La MAGNÍFICA HUMANIDAD
necesitada de evangelización
El ser humano es la suma de muchas dimensiones: histórica, biológica, religiosa, sexual, económica, política, lúdica, familiar, social, psicológica, ecológica, etc. Cada una de estas dimensiones tiene diversidad de expresiones en la vida de cada ser humano. Las instituciones sociales están para servir y atender al desarrollo de cada una de estas dimensiones y de sus múltiples manifestaciones en cada individuo, mediante tiempos y espacios sociales.
Así que el progreso de una sociedad determinada se mide por el mayor o menor grado de crecimiento armónico que cada ciudadano alcance en el desarrollo de la mayoría de sus dimensiones.
Entre las instituciones sociales (económicas, políticas, culturales, etc.), muchos sociólogos consideran a la religión como la “institución rectora” o “leading institution”, porque goza de mayor prestigio, dicta la teoría de la realidad a toda la cultura y, en consecuencia, fija los criterios de valor. (Cfr. González Anleo, Juan – Para comprender la Sociología – EVD- p. 182).
En nuestras sociedades occidentales, y especialmente en las latinoamericanas, es la Iglesia Católica la que, como institución rectora y líder, “ha sellado el alma de América Latina, marcando su identidad histórica esencial y constituyéndose en la matriz cultural del continente…” (DP 445).
De tal manera que, si “los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo… son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo…(y) la Iglesia, por ello, se siente íntima y realmente solidaria del género humano y de su historia. (GS 1); entonces cabe afirmar que las luces y sombras, los triunfos y fracasos, la bondad y maldad de nuestras sociedades tienen que ver directamente con el rol de la Iglesia Católica y de sus aciertos y desaciertos en su tarea evangelizadora, vale decir, en su tarea de impregnar de criterios del Evangelio la vida de las personas y de las instituciones sociales.
Pero, si la tarea ha sido bien hecha, si la tarea de la siembra evangelizadora ha sido buena, la Iglesia Católica ha de estar confiada y no prevenida ni temerosa en la cosecha de frutos buenos y abundantes que deben darse en las sociedades lideradas por ella.
Uno de los instrumentos y documentos más importantes con los que cuenta un Papa en su ministerio pastoral y evangelizador petrino son las Encíclicas. Son documentos epistolares con los que se pretende instruir a los fieles católicos en temas de fe y moral, y a la sociedad entera respecto de los desafíos globales presentes, al tiempo que orientan la acción social de la Iglesia, unifican criterios e impulsan la tarea permanente de la nueva evangelización exigida por cada coyuntura histórica.
El Papa León XIV, este pasado 15 de mayo, coincidiendo con el 135 aniversario de la promulgación de la Encíclica “Rerum Novarum” sobre asuntos sociales de su antecesor, León XIII, ha firmado y publicado su primera Encíclica, titulada MAGNIFICA HUMANITAS, por las dos primeras palabras con las que comienza en latín, y que en español significa: LA MAGNÍFICA HUMANIDAD. Versa sobre LA CUSTODIA DE LA PERSONA HUMANA EN EL TIEMPO DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL y consta de una introducción, cinco capítulos y una conclusión.
Los invito a una lectura reposada, con todo detalle y profundidad del contenido de esta Encíclica, en la que León XIV nos recuerda principios fundamentales del Evangelio y de la Doctrina Social de la Iglesia y subraya, especialmente, los siguientes temas:
- La persona humana está – y debe estar – en el centro de todo progreso científico y tecnológico, incluido el desarrollo de la llamada “inteligencia artificial”.
- La vida de cada hombre se ilumina y esclarece confrontada con el misterio de Jesucristo, revelación de Dios-Padre. (Cfr. GS 22)
- La principal disyuntiva y enorme desafío de nuestro tiempo es construir la humanidad como una “Torre de Babel” o como una “Civilización del amor”.
- Todo desarrollo social y científico ha de estar al servicio del bien común, del bienestar de todos.
- La fragilidad humana no es un error que hay que corregir sino una riqueza y oportunidad que permite la experiencia del amor y del servicio fraterno.
- Ninguna máquina, ningún invento, puede ni debe sustituir la experiencia humana del encuentro amoroso.
- La verdad es un bien humano y común que debe ser defendido y protegido de toda manipulación.
- El desarrollo tecnológico debe procurar el bien de las personas y no al revés. Hay que dar primacía al hombre sobre el trabajo y al trabajador sobre las máquinas.
- La libertad humana, como la verdad, está siendo amenazada por la manipulación algorítmica.
- Frente a la violencia, al armamentismo, a la guerra y a la cultura de la muerte, el Papa, como sus antecesores inmediatos, vuelve a exhortarnos a la construcción de una cultura y una civilización basadas en el amor y en el respeto por la vida y por la persona humana.
- MAGNIFICA HUMANITAS ofrece a los tecnólogos y a los gobernantes un marco ético que prioriza al ser humano y al bien común por encima de la métrica fría de la optimización y la eficiencia.
- Denuncia el «colonialismo digital» mediante las herramientas tecnológicas que se sostienen sobre la extracción de recursos y la precariedad laboral en el sur del planeta
De esta manera, MAGNIFICA HUMANITAS entra al selecto grupo de las grandes Encíclicas sobre la Doctrina Social de la Iglesia, asumiendo el desafío de orientar a todos en la complejidad de nuestra coyuntura histórica: la era de la inteligencia artificial exponencial y de la automatización masiva.
De esta manera, León XIV sitúa a la Iglesia Católica como una institución religiosa rectora, no ajena a nuestros tiempos, y como una voz activa y dialogante, evangelizando “no de una manera decorativa, como un barniz superficial, sino de manera vital, en profundidad y hasta sus mismas raíces —la cultura y las culturas del hombre». EN 20
Porque la habilidad del ser humano de nuestro tiempo, sujeto moral, capaz de bien y de mal, para usar – y no para condenar ni satanizar – los progresos de la ciencia y de la técnica, dependerá siempre del papel rector que en nuestras sociedades cumpla la institución religiosa, en su tarea impostergable e irrenunciable de llegar a tiempo, de acompañarnos y de capacitarnos con principios éticos y fundamentos morales nacidos del Evangelio de Jesucristo, que se resumen en el mandamiento nuevo del amor.

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