonimato del trabajo diario les deja completamente descolocados.

Cultivar la cabeza y el aprendizaje: Quienes aprovechan el tiempo libre para leer, aprender, pensar y ganar solidez personal. Este tipo de satisfacción tiene una ventaja enorme: no depende del calendario ni del sitio donde estés. Se lleva encima.

El síndrome no se combate: sencillamente no aparece

Si el verano no se consume como una huida a ninguna parte, el famoso síndrome postvacacional no tiene por dónde entrar. No hace falta comprar recetas milagrosas en septiembre ni resignarse al bajón de la vuelta; la verdadera prevención se hace ahora, disfrutando de los días con lucidez y cierto criterio.

El agobio del regreso solo atrapa a quien hace depender toda su felicidad de factores externos: que haga buen tiempo, que no haya horarios o que nadie le pida nada. Sin embargo, quien aprovecha estas semanas de agosto para poner en orden sus ideas y alimentar la mente descubre algo muy claro: septiembre es solo una fecha en el almanaque y ninguna rutina tiene el poder de arruinar a quien sabe habitar su propia vida.

Habitar el presente

Estando a principios de agosto, lo más absurdo sería estropear el descanso que tenemos por delante pensando en el final. Saber vivir el verano es regalarse silencio, ajustar cuentas con uno mismo y aprovechar el tiempo libre para crecer por dentro.

Haciendo las cosas bien ahora, la vuelta deja de ser una amenaza. Septiembre perderá todo su veneno y la rutina no será un castigo, sino la continuidad natural de quien vive con serenidad y sentido de la orientación durante todo el año.

 

Eloy Asenjo Carpintero

Nacido en Madrid (1965). Licenciado en Ciencias Físicas por la Universidad Autónoma de Madrid (1988). Profesor de Enseñanzas Medias (especialidades de Informática, Matemáticas y Física) desde 1988 hasta la actualidad. Durante un periodo de cuatro años, trabajé como consultor especializado en la implantación de Nuevas Tecnologías en la Educación y e-learning. En la actualidad, ejerzo la docencia en el Colegio María Teresa de Alcobendas (Madrid). Paralelamente, me encuentro desarrollando material didáctico interactivo que cubre de forma integral el currículo académico de Matemáticas y de Física y Química para Secundaria y Bachillerato.