30 julio, 2026

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Notas a la proclamación de fe de los lefebvristas (e)

Cardenal Arizmendi: Análisis teológico y pastoral ante el reciente acto cismático de la Fraternidad San Pío X

Notas a la proclamación de fe de los lefebvristas (e)

El cardenal Felipe Arizmendi, obispo emérito de San Cristóbal de Las Casas y responsable de la Doctrina de la Fe en la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), ofrece a los lectores de Exaudi su artículo.

HECHOS

Siendo Rector en el Seminario de Toluca, tuve que expulsar, de acuerdo con el Equipo Formador, a un alumno que no tenía la idoneidad para el sacerdocio. Pero como él estaba empeñado en ser sacerdote a como diera lugar, pidió ser admitido en el Seminario de Tapachula, sin pedirnos allá la información previa, que es obligatoria. Cuando, el 7 de febrero de 1991, se anunció que yo iba como obispo a esa diócesis, varios le dijeron que eso era una señal clara de Dios de que no era su vocación el sacerdocio. Cuando, el 7 de marzo de 1991, llegué allá, ni se me presentó y se alejó. Pero tercamente empeñado en su deseo, creó una iglesia dizque ortodoxa, en la ciudad de México, de la que se hizo fundador, y celebraba sacramentos como si fuera auténtico ministro sacramental. Muchos le pedían servicios religiosos, por todas las facilidades que les daba, aunque les cobraba un buen dinero; pero nuestra gente buena, que desea un sacramento, como no conocen ni su parroquia, lo aceptaba ingenuamente. Ya falleció y que el Señor tenga misericordia de él, como de nosotros.

Así surgen por todas partes falsos sacerdotes, sea que fueron ordenados válidamente, pero después expulsados del ministerio presbiteral por alguna falta grave; sea que fueron seminaristas expulsados de su Seminario, o sea por otras historias, son falsos sacerdotes. Nada tienen que ver con los lefebvristas, pero en muchas cosas se parecen.

Po ello, continúo aclarando algunas de las afirmaciones de los lefebvristas en su Profesión de Fe Católica. Pongo en cursiva lo que ellos sostienen y en Word normal mi personal comentario.

ILUMINACION

  1. Profeso que quienes gobiernan la sociedad deben someterse a la influencia saludable de la Iglesia.

La Iglesia ofrece la luz de la Revelación a las autoridades civiles y a toda la sociedad, pero no la puede imponer. No se debe exigir que se sometan a la Iglesia, porque sería un atentado contra la libertad religiosa, que debe ser respetada siempre.

  1. Rechazo el liberalismo político y religioso: aquel que, en nombre de la dignidad humana y de una falsa libertad religiosa, atribuye a cada uno el derecho de actuar públicamente según su conciencia sin ser impedido por la autoridad civil, incluso cuando esa conciencia es errónea y se opone al bien común o a la verdadera religión.

No estamos de acuerdo con el libertinaje público o privado, pero no podemos impedir que cada quien actúe según su conciencia, aunque para nosotros sea errada. Dios mismo respeta la libertad del pecador. Nuestro servicio es predicar la moral según Dios, insistir en ella y esforzarnos por que se viva en la sociedad, pero no la podemos imponer.

  1. Rechazo asignar como misión a la Iglesia la defensa de la dignidad de la persona humana y la instauración de una fraternidad universal fundada en esta dignidad supuestamente común al género humano, sin establecer distinción.

Promovemos la fraternidad universal, querida por Dios, pues todos somos hermanos, pero hacemos siempre distinción entre el Reino universal de Cristo y otras concepciones; nos esforzamos por que El reine en todos, pero respetamos a quienes piensan y viven de otra forma.

  1. Profesamos que es necesario restaurarlo todo en Cristo, que es el único Santo y, a través de su Cuerpo místico, el único santificador de las almas y de los pueblos.

Nosotros también lo profesamos, pero sin imponerlo a todos y a la sociedad. Nuestra Iglesia se esfuerza por que Cristo reine en todo y en todos, pero sin imponerlo. Para comprobar la centralidad de Cristo en la Iglesia, bastaría leer con cuidado todos los documentos del Concilio y de los Papas. La fidelidad a Cristo y su centralidad son fundamentales. Pero precisamente es Cristo quien nos proyecta a los demás.

  1. Profeso que la Misa tradicional romana, celebrada según el rito en uso previo a la reforma del Novus Ordo Missae, expresa con una claridad incomparable la doctrina católica del sacrificio, del sacerdocio y de la presencia real. Pero constato con dolor que las reformas litúrgicas contemporáneas se han alejado considerablemente de la liturgia tradicional, tanto en su conjunto como en sus detalles; al hacerlo, han oscurecido el carácter sacrificial y propiciatorio de la Misa, favoreciendo una concepción democrática del culto, aproximando la expresión litúrgica católica a las concepciones protestantes y contribuyendo así de manera preponderante a la pérdida del sentido de lo sagrado, a la corrupción del espíritu cristiano, a la disminución de las vocaciones y al debilitamiento general de la fe.

La reforma que hizo el Concilio Vaticano II sobre la manera de celebrar la Misa no debilita la fe ni altera su naturaleza. Jesucristo no celebró la Eucaristía en latín, sino en arameo. Los evangelios nos transmiten en griego la forma como se celebraba la Misa en los tiempos apostólicos. Yo celebré mis primeras Misas en latín y me gusta, pero celebramos para el pueblo, que no sabe este idioma. El latín se impuso para toda la Iglesia a partir del Concilio de Trento (1545-1563), por ciertas razones históricas, ahora ya superadas. Actualmente, en algunos casos muy delimitados, el obispo puede dar permiso de celebrar la Misa en latín. Lo más importante no es tanto el idioma, sino la participación consciente y plena de las personas.

ACCIONES

Repito lo que he sugerido: conoce y frecuenta la parroquia a la que pertenece tu domicilio y, si no conoces personalmente a alguien que dice ser sacerdote, pídele que te presente por escrito la autorización de tu párroco o de tu obispo. No aceptes servicios religiosos de cualquiera, porque te pueden engañar y estafar.

Cardenal Felipe Arizmendi

Nacido en Chiltepec el 1 de mayo de 1940. Estudió Humanidades y Filosofía en el Seminario de Toluca, de 1952 a 1959. Cursó la Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca, España, de 1959 a 1963, obteniendo la licenciatura en Teología Dogmática. Por su cuenta, se especializó en Liturgia. Fue ordenado sacerdote el 25 de agosto de 1963 en Toluca. Sirvió como Vicario Parroquial en tres parroquias por tres años y medio y fue párroco de una comunidad indígena otomí, de 1967 a 1970. Fue Director Espiritual del Seminario de Toluca por diez años, y Rector del mismo de 1981 a 1991. El 7 de marzo de 1991, fue ordenado obispo de la diócesis de Tapachula, donde estuvo hasta el 30 de abril del año 2000. El 1 de mayo del 2000, inició su ministerio episcopal como XLVI obispo de la diócesis de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, una de las diócesis más antiguas de México, erigida en 1539; allí sirvió por casi 18 años. Ha ocupado diversos cargos en la Conferencia del Episcopado Mexicano y en el CELAM. El 3 de noviembre de 2017, el Papa Francisco le aceptó, por edad, su renuncia al servicio episcopal en esta diócesis, que entregó a su sucesor el 3 de enero de 2018. Desde entonces, reside en la ciudad de Toluca. Desde 1979, escribe artículos de actualidad en varios medios religiosos y civiles. Es autor de varias publicaciones.