17 septiembre, 2026

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Cardenal Arizmendi: Atención a las adicciones

La compleja realidad de las adicciones —desde sustancias ilícitas hasta el alcohol y las pantallas— y propone una respuesta integral basada en la prevención familiar, la empatía y el acompañamiento pastoral

Cardenal Arizmendi: Atención a las adicciones

El cardenal Felipe Arizmendi, obispo emérito de San Cristóbal de Las Casas y responsable de la Doctrina de la Fe en la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), ofrece a los lectores de Exaudi su artículo.

HECHOS

Hace muchos años, en Chiapas, una joven me confió que andaba en las drogas y ya se quería salir, pero que los líderes la amenazaban que, si se salía, se atuviera a las consecuencias, tanto para ella como para a sus familiares, incluido su asesinato. Por fin, logró escapar y me decía que cayó en ese mundo primero por experimentar lo que se siente, luego por gusto y por negocio, pues sacaban buen dinero con andar vendiendo drogas. ¡Qué difícil es salir de ese mundo!, sobre todo cuando están dentro por adicción propia o por el negocio que eso significa. A dos de nuestros seminaristas, que estudiaban la Preparatoria en una escuela pública, les estaban obligando a vender droga en la misma institución; tuvimos que intervenir ante los maestros para que tomaran cartas en el asunto. Se liberaron de esa presión.

En muchos lugares hay los que llaman “anexos”, donde hay cientos de jóvenes y mayores de edad adictos al alcohol o a las drogas, en un proceso de recuperación. Hay casos en que, después de varios meses, salen y se mantienen sobrios; pero otros vuelven a caer, porque son muy profundas las heridas que llevan dentro. Un grupo de sacerdotes de Toluca, desde hace tiempo, tienen un centro de rehabilitación con la finalidad de ayudar a quienes han caído en esas adicciones. Hay miles de historias de todo signo.

Una adicción muy común es el exceso en bebidas embriagantes, sin excluir a mujeres. Son personas trabajadoras y cumplidas en su hogar, pero también con necesidades profundas, como ser reconocidos por parte de otros que tienen la misma inclinación, o por el gusto de reunirse y formar un grupo dizque de amigos, o por compensar complejos y frustraciones; también dicen que es para relajarse de tantas responsabilidades y problemas que tienen.

Otra adicción más actual es la dependencia excesiva de las pantallas, sea de televisión, de celulares, de tabletas y otros medios modernos. Una cosa es saberlos utilizar, pues tienen sus grandes ventajas, y otra hacerse sus esclavos.

ILUMINACION

El Papa León, en una reunión con personas del CELAM, de la OEA y de Dicasterios Pontificios, expresó: “Las adicciones son un fenómeno complejo que pone de manifiesto el fracaso de un mundo deshumanizado. El sufrimiento de los jóvenes nos reclama respuestas integrales: prevención comunitaria, atención científica, justicia con rostro humano y acompañamiento pastoral cercano. Nuestra contribución tiene que ir dirigida al cuidado, la presencia y la reconstrucción del tejido comunitario.

Me complace constatar cómo, en este encuentro, convergen cuatro puentes que representan otras tantas vías de colaboración en este ámbito. 

El primer puente es entre la Iglesia y los organismos internacionales, ya que nadie puede enfrentar solo el problema de las drogas. El segundo puente es entre la ciencia y la fe. El tercer puente es dentro de la Iglesia que peregrina en los distintos continentes. El cuarto puente es ecuménico.

Pero permítanme detenerme un instante en una institución que recorre nuestro trabajo de manera transversal: la familia. La familia, que el Concilio Vaticano II la llamó justamente «iglesia doméstica», es el lugar donde se cultiva la vida, donde se la cuida y proyecta. No hay mejor prevención contra las drogas que una buena familia.

Actualmente, somos testigos del dolor de muchas familias rotas, ya sea por el consumo de drogas, la violencia, el reclutamiento criminal de un hijo, la pobreza o la falta de oportunidades que empujan al costado del camino. San Juan Pablo II nos pidió hacer de la Iglesia «la casa y la escuela de la comunión». Y el Papa Francisco nos recordó que Jesús quiere que «toquemos la miseria humana, que toquemos la carne sufriente de los demás». Aquí queda expresado el núcleo de la misión que ustedes llevan adelante: que la Iglesia sea una familia, incluyendo especialmente a las personas que sufren.

Finalmente, quisiera expresarles un deseo: que la Iglesia sea la familia de todas las personas que se quedaron al margen del camino. Como el samaritano, que se hizo prójimo del hombre caído, no pasemos de largo; construyamos una Iglesia que se detiene, se acerca, se conmueve, unge las heridas, alimenta y se convierte en hogar” (27-VIII-2026).

ACCIONES

En vez de sólo menospreciar, juzgar y ofender a quienes han caído en alguna de estas esclavitudes, esforcémonos por tratar de descubrir la causa de sus adicciones. Quizá en la propia familia no han recibido el aprecio y el cariño que todos necesitamos. Quizá lleven en el alma heridas muy profundas, puede ser que desde su niñez. Quizá van arrastrando complejos emocionales que les hacen refugiarse en estas compensaciones momentáneas. No sólo los condenemos. Tratemos de darles atención respetuosa y ofrecerles los medios apropiados para su liberación.

Cardenal Felipe Arizmendi

Nacido en Chiltepec el 1 de mayo de 1940. Estudió Humanidades y Filosofía en el Seminario de Toluca, de 1952 a 1959. Cursó la Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca, España, de 1959 a 1963, obteniendo la licenciatura en Teología Dogmática. Por su cuenta, se especializó en Liturgia. Fue ordenado sacerdote el 25 de agosto de 1963 en Toluca. Sirvió como Vicario Parroquial en tres parroquias por tres años y medio y fue párroco de una comunidad indígena otomí, de 1967 a 1970. Fue Director Espiritual del Seminario de Toluca por diez años, y Rector del mismo de 1981 a 1991. El 7 de marzo de 1991, fue ordenado obispo de la diócesis de Tapachula, donde estuvo hasta el 30 de abril del año 2000. El 1 de mayo del 2000, inició su ministerio episcopal como XLVI obispo de la diócesis de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, una de las diócesis más antiguas de México, erigida en 1539; allí sirvió por casi 18 años. Ha ocupado diversos cargos en la Conferencia del Episcopado Mexicano y en el CELAM. El 3 de noviembre de 2017, el Papa Francisco le aceptó, por edad, su renuncia al servicio episcopal en esta diócesis, que entregó a su sucesor el 3 de enero de 2018. Desde entonces, reside en la ciudad de Toluca. Desde 1979, escribe artículos de actualidad en varios medios religiosos y civiles. Es autor de varias publicaciones.