31 agosto, 2026

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Alfons Gea

Voces

31 agosto, 2026

10 min

Educar para el turismo post capitalista

Hacia una experiencia de viaje consciente: fe, sostenibilidad y el fin de la masificación turística

Educar para el turismo post capitalista

No se extrañen del título. La idea no es mía, es de un estudiante de doctorado, David, hijo único, de padres de la República Popular China, de religión evangélica, que asiste a nuestra parroquia ecuménicamente. Este estudiante está haciendo su tesis enfocada a un turismo sostenible.

Creo que también desde la fe se puede abordar el tema.

En el Evangelio, el centro de peregrinación por excelencia era el Templo de Jerusalén, motivo de crítica, por parte de Jesús en varias ocasiones ante la viuda pobre, Mc. 12, 41-44, Lucas, 21, o con aquellos que alababan la grandeza del edificio, Mateo, 24, 1-2, o el de la expulsión de los cambistas, Juan, 2.

Quizás estemos ante el final de un ciclo de producción que responde a la saturación del mercado turístico.

Ni soy economista ni pretendo analizar la degradación de la industria vacacional. Puede sonar incluso a una conformidad y consuelo al no haber ido de vacaciones.

Vivo en una ciudad cercana a la gran urbe de Barcelona y de vez en cuando me toca ir por motivos pastorales o para proveerme de algún libro a librerías emblemáticas de la capital. Pero, ahora, es la Sagrada Familia de Gaudí la que se lleva la palma. Con buen criterio, no hay programación de eventos interdiocesanos que no se celebren en la basílica, a la qué popularmente se le empieza confundir con la catedral de Barcelona.

No es recomendable para las personas que sufran agorafobia, o claustrofobia, pues la densidad de personas por metro cuadrado es semejante a la del metropolitano en hora punta. La obra magna del Venerable Antoni Gaudí, realmente es una catequesis teológico-bíblica en piedra, hormigón, cristal, hierro, materiales y luces. Es un parque temático sobre nuestra fe. Eso por sí solo es un valor. Tenemos, por ejemplo, al escultor japonés, Etsuro Sotoo, que pidió trabajar en el edificio, convirtiéndose en el escultor principal y abrazando la fe cristiana solicitando el Bautismo.

Pero cuando un edificio o una ciudad dejan de cumplir su función primera, para pasar a otro cometido diferente al que fueron creados, algo falla. En una de las recientes visitas, éramos casi un centenar de sacerdotes de la diócesis de Terrassa, con el obispo al frente. Estábamos en la visita guiada por una señora que hablaba perfectamente el catalán a pesar del acento italiano que delataba su origen. Explicaba los pormenores de la obra, entreteniéndose en anécdotas y supuestos mensajes de figuras enigmáticas. No obstante, repitió en varias ocasiones que ella no era creyente. Aquí es frecuente esta afirmación y más cuando el tema es religioso.

Difícilmente en Italia, o en otros países los guías turísticos manifiestan sus credos. Pero lo que quería referir era que nos dieron las doce del mediodía. Sonaron las campanas de lo que pareciera un carrillón, con la melodía del el Virolai, que es el canto más popular dedicado a la Virgen de Montserrat, patrona de Cataluña. En aquel momento, con la basílica llena, ni se hizo silencio, ni se rezó el Ángelus. Lo sugerí, pero se aludió al respeto a los visitantes que estaban siguiendo la visita con diferentes guías. El objeto turístico, diseñado para alabanza de la Sagrada Familia, era un objeto de curiosidad y no un lugar de oración.

Lo mismo sucede con la gran ciudad, en la que se van cerrando comercios centenarios, entre los cuales hay algunas librerías para abrir tiendas dedicadas única y exclusivamente al turismo. Proliferan de manera burda tiendas monotemáticas, donde se puede adquirir una pequeña

figura, destinada al pesebre de Belén. Dicha figura, se hizo popular hace unos cincuenta años. No sabemos si quien la adquiere pondrá el pesebre en casa. La figura en catalán se llama “caganer” que traducido quiere decir “cagón”. Imagínense el muñequito. Lo fabrican figurando diferentes personajes de la política o deportivos.

Ha llegado el momento, en el que en el centro de la ciudad el turismo es superior a los habitantes, y además los pocos que habitan son extranjeros, que no hablan ninguno de los idiomas oficiales de Cataluña, la ciudad se convierte en una extraña para los propios catalanes.

Y lo peor es que va creciendo. Hay un patrimonio social que ya se ha deteriorado. Este fenómeno que sucede en Barcelona, está pasando en aquellos centros de interés turístico que otrora tenían vida propia. Ahora son ciudades-fantasma, que de día bullen de turistas y de noche están deshabitadas.

Las grandes ciudades se pueden convertir para el visitante en un bufet libre de monumentos, lugares y paisajes arquitectónicos, que el viajero mira, fotografía, colecciona y divulga para competir y consumir. Las nuevas tecnologías han ayudado a ello. ¿Cuántas bellas ciudades o paisajes de la geografía cercana quedan fuera del circuito del consumo turístico?

No son ciudades-líder, pero pueden contener otros alicientes fuera del circuito comercial. Adolecen de la masificación, de las colas interminables para entrar, de la estrechez para circular, e incluso de la suciedad y aglomeración de gente. Estos inconvenientes habituales en el turismo de masas, que acompañan al turista consumidor no suelen salir en los reportajes fotográficos. No nos vemos regresando a casa con un reportaje, de los inconvenientes de nuestro peregrinaje.

En el turismo religioso sucede lo mismo. Las catedrales catalanas del resto de diócesis que no son Barcelona, apenas son visitadas. En cuanto a los Monasterios, Monserrat copa la atención de todos, mientras Poblet, del císter, por ejemplo, es ignorado, cuando el silencio, la luminosidad y el desasosiego envuelven al visitante que se siente pequeño ante la majestuosidad de la ciudad monasterio que forma parte de la ruta del cister con sus próximos vecinos, Vallbona i Santes Creus.

En el ámbito infantil, también se tiende al consumo capitalista. Un estadounidense se sorprendía de qué Disney también estuviese en Europa. No tanto porque el mundo Disney no fuera de ámbito universal, sino porque los hermanos Green creadores de personajes universalmente conocidos en sus cuentos infantiles no dieran motivo para recrear los cuentos.

Cuál pudiera ser un turismo más humano, racional, sostenible y a la vez ecológico. Nuevamente Jesús nos inspira a conocer, caminar, descubrir y relacionarse con gente nuevas. Cuando no es él mismo el que toma la iniciativa con la samaritana o Zaqueo, son otros como la mujer cananea que aun siendo extranjera sale a su encuentro. Mt. 9, 32-38

Encontrarse con las gentes propias del lugar cada vez es más difícil, no porque sean repúblicas dictatoriales donde los resorts y hoteles son reductos de lujo rodeados pero aislados a la vez de la pobreza y miseria de los autóctonos, sino porque en los grandes destinos turísticos la invasión de extranjeros es tan desproporcionada que hacen incómodo el habitar en un lugar que pareciera una estación de tren. Acaban marchándose de allí, para ir a vivir a lugares más tranquilos. De ahí que es difícil encontrar parisinos en París o catalanes en el centro de Barcelona.

Naciones Unidas habla del turismo sostenible y da pautas para ello.Son sencillas y realizables. Por su parte, el papa León XIV apela a la ética y la moral de los países ricos que maltratan a los que vienen a nuestros países buscando un mundo mejor. En su visita a la isla italiana de Lampedusa a principios del mes pasado apeló a un plan estratégico de larga duración, que sea capaz de acoger, proteger, promover e integrar a los migrantes y, al mismo tiempo, trabajar por el desarrollo, de tal forma que nadie se vea obligado a emigrar». «Europa posee un potencial único, que deriva de su historia y de su cultura y, por eso mismo, una equivalente responsabilidad», ha argumentado. «Europa tiene la capacidad de afrontar la crisis de modo orgánico». Quizás sea hora de plantearnos un turismo social, tanto como viajeros como anfitriones. Decía:»También en Lampedusa la cultura de la acogida tiene una vocación turística que, por desgracia, puede sentirse amenazada por las rutas migratorias y desarrollarse en la indiferencia o incluso en contraposición a sus aspectos más dramáticos», «Incluso parece que se deba elevar un muro invisible entre el mar de los náufragos y el de los veraneantes».

El caso es que el turismo forma parte de la cultura, y al revés también, la cultura hace un determinado turismo.

Quizás, como en muchas cosas, debiéramos volver a los orígenes. El turismo, como lo conocemos ahora era privilegio de las clases adineradas. Los de a pie si salían al extranjero, era para trabajar.

Recuerdo de niño, que viajamos al pueblo de origen, Vélez Rubio. Los parientes que no habían emigrado no sentían necesidad de abandonar el pueblo, ni tan solo de visita. En su sistema de producción, las fiestas, los descansos y alguna comida extraordinaria, era todo lo que necesitaban para ser más o menos felices. Nosotros, éramos los pobres que nos habíamos perdido el permanecer en el lugar de origen.

Quizás nuestras ciudades no sean tan habitables como los pueblos, o quizás necesitamos consumir y vamos quemando recursos en pro de la novedad permanente.

Cuesta hacer entender a la feligresía, que en verano se está bien en la parroquia, sin apenas actividades y dando un ritmo más racional a las cosas de cada día.

Pero ante la posibilidad de salir unos días, podemos plantearnos el catálogo de destinos y el presupuesto disponible o bien, empezar a crear nuestro propio descanso. Las posibilidades son muchas.

Últimamente, sé de grupos de espiritualidades alternativas que ocupan hospederías de monasterios católicos. La experiencia tanto para las comunidades religiosas como para los visitantes suele ser fructífera y agradable. Pero preguntando a los religiosos el porqué no hay católicos ocupando el edificio, me dicen que apenas hay demanda.

Otra posibilidad que va emergiendo es la de hacer colonias familiares, no sólo para los niños, sino para la familia entera. Suelen ser grupos de padres organizados que alquilan una casa de colonias y posibilitan para los pequeños el contacto con la naturaleza.

En algunas parroquias organizan viajes grupales, donde se convive por la mañana hasta la hora de comer, en el monasterio, casa de espiritualidad o de colonias. Se suele trabajar temas de espiritualidad o crecimiento personal. A la tarde se destina a las visitas turísticas que suelen ser algún monumento, o ciudad y si se puede muestras de artesanía local. Se intenta que la gastronomía sea la del lugar.

Si bien es cierto que a la hora de volver y explicar dónde hemos estado, vamos a quedar en inferioridad de trofeos, ante destinos estelares. Pero no necesitaremos varias semanas para descansar en casa por el agotamiento del viaje turístico comercial.

Alfons Gea

Licenciado en Teología en Facultad de Teología de Barcelona (1988). Diplomado en Magisterio – profesor EGB. Universidad de Barcelona (1990). Licenciado en Psicopedagogia. Universidad Ramón Llull, (1994). Responsable del Servicio de Atención al Duelo de Funeraria Municipal de Terrassa (2001-2022). Terapeuta en Gabinete Gedi - Psicología aplicada (2022). Párroco de St. Viucente de Jonquereas, de Sabadell (2012). Articulista en revistas especializadas y prensa comarcal. Formador en atención al duelo de profesionales sanitarios y sociosanitarios: Trabajadoras sociales, psicólogas/os, médicas, enfermería, maestras (1995). Ha participado en varios programas de opinión y debate de televisiones y radios nacionales. Anteriormente ejerció como asistente espiritual de los hospitales en Terrassa: San Lázaro, Mutua, y Hospital de Terrassa (1997-2018. Fue párroco de la parroquia Virgen de Montserrat de Terrassa (1997-2013) y responsable de Formación de la Delegación de Pastoral de la Salud de la diócesis de Barcelona (1995-2005). Delegado episcopal de Pastoral de la salud de la diócesis de Terrassa (2005-2012). Coordinador de la Pastoral de la Salud de la Conferencia episcopal catalana. Maestro de EGB, Coordinador de secundaria, subdirector de escuela, jefe de gabinete psicopedagógico, fundador y director del Centro Sara – casa de acogida para enfermos de SIDA, educador en situaciones de riesgo social, Fundador del Taller Solidario – centro de inserción laboral.