28 abril, 2026

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Reflexión de Monseñor Enrique Díaz: Si morimos con Cristo, Resucitaremos con Él

2 Noviembre Conmemoración de Todos los Fieles Difuntos

Reflexión de Monseñor Enrique Díaz: Si morimos con Cristo, Resucitaremos con Él

Monseñor Enrique Díaz Díaz comparte con los lectores de Exaudi su reflexión sobre el Evangelio de este domingo 2 de noviembre de 2025 , titulado: Si morimos con Cristo, Resucitaremos con Él.

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Isaías 25, 6. 7-9: “El Señor destruirá la muerte para siempre”

Salmo 129: “Señor, escucha mi oración”

I Tesalonicenses 4, 13-14. 17-18: “Estaremos con el Señor para siempre”

San Juan 6, 51-58: “El que coma de este pan vivirá para siempre y yo lo resucitaré el último día”

La muerte del cristiano no es es un momento al final del camino terreno, como un acontecimiento separado del resto su vida. La vida terrena es preparación para la vida celeste. Algún escritor comparaba la vida terrenal con la vida del niño en el vientre de su madre: un periodo de formación, de preparación, de luchas y decisiones para la vida venidera. En su muerte el hombre se encontrará de frente a aquello que constituye el objeto de todas sus aspiraciones más profundas, se encontrará cara a cara con Cristo para asumir la decisión definitiva formada a través de todas las decisiones parciales que ha hecho en esta tierra.

La infinidad de preguntas y comentarios que se suscitan en este día nos indican la seriedad de esta celebración y la importancia que adquiere en el calendario cristiano. Desde todos los tiempos la muerte ha suscitado reflexiones y cuestionamientos sobre sus causas y significado. ¿Por qué la muerte? ¿Qué hay en el más allá? ¿Es posible una relación con los que se han marchado antes que nosotros? Isaías nos presenta el sorprendente banquete lleno de alegría y de manjares que el Señor nos ofrece destruyendo el velo de luto y de muerte que pesa sobre los pueblos. La visión del profeta precisa el motivo de tanta alegría: la eliminación por parte de Dios de todo sufrimiento en especial del más grande de todos que es la muerte. Aunque el profeta tenía la intención de describir el surgimiento del pueblo de Israel sumido en la miseria, el texto nos lanza mucho más allá, hasta entender el triunfo de Cristo sobre la muerte y la participación de sus discípulos en su resurrección.

San Pablo en su carta a los Tesalonicenses nos da algunas indicaciones que pueden ayudarnos a vivir de una manera más serena estos acontecimientos. Lo primero que nos dice es que no se puede vivir en la tristeza como los paganos que no tienen esperanza. La muerte es el paso que nos lleva al encuentro definitivo con Jesús resucitado, pues “si creemos que Jesús murió y resucitó, de igual manera debemos creer que, a los que murieron en Jesús, Dios los llevará con Él, y así estaremos siempre con el Señor”. Miremos, pues, nuestra muerte y la muerte de nuestros seres queridos como un paso para encontrarnos con Dios. Nos dolerá ciertamente la ausencia de los seres queridos, pero nos consolará la esperanza de saber que también un día nosotros estaremos con ellos. ¿Qué hay más allá? Jesús muchas veces habla a sus discípulos de una vida en plenitud con el Padre y de que Él irá a prepararnos una morada, pero no nos da más detalles. San Pablo aprovecha el símbolo de la semilla para indicarnos que el que muere es como

una semilla que ciertamente muere y se descompone, pero que después tiene una vida diferente y más plena.

Son escasos los datos que tenemos sobre cómo es la vida del más allá, pero son datos que alientan nuestra esperanza pues el mismo Jesús nos invita a que nos preparemos para participar en esa nueva vida: “Él es el pan de vida eterna”. Nuestra actitud será entonces de esperanza y de vigilancia. Nadie sabe el día ni la hora de su muerte, pero si la esperamos con serenidad y con fe, podrá encontrarnos actuando rectamente delante de nuestro Padre. ¿Hay comunicación con el más allá? Nosotros creemos en la comunión de los santos y por eso hacemos nuestras oraciones y afirmamos que hay comunicación, pero es muy diferente al estilo de comunicación y de manipulación que los charlatanes hacen continuamente aprovechándose de incautos. Claro que podemos hacer oración por nuestros difuntos. Ellos no está lejanos a nosotros, pertenecen todos ellos, aquellos que fallecido en el abrazo de Dios, a la comunidad de los hombres y a la comunidad de la Iglesia. Por eso son muy importantes nuestras oraciones y nuestros sufragios por los fieles difuntos.

Morir debe significar también para nosotros morir al mal. Estamos llamados cada día a hacer más realidad en nosotros la muerte al pecado. Nosotros continuamente dejamos las cosas para el mañana, del cual esperamos siempre «más”: más amor, más felicidad, más bienestar. Vivimos sostenidos por la esperanza. Pero la esperanza no nos debe adormilar, sino al contrarios nos debe mantener despiertos y actuantes, reconociendo la fragilidad de la vida, mirando siempre hacia la eternidad para la cual fuimos creados. Este día nos invita a vivir en plenitud, sin angustias, pero sin adormilamientos ni descuidos. Cada día nos acercamos más al encuentro definitivo con el Señor Resucitado.

Este día de la Conmemoración de los fieles difuntos avivemos nuestra fe en la Vida Eterna, reconozcamos que estamos construyendo día a día ese momento difinitivo en el cual nos encontraremos con Cristo, hagamos nuestra oración por nuestros hermanos difuntos, consolémonos con las palabras de esperanza y esforcémonos en seguir construyendo ese Reino, que iniciado desde ahora, tendrá su plenitud en la presencia del Padre.

Escucha, Padre Bueno, la plegaria de la comunidad de los creyentes que se dirige a Ti sostenida por la fe en Cristo Resucitado. Confírmanos en la esperanza de que juntamente con nuestros hermanos difuntos resurgiremos en Cristo a una nueva vida. Amén.

 

Enrique Díaz

Nació en Huandacareo, Michoacán, México, en 1952. Realizó sus estudios de Filosofía y Teología en el Seminario de Morelia. Ordenado diácono el 22 de mayo de 1977, y presbítero el 23 de octubre del mismo año. Obtuvo la Licenciatura en Sagrada Escritura en el Pontificio Instituto Bíblico en Roma. Ha desarrollado múltiples encargos pastorales como el de capellán de la rectoría de las Tres Aves Marías; responsable de la Pastoral Bíblica Diocesana y director de la Escuela Bíblica en Morelia; maestro de Biblia en el Seminario Conciliar de Morelia, párroco de la Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe, Col. Guadalupe, Morelia; o vicario episcopal para la Zona de Nuestra Señora de la Luz, Pátzcuaro. Ordenado obispo auxiliar de san Cristóbal de las Casas en 2003. En la Conferencia Episcopal formó parte de las Comisiones de Biblia, Diaconado y Ministerios Laicales. Fue responsable de las Dimensiones de Ministerios Laicales, de Educación y Cultura. Ha participado en encuentros latinoamericanos y mundiales sobre el Diaconado Permanente. Actualmente es el responsable de la Dimensión de Pastoral de la Cultura. Participó como Miembro del Sínodo de Obispos sobre la Palabra de Dios en la Vida y Misión de la Iglesia en Roma, en 2008. Recibió el nombramiento de obispo coadjutor de San Cristóbal de las Casas en 2014. Nombrado II obispo de Irapuato el día 11 de marzo, tomó posesión el 19 de Mayo. Colabora en varias revistas y publicaciones sobre todo con la reflexión diaria y dominical tanto en audio como escrita.