La ciencia y el misterio de la Creación
El asombro de Chesterton ante el orden del cosmos y los límites del saber científico
La ciencia ayuda a atisbar algo de la belleza indescriptible del mundo creado, que se nos ha regalado, puesta ahí para nuestro deleite, algo que nunca acabaremos de comprender en su compleción.
La ciencia consiste en el estudio de la materia del Universo y su actividad por parte del ser humano. Y todo eso que existe objetivamente se constata en unos hechos, que se repiten… No es un absurdo o algo inventado u opinable: por eso la ciencia sólo se ha desarrollado en occidente. Hay que buscar razones suficientes que lo expliquen, decía Einstein.
Pero este saber científico no puede explicarlo todo: se complementa con otros modos de conocer. Veremos descubrimientos de los últimos premios Nobel, que todos apuntan en una dirección…
Con palabras del filósofo Gustave Thibon: «La creación ofrece suficiente armonía como para que jamás pueda dudar de Dios, y suficiente caos como para que nunca pueda comprenderlo del todo.”
La maravilla de la naturaleza y del cosmos, ese orden y armonía, dentro de su inconmensurabilidad, sólo se explica por un Creador con gran sabiduría y generosidad, por un Ser inteligente, como veremos, por un «Mago», que dice G.K. Chesterton, porque los hechos son «magia» asombrosa, a la que no debemos acostumbrarnos. Él se sorprendía del misterio de la vida, de su milagro cotidiano.

Porque, «lo que sabemos es una gota, lo que ignoramos, un océano. La admirable disposición y armonía del universo no ha podido salir sino del plan de un Ser omnisciente y omnipotente», apuntaba Isaac Newton. Él intuyó en el siglo XVII la gravitación universal. Decía con gran agudeza y humildad que los cuerpos se atraen como si hubiera una fuerza entre ellos…, aunque todavía no se podía demostrar esa fuerza. Y habría muchos descubrimientos por delante que darían nuevas luces… que ya tenemos.
Un gran pensador
Para empezar, un gran genio y pensador, G.K. Chesterton, el de la bondad y la carcajada amplia. Después de pasar por épocas de su vida oscuras y agnósticas, tristes y deprimidas, y «tocar fondo», percibe que todo es magia, como creía de niño: desde la salida del sol, al florecer de un árbol, el trinar de los pájaros, el rugido de una cascada, el fluir alegre de un riachuelo…, el estar vivo… Y todo eso apunta a un «Mago» que pone orden y armonía en el universo.
Había sentido desde niño que los hechos son en realidad milagros de la naturaleza: algo cuasi mágico, sorprendente, y de gran belleza.
Dice entusiasmado: «hay algo que da esplendor a cuanto existe, y es la ilusión de encontrar algo a la vuelta de la esquina». «Cada cosa tiene un sello divino, y quien lo descubre es feliz, y da gracias al Creador.» Aunque en ese momento era ateo…
Su infancia la recuerda como algo maravilloso y alegre, con los Cuentos de Hadas y con gran asombro ante la realidad. Le abruma la solidez y belleza de cualquier cosa de la Creación. Le parece increíblemente fastuosa, y le sorprende continuamente estar vivo. Es como si fuera algo prodigioso. No salía de ese asombro. Pensaba que en el mundo había magia y encantamiento… Vive en admiración permanente, como los niños.

Le gustaba pintar y «garabatear», y lo hacía en cualquier papel que tenía a mano. En el colegio acabó sus estudios, con muy buenos amigos, e ingresó en un centro académico prestigioso: el centro de Bellas Artes, la Slade School. Pero esos años fueron un tanto tristes y escépticos, con episodios depresivos, como el ambiente agnóstico y nihilista que lo rodeaba. Esto contrastaba con su alegre y asombrosa infancia.
No encontraba el propósito de la vida: todo era gris y mortecino. Necesitaba buscar un sentido, y respuestas a tantos interrogantes que albergaba… A veces sólo tenía fuerzas para tumbarse a leer, en concreto a Charles Dickens.
Al curso siguiente se matricula en la Universidad de Oxford, con amplios estudios humanísticos y Bellas Artes. También descubre a Walt Whitman, con su aire tan alegre y animante: “no abandones las ansias de hacer de tu vida algo extraordinario”. Y va tornando su ánimo en positivo…
En busca de ese sentido de la vida, guiado por la razón, y como en oleadas de recuerdos de su niñez, se dedica a reflexionar sobre la vida y la realidad. Porque, para Chesterton y otros intelectuales de su época, medios de conocimiento de la realidad son la razón, la imaginación, ambas en conexión, el arte, con su luz, la historia, que enseña con sus hechos…, y el sentido común que tanto caracteriza a Gilbert Keith.
Quiere buscar un ideal de vida que le dé sentido. Y se «inventa» una teoría provisional básica que aporte credibilidad a todo, partiendo de sus creencias infantiles, de las únicas que está realmente convencido: la existencia como algo increíble y maravilloso. Algo que uno no lo elige, sino que le es dada. Como en un cuento de hadas.
Y de esta percepción le surge un agradecimiento inmenso, y la alegría redoblada por el sorprendente regalo de estar vivo. Pero no sabía a quién agradecer…
Luego se dará cuenta de que todos esos pensamientos ya estaban «inventados»…

Con gracia, dice: «lo sorprendente de los milagros es que ocurren». Mucho más tarde se convertirá, descubrirá a Dios, porque, «si no hubiera Dios no habría ateos”. Emocionado, apunta: «La vida es una novela donde los personajes pueden encontrase con su Autor».
En su libro Ortodoxia, en el capítulo «El país de los duendes», donde habla de la imaginación y la fantasía, escribe: «Se busca a Dios a través de la imaginación, o se busca la verdad a través de la belleza. ¿Por qué no podría ser así?»
«Siempre he presentido que la vida es como un cuento; y si hay un cuento es que existe un narrador», dice en este ensayo.
Es decir, en esa búsqueda de algo trascendente que anhelamos, se usa la imaginación, esa capacidad tan maravillosa que tenemos, no muy valorada a veces, que nos guía hacia la belleza que necesita el alma humana para sobrevivir.
Más adelante percibirá entusiasmado que el universo es el espacio que Dios ha creado para encontrarse con el hombre…
Para despedir a Chesterton, un pensamiento suyo genial, como él mismo: «El hombre es mas él mismo, el hombre es mas humano, cuando la alegría es lo fundamental en él y la aflicción es superficial.”
Seguiremos con el universo y algunos científicos de los últimos años: F. Collins, G. Lemaitre…, etc. Como te decía, toda la ciencia apunta hacia la luz, la belleza, la armonía, el “cosmos” en su sentido etimológico…

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