06 agosto, 2026

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Alfons Gea

Voces

06 agosto, 2026

6 min

En el lado bueno de la polaridad

La idealización en la Iglesia

En el lado bueno de la polaridad

Una de las dificultades que se experimenta en la elaboración del duelo es despedirse de una persona o personaje idealizado.

Recuerdo una enfermera, hija única al nacer, pero precedida por un hermanito que vivió sólo unos meses. El hermano nacido y fallecido antes de que ella naciera, estuvo presente en su familia hasta la muerte de los padres. Fue su gran rival invisible.  Por un lado, los progenitores, siempre estaban de luto, con tristeza y congoja. Cualquier manifestación de fiesta era reprimida, como una falta de respeto al hermanito muerto. Cuando ella, alguna vez les recriminaba que no la habían querido, ellos le respondían que le dieron estudios y buena educación. Pero ella creció como huérfana de afectos. Por un lado, sintió celos de su hermanito y por otro se sentía culpable de esos sentimientos negativos.

La persona idealizada y ausente a la vez, se convierte en alguien tan fantástico que anula el interés por el mundo real lleno de imperfecciones.  Hay un estancamiento qué, en el caso del duelo, hace que este sea crónico o patológico. Impide el contacto con la realidad.

A veces, la idealización, en el duelo, venía precedida de una dura realidad anterior a la muerte, en el que la persona   fallecida había supuesto una escapada del ambiente sórdido que se vivía. Recuerdo una mamá que perdió a su hijo en accidente laboral. La relación con el marido y padre de su hijo había sido conflictiva, según ella, de maltratos. El hijo era su confidente, su amigo y compañero de ilusiones. El marido quedaba marginado en los encuentros madre hijo. Al fallecer el hijo, el marido intenta acercarse a su esposa. Incluso le acompaña al grupo de duelo.  Pero ella percibe estos acercamientos como una querer usurpar el lugar de su hijo.

El mundo de esta mamá era recrear la imagen de su hijo, al que mentalmente momificaba, haciéndolo eterno. Hablamos de comprar pastel de cumpleaños para el fallecido y llevar su pedazo al cementerio.

Se puede decir que la idealización es un mecanismo de defensa cuando la realidad la percibimos como adversa. Es aquel dicho de que “cualquier tiempo pasado fue mejor”.  En mi parroquia cuando se evoca el pasado reciente, en cuanto a las primeras comuniones se refiere, se habla de las multitudes de niños, en comparación con la minoría de ahora. Era una minoría la que no hacía la primera comunión. Ahora es una minoría la que asiste a catequesis. Pero pasamos por alto que antes se llegaba a la catequesis por tradición y costumbre y ahora es más por devoción y opción personal.  Prueba de ello es que, en la actualidad, hay más perseverancia que antes. En el pasado la primera comunión solía coincidir también con la última.

La idealización de una persona, de una época o de una determinada opción política o religiosa, hace que la realidad presente sea ignorada, o despreciada. Eso, como es evidente, tiene el peligro de situarnos fuera de la realidad. Es decir, de fabricar un mundo ficticio aislado.

Lo podemos aplicar esto a las relaciones personales, o sociales.

Mns. Redrado, primer hermano de Sant Juan de Dios, obispo, experto en Pastoral de la Salud, hablaba de la pastoral del buen recuerdo.  Aunque fuera difícil llegar a los sacramentos, por lo menos debíamos de dejar en el enfermo y la familia un buen recuerdo de su paso por el hospital.

La mejor pastoral, es la más posible. Al no idealizar una pastoral de la salud concreta, como sí ocurría en otras épocas donde el objetivo era administrar sacramentos, nos permitía acercarnos a la realidad del enfermo y su familia, respetándolos en su manera de ser y en su ritmo.

En mi parroquia existe un teatro y una asociación de más e trescientas familias, con casi mil personas entre niños y adultos que hacen actividades relacionadas con la educación en el tiempo libre y el arte.

Desde la idealización de lo que tenía que ser un grupo parroquial, eran unos extraños para la comunidad parroquial. Muchos feligreses los miraban como “ocupas” que usurpaban un espacio. Idealizaban lo que en otro tiempo fue, e ignoraban la realidad. El baremo era si “venían a misa o no”

Se prescindió de la idealización de lo que debían ser y se ha trabajado el acercamiento para conocer y valorar lo que hacen.  Resultado 1. descubrir que solamente un tercio de los que componen el grupo residen en el término parroquial. Y muchos participan de la vida de la iglesia en sus parroquias. 2. Han salido varios catecúmenos que se han bautizado y confirmado. 3. Se ha elaborado un ideario que habla de fe y cultura. 4. Se creó a comisión de valores que trabaja transversalmente valores cristianos.

No idealizar lleva a aceptar la realidad tal cual es y situarnos en ella.

Pero seguimos idealizando y además, desde la polaridad. Caín y Abel representan esta polaridad, agrícolas y ganaderos, de tal tendencia política y su contrario. Incluso dentro de la Iglesia polarizamos. Hablamos de tal o cual creyente, o sacerdote o congregación religiosa con una facilidad clasificatoria. Es más, a veces el nombre de una asociación religiosa, o movimiento define sin más una persona. Idealizamos positiva o negativamente en detrimento del análisis de la realidad.

Se polariza entre bueno y malo, dependiendo de nuestro punto de partida, etiquetando al personaje. La idealización positiva o negativa, es sin duda una percepción pobre o falsa de la realidad, en cuanto que se prescinde de la complejidad de los hechos o de la persona.

Incluso en conceptos claros como la categoría diagnóstica también nos podemos equivocar. Esta semana he atendido a un joven que de pequeño le diagnosticaron autismo. Es cierto que tiene una sensibilidad especial, pero con veintidós años, trabaja estudia y tiene un pequeño grupo de amigos y una cierta vida social. Ha vivido acomplejado por este diagnóstico. Lo mismo cuando nos toca ser extranjeros, o tener una peculiaridad. Tendemos a ser adolescentes que no pueden sufrir las diferencias, aunque precisamente quieran diferenciarse.

El Papa León XIV ha enfatizado la importancia del diálogo y la integración en su visita a España, donde ha llamado a superar la polarización y las narrativas divisivas. Durante su intervención en el Palacio Real, instó a la sociedad española a optar por la cultura del encuentro frente al enfrentamiento, destacando que la historia de España sugiere que la estabilidad y la prosperidad se generan a través del encuentro, no del enfrentamiento. Además, ha criticado las narrativas divisivas y ha propuesto una reconstrucción de puentes en la sociedad, promoviendo la educación crítica y la comunicación abierta.

La polarización no es patrimonio de una tendencia concreta. Se critica y desprecia a los contrarios, el caso es que siempre nos situamos en el lado bueno de la polarización. Nos reconocemos en Abel, pero la crítica, a veces, parece un intento de aniquilar al otro. Abel murió, pero Cain sigue vivo.

Alfons Gea

Licenciado en Teología en Facultad de Teología de Barcelona (1988). Diplomado en Magisterio – profesor EGB. Universidad de Barcelona (1990). Licenciado en Psicopedagogia. Universidad Ramón Llull, (1994). Responsable del Servicio de Atención al Duelo de Funeraria Municipal de Terrassa (2001-2022). Terapeuta en Gabinete Gedi - Psicología aplicada (2022). Párroco de St. Viucente de Jonquereas, de Sabadell (2012). Articulista en revistas especializadas y prensa comarcal. Formador en atención al duelo de profesionales sanitarios y sociosanitarios: Trabajadoras sociales, psicólogas/os, médicas, enfermería, maestras (1995). Ha participado en varios programas de opinión y debate de televisiones y radios nacionales. Anteriormente ejerció como asistente espiritual de los hospitales en Terrassa: San Lázaro, Mutua, y Hospital de Terrassa (1997-2018. Fue párroco de la parroquia Virgen de Montserrat de Terrassa (1997-2013) y responsable de Formación de la Delegación de Pastoral de la Salud de la diócesis de Barcelona (1995-2005). Delegado episcopal de Pastoral de la salud de la diócesis de Terrassa (2005-2012). Coordinador de la Pastoral de la Salud de la Conferencia episcopal catalana. Maestro de EGB, Coordinador de secundaria, subdirector de escuela, jefe de gabinete psicopedagógico, fundador y director del Centro Sara – casa de acogida para enfermos de SIDA, educador en situaciones de riesgo social, Fundador del Taller Solidario – centro de inserción laboral.