La profesora de catalán no sabía nada de la visita del Papa
¿Ideología o educación? El desplante de una profesora ante la visita del Papa a Barcelona
Cual maestra de párvulos que niega entender el castellano o español, a alumnos que se dirigen a ella en esta lengua, para forzarles a hablar en catalán, la profesora de catalán para adultos, se hizo la ignorante ante el comentario de la visita del papa a Barcelona. I es que el mundo catalanista está muy enfadado con la Iglesia y el Papa por que se abortó el intento, por parte de los cantantes de las corales, de exhibir las banderas independentistas y cantar “els segadors”, el himno catalán que hace referencia a “dar golpes de hoz, para que el enemigo tiemble”.
Un trabajador latino que asiste entusiasmado a las clases de catalán, desde que llegó a Barcelona, no comprendía como un evento de tal calibre, le hubiera pasado desapercibido a su profesora que tanto sabe. No hubo, canal de noticias, o diario que no se hiciera eco del movimiento ciudadano que León XIV ha propiciado.
Por lo visto el catalán está siendo amenazado por culpa de la Iglesia, y hay que defenderlo con actitudes hostiles hacia los cristianos. Se suceden las referencias a la dictadura franquista que impuso el castellano como lengua oficial.
Durante la misa el catalán estuvo presente en lecturas, predicación, saludos y cantos. Pero se “pervirtió” el acontecimiento, con la lengua que el papa dominaba más. No imaginemos que hubiera sido si ante las autoridades máximas del estado español, presidente y monarquía, se hubiera tocado, antes de empezar el himno de España.
Gaudí, el protagonista de la inauguración proyectó un templo católico para alabanza a Dios. Seguramente que se hubiera negado a hablar en castellano, pero hubiera visto como una profanación a la fe, el cantar “els segadors”.
Gaudí, la persona, el arquitecto y el devoto, junto a su gran obra se han convertido en un símbolo de Cataluña. Por eso precisamente debemos cuidar la imagen que como catalanes estamos proyectando al mundo.
El León XIV destacó la Sagrada Familia como signo de unidad y concordia. El Pontífice describió la Sagrada Familia como un templo en construcción, metáfora de la vida cristiana, donde todos somos «piedras vivas» con Cristo como fundamento y culmen. Enfatizó que la fe en Jesús es incompatible con la violencia, la guerra y la indiferencia hacia los más necesitados. Resaltó la importancia de la solidaridad y la compasión como expresión de la fe cristiana.
La torre fue presentada como un símbolo de esperanza y caridad, transformando «un instrumento de muerte en signo de esperanza». La luz de Cristo, según el Papa, brilla en las tinieblas y guía a los fieles, convirtiendo la basílica en un faro espiritual abierto al Mediterráneo.
La lamparita que se nos entregó a cada uno de los miles de asistentes se encendía por momentos. Era una invitación a ser luz.
Hubo que explicar al alumno latino, que estudia catalán que su profesora no debe de ser católica, y que por eso rehuyó ver las noticias sobre la visita del Papa. Y de hecho se entiende que el mensaje de unidad en la diversidad, no encaje en sus postulados. Pero su ignorancia ante el viaje del papa y su enfado por la resistencia de los organizadores a ser manipulados políticamente, hace un flaco favor a la lengua catalana. Aprendemos por atracción y seducción, no por imposición. En todo caso, la violencia que se pretendía ejercer con el canto de “els segadors” hubiera generado la reacción contraria a la que pretendían. Las cotas más altas de catalanismo se consiguieron con un gobierno en contra de Cataluña. Fueron miles de latinos de fe cristiana, los que participaron en la celebración, los mismos que llenan las iglesias y suplen los vacíos que han dejado los autóctonos que abandonan la fe, para creer en variopintas creencias. Han cambiado la misericordia cristiana, de la que nos ha hablado mucho León XIV, por mantras adormecedores de conciencia.
Y volviendo a la identidad, tal como está escrito en la fachada principal de Montserrat, esculpida en el mármol: “Cataluña será cristiana o no será”. Frase atribuida a uno de los padres del catalanismo, el obispo Torras i Bages. El santo padre ha venido a renovar esta fe que ha sido identidad de nuestro pueblo y que los que vienen de lejos están rejuveneciendo.

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