29 mayo, 2026

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¿Qué te ha hecho ese pobre espejo?

La preciosa palabra que cambia todo: aceptación

¿Qué te ha hecho ese pobre espejo?

Miren, decía Get con un pensamiento muy sencillo: «¿Qué te ha hecho ese pobre espejo? ¿Qué te ha hecho ese pobre cristal?». No mires tu espejo con tanto odio.

A veces nos vemos al espejo y no nos gusta lo que vemos: la nariz, las cejas, el pelo que se cae, las arrugas, la edad que ya no es la de los 20 años… y a los 75 nos duele. ¿Sabes de qué nos está hablando todo esto? De una palabra preciosa: aceptación.

Me acuerdo que vivía en España cuando murió Salvador Dalí, creo que en el año 87. Lo llevaron al hospital ya muy grave, con más de 80 años, enchufado a aparatos (del año 87, imagínense lo que serían). Y él decía: «Aunque tenga que vivir así toda la vida, yo no moriré». Cuatro días después se murió. Para mí fue durísimo escucharlo. Era el grito de alguien que no aceptaba ser humano, que no aceptaba envejecer, enfermarse, ni la posibilidad de un accidente que te deje caminando torcido o en silla de ruedas a los 25 años.

Todos conocemos el ideal: llegar a los 95 o 100 años con la cabeza perfecta, completamente independientes: yo me baño, yo me visto, yo cocino, yo camino… Ese es el ideal. Pero la realidad muchas veces es otra: necesito de mi esposo o esposa, ya no me puedo vestir solo, se me olvidan las cosas, me siento cansado, ya no me dejaron trabajar, pierdo el oído y terminamos gritándonos (no por pelear, sino porque no nos oímos).

Es como los bebés: no lloran para fastidiar, lloran porque es su lenguaje. Y los ancianos también tienen su lenguaje: caminar mal, ver poco, oír menos, comer siempre lo mismo o muy poquito, tolerar menos las cosas. Hay excepciones, claro, pero la regla general tiene un nombre: aceptación.

Acepta que ya no tienes la misma edad, la misma fuerza, que ya no siempre tienes la razón. Aceptación.

Jesús nos dio el ejemplo más tremendo en Getsemaní. Tres veces pidió: «Padre, aparta de mí este cáliz», pero añadió: «No se haga como yo quiero, sino como quieres tú». ¿Por qué tres veces? Para que quedara clarísimo que tenía unas ganas enormes de vivir, de seguir entre nosotros, que le dolía en el alma lo que venía: la golpiza, los escupitajos, la flagelación, la corona de espinas, cargar la cruz desangrado y tres horas clavado —no amarrado— en ella. Lo sabía todo y aún así terminó diciendo: «Vámonos, ya llega el que me va a entregar». Aceptación total de la voluntad del Padre.

Aceptación no es abandono. No es dejar de tomar las medicinas, dejar de hacer ejercicio, dejar de bañarse o de luchar por estar lo mejor posible. Aceptación es hacer todo lo que sí puedo hacer, pero aceptar con paz aquello que ya no puedo cambiar.

Quien se acepta a sí mismo también aprende a aceptar a los demás:

  • Aceptar que mi esposa ya no camina ni oye como antes.
  • Aceptar que nació un hijo con capacidades diferentes y que nunca va a hablar ni a valerse por sí mismo.
  • Aceptar que ahora vive conmigo mi padre que está chocheando porque murió mi madre.

Aceptarme a mí, aceptar a los demás y aceptar la voluntad de Dios.

Por eso Get preguntaba con tanta sabiduría: «¿Qué te hizo ese pobre cristal? ¿Por qué odias tanto a tu espejo?». Es una manera hermosa de decir: «Así es la realidad, acéptala y vive en paz».

Pásale este pensamiento a todos los que están peleados con la vida porque no aceptan su realidad ni la de los demás; los que viven amargados por situaciones sociales, económicas o de cualquier tipo.

P Angel Espinosa de los Monteros

El Padre Ángel Espinosa de los Monteros ha impartido más de 4,000 conferencias sobre matrimonio, valores familiares y espiritualidad en diferentes ciudades de México, Estados Unidos, Francia, Italia, España y Sudamérica. Ha atendido a cientos de matrimonios ofreciendo consejos y programas de crecimiento conyugal y familiar. Es autor del libro «El anillo es para siempre», traducido a diferentes lenguas y a partir de las cuales ha dictado más de 20 títulos de conferencias. Actualmente se dedica de tiempo completo a impartir conferencias y renovaciones matrimoniales en 20 países del mundo.