El Papa León en España: ¡gran siembra de bien!
Crónica de una siembra de fe, esperanza y humanismo teocéntrico en la sociedad actual
La visita apostólica a España del Papa León XIV nos está confirmando en la fe. Lo está haciendo con su prodigiosa y emocionante siembra de entusiasmo, de ilusión, de alegría, de optimismo, de esperanza y de amor. Lo está realizando con su amabilidad, bondad, simpatía, afecto, caridad, apertura dialogante, belleza, poesía, pasión, y buen hacer, y de modo muy atractivo nos está enseñando la belleza del humanismo teocéntrico.
Es evidente que el ser humano tiene una hermosa misión consistente en ser verdaderamente hombre, y en ser hombre bueno. Está hecho para la verdad y para el bien, y así poder ser feliz. Por una parte, siempre el hombre, por su concepción y por su naturaleza, es verdadero hombre, y ningún hombre es más hombre que otro. Por otra parte, el hombre puede ser inhumano. Puede también llevar su humanidad a su plenitud, y, en este sentido, puede llegar a ser más humano.
Cuando el hombre pierde a Dios, pierde también su humanidad, esto es, se hace inhumano, ya que el hombre ha sido hecho por Dios y para Dios y solo en Dios encuentra su plenitud y su descanso. Sin Dios, únicamente puede estar inquieto, no puede ser feliz. La gracia sana las heridas de la naturaleza. ¡Cuánto bien ha hecho la religión por haber hecho al hombre más humano, sanando también las heridas de inhumanidad que fácilmente pueden anidar en el corazón!
¡Cuánto bien ha hecho la religión católica elevando a la persona humana, dándole la plenitud, la felicidad, la alegría y la salvación! ¡Nunca podremos agradecer suficientemente el bien grandísimo que nos hace la religión, la profundidad tan grande de la salvación que ella opera en el corazón humano!
Muchos han pretendido arrancar a Cristo del alma, cuando la realidad es que en Cristo tenemos todo nuestro bien ¡Es un gran engaño creer que se ha de arrojar a Cristo del corazón humano! Este gran engaño, ¡cuántas heridas y cuántos sufrimientos ha conllevado! ¡Hay un nuevo renacer, muchos jóvenes buscan aquello que únicamente puede llenar Dios, la religión! El Papa, a innumerables jóvenes, les ha abierto nuevos horizontes, ha sembrado ideas madre, ha despertado interrogantes que invitan a ser más, a tener nuevas luces, a ser más felices, a vivir con mayor gozo la vida, ha decidirse por una vida responsable, excelente y buena.
Como ha dicho el Papa León XIV, recordando al Papa Juan Pablo II: ¡no temáis, abrid de par en par las puertas de vuestro corazón a Cristo! El actual Sumo Pontífice también nos ha recordado la expresión del Papa Benedicto XVI: Cristo no quita nada, y lo da todo. Frase que se puede complementar con otra del propio Papa Benedicto: el mundo lo promete todo, y no da nada.
La religión católica, que es la principal maestra en humanidad, está haciendo, a través de toda la historia, una siembra maravillosa, que puebla el mundo de flores y frutos magníficos. El principal es ensanchar el corazón del ser humano de manera que goce plenamente de Dios, ya en esta tierra, y más aún en la eternidad. Estar en el cielo con Dios, viéndole, gozándole, amándole, y todo esto para siempre y sin poder perderlo. Posesión en la gloria celestial de todo bien, sin mezcla alguna de mal. ¡Oh, tesoro infinito de Dios, que nos amas con un amor infinito y eterno!
Donde está Dios, está el cielo. La Iglesia no mira únicamente al individuo, sino al bien de todas las personas humanas, a la construcción de lazos de caridad, a la unidad del género humano. Es constructora de amistad, de amor, de encuentro, de acogida, de solidaridad, de justicia, de buena interrelación social. Y mientras el corazón deshumanizado al encontrarse ante los más necesitados vuelve el rostro hacia otra parte, ella los mira con especialísimo afecto, reconociendo en ellos a Cristo.
La Iglesia, al ir sembrando en el camino de la vida, ha hecho aflorar, en tantísimos sitios, grandísimos tesoros de teología, filosofía, ciencia, arte, cultura, deporte, etc., reflejos que participan de la belleza de Dios. ¡La Iglesia es maestra de humanidad y de sabiduría! ¡La Iglesia, seguidora de Cristo, Dios y Hombre perfecto y humanísimo, es humanísima!
Al desplegarse ante los ojos la belleza inmensa del genio del cristianismo, el corazón se llena de maravilla por tanto bien, y tanto que agradecer a la Santa Madre Iglesia católica, la continuadora de la obra de Cristo.
¡Cuánto también hemos de agradecer al Santo Padre, al Vicario de Cristo, el inmenso bien, la gran siembra de verdad y la poética belleza que nos está deparando en estos días en España invitando a los hombres a levantar el corazón a Dios, al Salvador, y a construir un mundo más fraterno, así como más humano ¡Viva el Papa!

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