14 abril, 2026

Síguenos en

Las llagas de Jesús

Credencial de amor y refugio del alma

Las llagas de Jesús

El Evangelio de San Juan nos relata la primera y segunda aparición de Jesús Resucitado a los Apóstoles que se mostraban incrédulos ante el anuncio de María Magdalena y las Santas mujeres. “Jesús se presentó en medio de ellos y les dijo: La paz sea con viosotros y, dicho esto, les mostró las manos y el costado” (Jn 20,19-20) Es decir: les mostró las llagas que en su crucifixión le produjeron los clavos y la lanza. Y es que Jesús conservó esas heridas abiertas como credenciales de que su cuerpo, ahora resucitado y glorioso es el mismo que fue crucificado y como recuerdo de su amor por nosotros.

Tomás no estaba en la primera aparición y se obstinada en no creer: “ Si no meto mi dedo en la señal de los clavos y mi mano en su costado, no creeré” (Jn 20,25). Pero en la segunda aparición estaba Tomás, Jesús viene en su rescate: “Trae aquí tu dedo y mira mis manos y trae tu mano y métela en mi costado, y no sea incrédulo, sino creyente” (Jn 20,27) Y Tomás se rindió a sus pies y nos dejó una preciosa oración jaculatoria que es toda una profesión de fe, de amor y de arrepentimiento: “Señor mío y Dios mío”.

La piedad cristiana usado constantemente esta jaculatoria ante las llagas de Cristo como refugio: “Dentro de tus llagas escóndeme”. “ Métete en las llagas de Cristo Crucificado. Allí aprenderás a guardar tus sentidos , a tener vida interior…. “ (Camino, 288)

ENTRE TUS LLAGAS

Tus cinco llagas: ese es el secreto.

Las mostraste al incrédulo Mellizo,

que se postró a tus pies, y se rehízo

-“¡Señor mío y Dios mío!”_ por completo.

 

En tus llagas, Señor, también me meto,

y, aunque cobarde soy y espantadizo,

me dejo, al fin, ganar por su hechizo

y encuentro en mis luchas parapeto.

 

Tantas veces, Señor, mi fe se apaga

y a punto estoy de que me pierda

cuando el Malo me tiene acorralado.

 

Ocúltame, entonces, en la llaga

de tu mano derecha y de tu izquierda,

y en la herida mayor de tu costado.

Monseñor Gilberto Gómez González

Monseñor Gilberto Gómez González, nacido el 12 de febrero de 1952 en Albeos, Creciente (Pontevedra, España), realizó sus estudios de secundaria, filosofía y teología en el Seminario de Tui–Vigo, siendo ordenado sacerdote el 14 de septiembre de 1975. Entre 1975 y 1985 ejerció como vicerrector del Seminario Menor de Tui–Vigo; en 1986 se incorporó a la diócesis de Abancay (Perú) mediante la Obra para la Cooperación Sacerdotal Hispanoamericana, donde desempeñó roles como rector del Seminario Menor «San Francisco Solano» (1986–1992), párroco de Tamburco, vicerrector y posteriormente rector del Seminario Mayor «Nuestra Señora de Cocharcas», además de capellán del Monasterio de Carmelitas y miembro del Consejo Presbiteral. El 22 de diciembre de 2001 fue nombrado por Juan Pablo II obispo titular de Mozotcori y auxiliar de Abancay, recibiendo la ordenación episcopal el 16 de marzo de 2002; el 20 de junio de 2009 Benedicto XVI lo designó obispo de Abancay, diócesis que asumió el 8 de agosto de ese año y que continúa liderando en la actualidad, siendo también miembro de la Comisión Episcopal de Vocaciones y Ministerios de la Conferencia Episcopal Peruana y autor del libro de poesía mística Vía Lucis (2005), galardonado con el XXIV Premio Mundial Fernando Rielo.