04 mayo, 2026

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La memoria del corazón

San Josemaría Escrivá, el santo de lo ordinario que conquistó corazones con su locura de amor divino

La memoria del corazón

El 9 de enero de 1902 venía al mundo José María Escrivá de Balaguer, en Barbastro (Huesca), jurista, teólogo y sacerdote católico español, Fundador del Opus Dei en 1928 Falleció el 26 de junio de 1975. (fuente Wikipedia).

El 17 de mayo de 1992 San Juan Pablo II beatifica a José María Escrivá de Balaguer. Lo proclama santo diez años después, el 6 de octubre de 2002 en la plaza de San Pedro, en Roma, ante una gran multitud “Siguiendo sus huellas -dijo en esa ocasión el Papa en su homilía-, difundid en la sociedad, sin distinción de raza, clase, cultura o edad, la conciencia de que todos estamos llamados a la santidad”.

La llamada a la santidad en la vida ordinaria sacudió mi vida el día que le conocí en 1972. Era un huracán de amor a Dios, que quería contagiar su locura a todos. Supuso para mí la apertura de un horizonte que solo finalizaría en el cielo. Su locura arrebató mi cabeza y mi corazón, mi proyecto entero tomo forma concreta con mi nombre, desde toda la eternidad. Su locura de amor divino era el traje que me hacía sentir “la reina de mi fiesta”, visualicé claramente mi destino, el camino y las herramientas que necesitaba para esa travesía.

Dije sí, sin titubeos al amor y al dolor. Dije sí a un amor crucificado por mí. “Amor con amor se paga”.

Aprendí que la fidelidad no es ni rígida, ni estática, que el amor de Dios no se muda y no depende de mis méritos sino del corazón que ofrezco en cada batalla aunque la pierda.

Cada día enhebro la aguja con el hilo que Dios me concede y Le miro con la esperanza de que mis nudos no hagan tropezar a nadie que camine a mi lado.

Aprendí que solo viviendo enamorada del Amor soy capaz de mantener la sonrisa y la mirada fija en el destino. Todo tiene sentido en mi vida. Las piezas encajan y se desencajan con mucha facilidad, pero en su Amor y con El, todo encuentra su lugar.

Mi trabajo profesional adquiere dimensión de eternidad; mi corazón se templa y se entrega en el recorrido; las llagas de ese cuerpo, en el que no hay nada sano, son refugio de purificación para aprender a pedir perdón y perdonar que sólo con su ayuda soy capaz de hacer. Todo esto aprendí a hacerlo vida concreta, aprendí a materializarlo, gracias a San Josemaría.

Recuerdo sus palabras “Santidad auténtica, sin paliativos, sin eufemismos, que llega hasta las últimas consecuencias; sin medianías, en plenitud de vocación vivida de lleno” (Meditación 19-III-1960)

Constantemente nos enseñó que “ser santo es parecerse a Cristo, más de Cristo, más santo” (Tertulia 16-XI-1972)

Hoy es un día para agradecer. En el fondo todo se reduce a no desviar la mirada “Ni ojo vio, ni oído oyó lo que Dios tiene preparado para los que le aman” (1 Corintios 2,9)

Hoy 9 de enero de 2026 se cumplen también dos años del ictus que sufrió mi marido y, con San Josemaría que lo cogió entre sus manos surcando el aire y superando dificultad tras dificultad, hoy sigue a mi lado. Era martes y a la semana siguiente estaba en casa sin graves secuelas.

Cinco infartos y un ictus cabalgando a lomos de la misericordia de Dios.

Y, como decía en un artículo en diciembre: “Hoy con mi edad mi corazón anhela el abrazo eterno y que al llegar me conozca y me sonría. Esa esperanza me sostiene y me impulsa a no vivir de prestado… He comprendido que no hay otro camino más seguro que dejarse reconocer por El, porque su mirada nunca se pierde, aunque la mía, a veces, se distraiga”.

¡Gracias, perdón

¡Y ayúdame más!

Rosa Montenegro

Pedagoga, orientadora familiar (UNAV) y autora del libro “El yo y sus metáforas” libro de antropología para gente sencilla. Con una extensa experiencia internacional en asesoramiento, formación y coaching, acompaña procesos de reconstrucción personal y promueve el fortalecimiento de la identidad desde un enfoque humanista y transformador.