20 mayo, 2026

Síguenos en

El padre en la familia

La figura del padre como guía, referente y pilar en el desarrollo de la familia

El padre en la familia

Nos acercamos a la fiesta de San José, el día del padre, y escribo unas ideas para refrescar y agradecer sus cualidades y fortalezas en bien de la familia, y de la humanidad entera.

La familia es algo tan original, que tiene dos líderes al mismo nivel. Para dirigir una familia, la institución natural más antigua y amable de la historia, necesitamos un padre y una madre, bien unidos, formando un solo equipo.

Cada uno aporta su forma de ser, de percibir la realidad, de dirigir, de relacionarse, de querer… Con unas cualidades y habilidades propias, y distintas de la mujer, al servicio de la familia. Y formas de educar a los hijos un poco diferentes, que se complementan, en beneficio de ellos. Los hijos necesitan ver esa alteridad y diferencia, en la cual cada uno está diseñado para el otro, mostrando cariño y unión, y siendo un buen referente para ellos en todos los aspectos.

Decíamos en otro artículo que, a la madre le gusta y se le da muy bien cuidar, hacer ambiente de hogar confiado y alegre, atender a los sentimientos de cada uno, tejiendo buenas relaciones.

el padre, «líder» de la familia, se le da bien señalar un camino, apuntar a ideales, ser modelo de identidad. Él pone «de modaunos valores humanos nobles que trata de personificar, para que los hijos lo vean hecho vida, y sean su referente.

En ese ambiente entrañable de la familia es donde crecen las personas, gracias a la libertad y al cariño. A la mujer se le da bien precisamente estar en los detalles, poner afecto: está diseñada hacia el cuidado de los demás, muy especialmente en la maternidad. Es acogedora y tiende a proteger a los hijos.

En cambio, es más propio del varón, del padre, dar seguridad, ser un referente que guía y arrastra, y hacer fuertes a los hijos para la vida.

Vamos a la neurobiología y al desarrollo embrionario…

Cada nueva persona que es concebida, gracias a ese acto de amor espléndido de sus padres, en la octava semana de la gestación ya aparecen las diferencias, como sucede con otros órganos.

Si sigue su curso, será una niña; si se diferencia, un niño. Y cada una de las células de su organismo es XX o XY, además de los caracteres sexuales primarios que conforman el sexo biológico: femenino o masculino.

Posteriormente, con el nacimiento, las niñas están muy a gusto en el ambiente materno, femenino, en la relación con su madre, con el sano apego y sus cuidados…, aunque también necesitan de la figura del padre para formar su identidad.

Sin embargo, los niños varones, además de la figura materna, que les aporta delicadeza, empatía y ternura, necesitan la forma de ser masculina para reconocerse en ella. Y mucho más antes de la pubertad, entorno a los 6-7 años, para formar su identidad sexual y su personalidad.

Los padres….

Respecto a la paternidad, se ha reaccionado ante formas de ser del pasado, quizá muy autoritarias o patriarcales, y se rechaza su fortaleza y hombría. Ahora «se llevan» unos padres estilo madres, es decir, cariñosos, empáticos, amables… Algo que está muy bien, y es una faceta de la masculinidad, pero poco se dice de su específica personalidad masculina, de su capacidad de resistir y acometer, de su autoridad y concreción de valores que señalen el camino y den seguridad a los niños, y a la familia.

Ambos aspectos, la delicadeza y la fortaleza, son propios de ellos, como apunta Mariolina Ceriotti, e importantes y necesarios para los hijos. Y la autoridad no es algo pasado de moda, sino la forma de guiar a los hijos en su creciente desarrollo, autonomía, y libertad. Te lo cuento en mi blog en el artículo: «Autoridad y libertad».

En este sentido son muy relevantes los valores que encarna el padre, también la madre, basados en principios, que por eso no pasan de moda. Son una guía luminosa en el actuar cotidiano. Esos valores vividos «cristalizan» en bitos y virtudes personales, que aprenden los hijos, y ennoblecen y cualifican al ser humano. El padre es para los hijos esa luz que ilumina, señala y anima a actuar con dignidad y sentido, motivando y arrastrando con su ejemplo vivo.

Ellos son firmes en los objetivos, pero a la vez flexibles en los modos de alcanzarlos. Son coherentes con esos valores hechos vida. Dan estabilidad, además de cariño y confianza. Por eso es tan bueno y necesario que dediquen tiempo real en familia, estando presentes, sin “interferencias» o distraídos, construyendo familia.

Tratan con delicadeza y cariño atento a su esposa, saben conversar, aprenden a escuchar, a conectar, también con los hijos. Los niños aprenden cómo se trata a las personas, especialmente a las chicas, en ese trato delicado del padre hacia su madre. Y también estimulan la fortaleza en sus hijos con actividades, deporte, encargos, dando autonomía…, ayudando a pensar en “los otros”.

Como señala Tomás Melendolas personas mejoran y se «pulen» con el trato personal con los demás. Ahí se aprende a querer. Por eso en familia es necesario dedicar tiempo, primero en pareja, y luego a los hijos, tanto la madre como el padre: nos necesitan a ambos. Ahí se «cuece» la formación de la personalidad de cada uno. También la de los padres, que, en ese ayudar a ser… a los hijos, ponen toda su persona, sus talentos, su vida, sus anhelos, en esa misión tan trascendente con ecos de eternidad.

Siguiendo con los padres, varones, ellos lanzan a los hijos, primero jugando, luego dándoles metas y retos, fortaleza y empuje. Y más tarde los conecta con el mundo exterior de la familia: los lanza fuera. Sin su apoyo les sería muy difícil salir, porque la madre tiende a proteger, algo muy valioso al principio de la vida, pero llega un momento en el que tienen que salir del «nido», y vivir su vida. Y para ello deben entrenarse antes, donde si se caen pueden levantarse y volver a intentarlo, aunque nos duela más a los padres…

Es decir, se trata de ir dando autonomía y libertad, la que puedan asumir en ese momento según su madurez y circunstancias, para que aprendan a pensar y actuar por sí mismos. Así también aprenden a ser responsables: la otra cara de la libertad que tanto les gusta.

la mujer tiene un papel muy relevante a la hora de admirar y apoyar a su marido, aunque muchas veces no esté totalmente de acuerdo. Algo imposible dadas las diferencias entre los dos, pero, en aras de la unidad en la familia, de hacer equipo, y hacia los hijos, que ven ese referente de unióque les da seguridad y confianza, y cariño del bueno, además de ser su guía y su punto de mira. El padre no es una figura accesoria, sino constituyente de familia. Necesario e imprescindible. Que no nos engañen… Y los hijos lo necesitan, también para su autoestima: no los dejemos “huérfanos” de padre.

En sinergia…

El padre tiene sus talentos, distintos a la madre, pero las diferencias suman y unen porque somos seres recíprocos. Cada uno diseñado para el otro, y potencia y prestigia al otro, porque le quiere de veras. Y el resultado es una sinergia creciente entre los dos en beneficio de la familia, y de los hijos, que se sienten inmersos en ese cariño que les da vida y les ayuda a desarrollarse y desplegar sus cualidades, únicas, singulares.

Es necesario redescubrir el valor de la masculinidad autentica, en unión con la mujer. Que él se sienta valorado, admirado y querido. Y ambos dotar de esa alteridad, equilibrio y cariño a los hijos.

Como dice María Calvo, sin olvidar lo bueno del pasado, ni las actuales circunstancias de la vida moderna, en las que la mujer suele trabajar también fuera del hogar. Pero, sin apartar al hombre, o considerarlo poco cualificado, como se hizo a finales del siglo pasado.

Ambos somos imprescindibles, distintos, y hacemos sinergia: en la forma de amar y formar una familia, donde crecen las personas al calor del cariño, en la dirección del hogar y la educación de los hijos… etc. Y de ello depende el futuro de la humanidad.

En definitiva, los padres, ambos, con nuestro cariño y buen hacer, somos ese referente puerto seguro para los hijos, al que mirar y siempre volver, tomar cariño y energía, y volver a salir a la vida… con ideas claras y metas nobles por las que luchar.

Tan cercanos al día de San José, podemos pedirle ayuda y protección para nuestras familias, para cuidar el amor de pareja, mirándonos en el suyo, y para educar a los hijos: que seamos sus referentes y descubran el sentido y propósito de su vida.

María José Calvo

Soy Mª José, Médico de familia. Estudié en la Universidad de Navarra, y allí conocí a mi marido. Pronto la familia suscitó un gran interés en mi. Tuve la suerte de conocer y formarme con grandes pedagogos, entre ellos el Profesor Oliveros F. Otero, uno de los fundadores del Instituto de Ciencias de la Educación de la Universidad de Navarra. También hice diplomados en Orientación Familiar en Madrid, en IPAO, con grandes profesionales y amigos, y un Asesoramiento familiar con Edufamilia. Hace tiempo comencé la aventura de escribir para compartir tantas cosas que tenía en mi cabeza y en mi corazón, e iba haciendo vida en mi propia familia, a la vez que escribía en la Revista Hacer Familia, de Palabra. Pinceladas sobre la familia, el amor de pareja, y el arte de educar, con una mirada antropológica humanística, basada en la ciencia, la biología, la medicina… Asimismo, colaboro con otras revistas y diversas webs. En familia creamos un ambiente de confianza y libertad, donde se construye y re-construye cada persona, y donde se quiere a los demás de forma natural. Y ese ambiente va humanizando nuestro entorno. Aquí me tienes: optimistaseducando.blogspot.com.es