29 abril, 2026

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La Paz que une nuestros corazones

Segundo Domingo de Adviento: Cómo Juan el Bautista nos enseña a “allanar los caminos”

La Paz que une nuestros corazones

¡Mis valientes! Ya tenemos dos velas encendidas. La corona empieza a parecer un faro pequeño en la mesa. Hoy hablamos de la paz, la paz de verdad, la que solo Jesús puede dar.

En la misa de hoy siempre se lee a Juan el Bautista. Imaginaos la escena: un hombre fuerte, vestido con piel de camello, comiendo langostas y miel silvestre, gritando en pleno desierto: “¡Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos! ¡Todo valle será rellenado, todo monte allanado!”.

¿Qué quería decir? Que en nuestro corazón hay “montes” de orgullo, “vallados” de rencor, “caminos torcidos” de mentiras… y todo eso hay que arreglarlo antes de que llegue Jesús.

En casa hacemos una cosa muy especial este domingo: la “caja de la reconciliación”. Es una cajita de madera que está todo el año guardada. La sacamos hoy. Cada uno escribe en un papelito a quién tiene que pedir perdón o a quién tiene que perdonar de corazón. Lo dobla, lo mete dentro y… ¡no se abre hasta Nochebuena! Así aprendemos que la paz cuesta, pero merece la pena.

Otra tradición preciosa son las Posadas (aunque se hagan más en países de habla hispana, nosotros también las vivimos en familia). Durante nueve días representamos cómo María y José buscaban posada. Vamos de habitación en habitación cantando:

— “En nombre del cielo os pido posada…” — “Aquí no es mesón, sigan adelante…”

Hasta que al final, en el salón, abrimos la puerta del belén y cantamos todos juntos: “¡Entren, santos peregrinos, reciban este rincón!”. Y rompemos una piñata llena de caramelos, porque cuando Jesús entra en el corazón… ¡todo se vuelve dulce!

Oración de hoy junto a la segunda vela:

“Jesús, Príncipe de la Paz, Tú que naciste en un mundo lleno de guerras y de miedos, ven a nuestras familias. Quita de nosotros el enfado, la envidia y la mentira. Haz que sepamos pedir perdón y perdonar de corazón. Amén.”

Miguel Morales Gabriel

Soy un jubilado empresario católico, esposo devoto, padre esforzado, abuelo cariñoso y amigo leal; fundador de su empresa familiar donde lideró con integridad durante décadas generando empleo y desarrollo local, siempre guiado por su fe, la solidaridad comunitaria y el amor incondicional a su esposa, hijos y nietos, viviendo con el lema de servir con humildad.