08 mayo, 2026

Síguenos en

Rosa Montenegro

Voces

03 noviembre, 2025

5 min

La mirada en pausa

¡Que seamos capaces de mirar y mirarnos como Dios nos mira!

La mirada en pausa

¿Recuerdas la última vez que te han mirado a los ojos sin resbalar por tu cara?

Estamos tan encerrados en nosotros mismos que, incluso, esa mirada puede parecernos una invasión del espacio personal. Sin embargo, es la única forma digna de ser mirado como persona: sin preguntas incómodas, sin invadir, con pudor y respeto. Con aprobación y acogida.

Cuando estamos enfocados en lo importante la nitidez -la transparencia- nos ayuda a situarnos. Desaparece lo accesorio, lo sobrepuesto y la persona en su unicidad se agiganta para encontrarnos en lo vital. Es el momento de detener la mirada, de pausar, para reconectar con lo esencial que nos une y nos permite comprendernos. Debemos redescubrir que somos capaces de «poner en pausa» la velocidad que emborrona los contornos propios y ajenos.

Dirigir nuestra actividad desde lo sublime, para que no convierta en muros los puentes, esos muros que la imaginación eleva en medio de la «voracidad» digital.

La atención es un lenguaje que todos entendemos. Es un acto libre que nos vincula con el otro y nos define.  Cuando uno está en una cama de hospital descubre que el mundo sigue girando sin él y la visita que llega se agradece y, en ese contexto, nunca se olvida. Todo admite gradación: un SMS, un WhatsApp, un audio, una llamada, una visita, una tarde, una noche…Recordar una fecha, enviar un mensaje, estar ahí requiere del afecto -susceptible de ser orientado- para fijar la atención en el que lo necesita.

La atención es desprendimiento, es una decisión que emerge en el silencio que no es soledad sino fruto de un «zoom» interior.

¿Qué significa pausar la mirada en una era llena de distracciones múltiples?

La atención es una forma de presencia, una forma de reconocimiento hacia aquello o hacia quien miramos.

Debemos superar el reflejo del «saltamontes» digital:  esa especie de ráfaga constante que nos succiona y no nos permite detenernos. Tememos perder algo si no seguimos deslizando la pantalla, pero lo que realmente perdemos es la capacidad de “estar”. Así, escroleamos con rapidez, fragmentando nuestra atención, mareándonos en un mar de información que desinforma y nos dispersa. Ahí la atención muere. Y, sin la atención de Dios que se nos hace presente en el otro, morimos de inanición.

La saturación de estímulos nos vuelca hacia fuera y el silencio interior pierde su nitidez para descubrir el propósito y se precipita en una riada de sonidos y colores, movimientos y sensaciones que nos engullen y solo sacian la voracidad del consumo. una rotación que cada día exige más y nos vacía, hasta que olvidamos el camino de regreso. El protagonista de “La historia interminable” lo descubre a tiempo.

¿Qué podemos hacer?

Estos son nuestros tiempos. Y son los mejores para nosotros porque no tenemos otros. Por lo tanto, tenemos que bailar con la música que toca, pero exige saber llevar el ritmo, y saber por qué, para qué, con quién se puede bailar…

En los dinamismos que la vida nos plantea es importante “tomar distancia” para poder enfocar, ni tan lejos que el objeto se vea difuso y confunda, ni tan cerca que pierda la objetividad necesaria.  Con las personas sucede igual: la atención es dignidad, aprecio, valoración, no un atracón emocional nacido de las carencias afectivas. Requiere madurez para no exigir ni generar dependencias, esas que sólo un especialista podría tratar.

Las dependencias son voraces. Consumen y se auto consumen. Son frágiles al estímulo y crean adicción.

La realidad, que necesita la atención pausada para descubrir la verdad que porta, es sustituida por una imaginación que recrea fantasmas consumibles.  ¡Lo adictivo no necesita atención! Este se comporta como un virus dentro de nosotros y se multiplica alejándonos de la verdad y de la felicidad.

La falta de atención genera violencia

La empatía como el respeto se basan en la atención al otro, cuando ésta desaparece aumenta la violencia. Ejemplos que se contagian de modo viral: bullying, mobbing, burnout…

La falta de atención en la infancia puede convertirse en maltrato, lo que puede generar una forma de violencia sutil y dañina que afecta a la percepción de la propia dignidad personal. En los niños genera falta de autoestima, inseguridad personal y conductas agresivas. La falta de atención en los primeros años de vida priva a la persona de ser vista, escuchada y valorada y tendrá dificultad para devolver lo que no ha recibido. Necesitará curar heridas y eso es costoso sin el amor que alimenta y fortalece.

La familia al rescate

Es urgente volver a mirar con atención al que tenemos al lado, con una mirada que exprese apertura, acogida y amor.

La mirada amorosa salva: ni juzga ni condena.

La pausa, la atención son actos éticos. No son grietas ni huidas del hacer sino una puesta en acto de «EL ser “haciendo”» ese hacer es no-hacer, detenerse para cuidar y comprender. Esta forma de sostener la pausa afirma la dignidad humana frente al consumismo voraz de sensaciones, percepciones…

Enfocar la atención con la distancia correcta, es sinónimo de presencia y discernimiento.

Redescubrir la pausa es el gran desafío en la cultura de la prisa.

Enfocar la atención, el silencio y la calma transforma cada encuentro personal en el “«hacer» siendo” una obra de arte que se eleva al cielo.

Una licencia literaria sin acuerdo previo…

Mirar y ver. Mirar es un acto físico, ver es un acto intencional. Hay quien mira y no ve nada; pero el que ve, ha enfocado la mirada.

Cristo en su vida nos lo explica:

NUEVO TESTAMENTO

1.Evangelio de San juan 1, 43-49

2.Evangelio de San Lucas 22,61-62

¡Que seamos capaces de mirar y mirarnos como Dios nos mira!

Rosa Montenegro

Pedagoga, orientadora familiar (UNAV) y autora del libro “El yo y sus metáforas” libro de antropología para gente sencilla. Con una extensa experiencia internacional en asesoramiento, formación y coaching, acompaña procesos de reconstrucción personal y promueve el fortalecimiento de la identidad desde un enfoque humanista y transformador.