30 julio, 2026

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Tomasa Calvo

Voces

30 julio, 2026

4 min

De La Roja al bien común

El entusiasmo y los valores de unidad de la Selección Española pueden inspirar un compromiso colectivo hacia la justicia, la cohesión social y el bienestar común

De La Roja al bien común

La ilusión y unión que ha generado La Roja, en el reciente campeonato mundial de fútbol, nos muestran el poder que tiene el deporte para unir a un país.  Durante unos días, millones de españoles hemos celebrado las victorias de nuestra selección de fútbol, hemos compartido las mismas emociones y dejado en un segundo plano diferencias políticas, ideológicas o territoriales. Lo que exige ir más allá de todo lo vivido con Roja y pensar si esa  pasión compartida puede convertirse en un ejemplo de cómo ciudadanos y gobernantes pueden trabajar juntos por un objetivo superior: el bien común.

El bien común se refiere al conjunto de condiciones sociales que permiten a las personas alcanzar su desarrollo integral y vivir con dignidad. Incluye aspectos como la defensa de la vida,  la justicia, la igualdad, la seguridad, la salud, la educación, el empleo, la protección de nuestros recursos naturales, (…). Es un objetivo colectivo que beneficia a toda la sociedad, no solo a unos pocos.

Cuando un país es capaz de remar en la misma dirección para apoyar a su selección, también demuestra que existe un terreno común sobre el que construir un proyecto social. De esta forma de actuar emerge una pregunta ineludible: ¿por qué esa unidad parece tan difícil cuando se trata de afrontar los grandes retos de nuestra sociedad?

La respuesta pasa por recuperar una idea sencilla, aunque a menudo olvidada: el bien común. El entusiasmo que hoy despierta La Roja debería inspirarnos para trasladar al ámbito político y social los valores que hacen posible el éxito deportivo: el esfuerzo compartido, la solidaridad, la responsabilidad, la constancia, el trabajo en equipo y la búsqueda de un objetivo superior al interés individual.

Corresponde, en primer lugar, a nuestros gobernantes asumir ese compromiso. Gobernar no consiste únicamente en administrar recursos o aprobar leyes, sino en orientar la acción política hacia el bienestar de todos. Trabajar por el bien común significa garantizar que cualquier persona, con independencia de su lugar de residencia o de su situación económica, pueda desarrollar su proyecto de vida con dignidad. Significa asegurar una educación de calidad, una sanidad accesible, un empleo digno, una justicia eficaz, un defensa de la vida, una seguridad que proteja a todos y unos servicios públicos que ofrezcan igualdad real de oportunidades. Aunque, hoy en día, la principal tarea de nuestros gobernantes debería ser el establecer políticas que garanticen el relevo generacional, del que no se habla aunque es fuente de pobreza. Para ello, se necesitan políticas en defensa de la vida y de la familia, pilares de la sociedad, y con las que, además se promuevan salarios que permitan el desarrollo de una vida digna.

Pero esa tarea no corresponde únicamente a las instituciones. Los ciudadanos también desempeñamos un papel esencial que se concreta en: participar activamente en la vida democrática, exigir defensa de la vida, exigir transparencia y rendición de cuentas, exigir igualdad de oportunidades, exigir servicios de calidad, exigir derechos y cumplir nuestros deberes, respetar las normas de convivencia y colaborar en iniciativas sociales, (…). Todos estos ejemplos son formas concretas de convertir el orgullo de pertenecer a un país en un compromiso diario con quienes lo integran.

Si el bien común se convirtiera verdaderamente en el principio rector de la sociedad española, muchas de las fracturas que hoy nos preocupan comenzarían a cerrarse. La corrupción perdería espacio, las desigualdades se reducirían y ningún territorio o ningún ciudadano se sentiría de primera o de segunda categoría. Los derechos fundamentales dejarían de depender del código postal y pasarían a ser una garantía efectiva para todos.

La emoción que hoy despierta La Roja no debería quedar reducida al recuerdo de una victoria deportiva. Puede convertirse en el punto de partida para recuperar la confianza en aquello que nos une como sociedad. Aprovechemos esta oportunidad para construir un país más justo, más solidario y más comprometido con el bien común. Porque el verdadero triunfo de una nación no se mide únicamente por los títulos que conquista, sino por su capacidad para garantizar la dignidad, la igualdad de oportunidades y el bienestar de todos sus ciudadanos.

La Roja nos ha recordado que, cuando compartimos un objetivo y trabajamos unidos, somos capaces de alcanzar metas extraordinarias. Solo así lograremos una nación fuerte, unida y próspera, donde la riqueza no sea solo para unos pocos, sino un bien compartido por toda la nación. Quizá haya llegado el momento de aplicar esa misma lección al futuro de España. ¡Adelante España!

Tomasa Calvo

Matemática y doctora en Informática. Defensora de la verdad, del bien y de lo bello y, cómo no, de la libertad, entendida como la facultad que nos ayuda a hacer el bien. Su espíritu inquieto le llevó a promover el evento cultural "Conversaciones con Luz Propia" en Teruel.