22 junio, 2026

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LA VIDRIERA, con ojos nuevos

(El Papa, san Josemaría y los próximos 100 años)

LA VIDRIERA, con ojos nuevos

Hay momentos en que nada cambia y, sin embargo, todo adquiere un nuevo brillo.

El paisaje es el mismo.

La familia es la misma.

El trabajo es el mismo.

Pero, de pronto, descubrimos algo que hasta entonces había permanecido oculto.

No estaba escondido. Lo estábamos mirando desde el lugar inadecuado.

Tres palabras sobre suelo español

Hace unas semanas, durante su viaje a España, León XIV eligió tres palabras para su peregrinaje.

No era un programa.

No era un manifiesto.

Tres palabras del Evangelio de San Juan 4,35 -del encuentro de Jesús con la Samaritana- esperando ser escuchadas de nuevo: “Alzad vuestros ojos… “

«Alzad la mirada»

No era una llamada a evadirse de la realidad. Era una invitación a profundizar.

Porque lo esencial rara vez se impone. Se descubre.

El 2 de octubre de 1928

Esta invitación de León XIV, nos traslada inmediatamente a otro momento. En otro Madrid.

Un sacerdote joven -Josemaría Escrivá de Balaguer-recibió con claridad la misión que Dios le confiaba.

Ese día nace el Opus Dei.

En Madrid.

En España.

En la misma tierra que León XIV acaba de visitar.

¿Casualidad? Quizá. Pero hay casualidades que merecen contemplarse despacio.

Dios nunca estuvo fuera de nuestra vida

Vivimos saturados de información.

Lo inmediato nos reclama impaciente y nos roba la energía:

Cuando los medios ocupan el lugar de los fines.

Cuando las formas ocultan el fondo.

Cuando el camino nos hace olvidar el destino.

La aportación de san Josemaría no consistió en inventar algo nuevo. sino en iluminar la trascendencia de lo ordinario:

Dios no estaba fuera de nuestra vida. Estaba dentro de ella.

Dentro del trabajo. Dentro de la familia. Dentro de la amistad.

Alzar la mirada, no significaba dejar de trabajar. Significaba trabajar mirando a Dios y dejándose mirar por El.

«Llega un momento en que nos es imposible distinguir dónde acaba la oración y dónde comienza el trabajo, porque nuestro trabajo es también oración, contemplación, vida mística verdadera de unión con Dios —sin rarezas—: endiosamiento».

(Carta, 6-V-1945, n.23)

Cómo preparar esa mirada nueva

Toda transformación comienza siempre por una forma nueva de mirar.

En una cultura que premia la velocidad,

hay que detenerse.

Parar y contemplar no nos aleja del mundo.

le da perspectiva a la profundidad.

No reduce el horizonte. Le da altura.

Y, ahí, de repente descubrimos Quién nos mira, despacio, con pausa y paz.

Descubrimos la presencia del Amor en medio de las realidades más corrientes.

Nuestra vida adquiere otra dimensión.

Pero NADIE llega lejos completamente solo.

Vivimos conectados como nunca y, sin embargo, seguimos necesitando algo que ninguna tecnología sustituye.

Ninguna mirada permanece viva mucho tiempo en soledad.

Necesitamos personas que caminen a nuestro lado.

Que nos ayuden a “alzar los ojos”.

Que nos sostengan cuando la esperanza flaquea.

Que nos recuerden quiénes somos cuando corremos el riesgo de olvidarlo.

La amistad auténtica tiene algo de milagro cotidiano.

San Josemaría veía en la amistad uno de los lugares privilegiados para compartir la fe: porque lo esencial rara vez se transmite desde una tribuna. Pasa de corazón a corazón.

Todos somos oveja y pastor a lo largo de ese camino común.

“UT OPERARETUR” (Génesis 2,15)

Vivimos en una época fascinada por el hacer. Pero el hacer sigue al ser. Y el sentido del hacer es revelar al ser que hace.

El trabajo no es solamente aquello que hacemos. Es también una de las formas en que manifestamos quiénes somos.

El cuadro habla del pintor.

La obra habla de su autor.

Cada tarea realizada con amor, competencia y espíritu de servicio habla silenciosamente de la persona que la realiza.

Por eso san Josemaría descubrió en el trabajo un camino de santidad.

Porque permite que lo invisible se haga visible. Que la fe se convierta en vida.

Que el amor se convierta en servicio.

Un centenario que no es nostalgia

El 2 de octubre de 2028 se cumplen cien años de aquel momento fundacional en Madrid. La celebración se extenderá hasta el 14 de febrero de 2030, cuando se cumplirá también el centenario del comienzo de la Obra con las mujeres.

El Prelado actual del Opus Dei, Mons. Fernando Ocáriz, ha propuesto un itinerario espiritual vertebrado en tres ejes:

Contemplación en medio del mundo,

Amistad como relación que enriquece, acompaña y sostiene.

Santificación del trabajo.

Tres maneras de alzar la mirada sin huir de lo ordinario.

Se celebra con humildad de ojos nuevos. En un mundo vertiginosamente cambiante que necesita lo permanente para no naufragar. Es la audacia de quien sabe que la mirada del AMOR lo cambia todo.

Volver a mirar desde la mirada de Dios en el tiempo.

La pregunta que se nos plantea:

¿Cómo relacionar lo permanente de los valores con lo cambiante de los ambientes?

La respuesta parece sencilla. Y, a la vez, inagotable.

Volver a mirar.

Mirar desde Dios.

Mirar con otros ojos.

Tal vez solo necesitamos alzar el vuelo, y descubrir, con asombro que «Nunca lo habíamos visto desde esa colina»

«¡Que vea con tus ojos, Cristo mío!

¡Jesús de mi alma!»

(San Josemaría 19 de marzo de 1975)

Rosa Montenegro

Pedagoga, orientadora familiar (UNAV) y autora del libro “El yo y sus metáforas” libro de antropología para gente sencilla. Con una extensa experiencia internacional en asesoramiento, formación y coaching, acompaña procesos de reconstrucción personal y promueve el fortalecimiento de la identidad desde un enfoque humanista y transformador.