06 octubre, 2026

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Tina Colussi

Análisis

06 octubre, 2026

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Claypole: donde el corazón de Don Orione espera a León XIV

Una piedra llegada desde Roma, el corazón de un santo que eligió quedarse en Argentina y una obra que, más de nueve décadas después, sigue haciendo de la caridad un hogar

Claypole: donde el corazón de Don Orione espera a León XIV
Un 28 de abril de 1935 se colocaba la Piedra Fundamental del Cottolengo de Claypole

Cuando León XIV llegue al Pequeño Cottolengo Don Orione de Claypole no estará entrando solamente en una institución dedicada a personas con discapacidad. Estará entrando en una historia que comenzó hace más de noventa años y que guarda una particular conexión con Roma.

Una piedra llegada desde Roma

El 28 de abril de 1935, San Luis Orione colocó la piedra fundamental del Cottolengo de Claypole. Dentro hizo colocar un signo singular: un ladrillo proveniente de la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro, traído desde Roma como recuerdo del Año Santo.

Don Orione había llegado por primera vez a la Argentina en 1921. Esta tierra terminaría convirtiéndose para él en su segunda patria. Durante su larga estadía entre 1934 y 1937 impulsó la expansión de su obra y dio forma al proyecto de Claypole, inaugurado en 1936.

Pero Claypole es apenas una muestra de la profunda huella que Don Orione dejó en estas tierras. Su obra se extendió mucho más allá de sus límites y continúa hoy en distintas comunidades y obras de Argentina. Quizás por eso Claypole tenga un valor especialmente simbólico: allí quedó una de las expresiones más visibles de su misión y, años después, también quedó su propio corazón.

“Dejo mi corazón en la Argentina”

Antes de regresar definitivamente a Italia, Don Orione expresó un deseo que con el tiempo adquiriría un significado literal: “Dejo mi corazón en la Argentina”.

Murió en Italia en 1940. Décadas después, la reliquia de su corazón llegó a nuestro país y, desde el año 2000, permanece definitivamente en el Santuario Don Orione de Claypole.

Su corazón quedó allí donde también había quedado arraigada su obra.

Una obra que sigue viva

Hoy, el Cottolengo cuenta con más de 400 residentes y más de 100 personas que concurren diariamente. Alrededor de 400 profesionales, técnicos y empleados, junto con religiosos y voluntarios, sostienen una vida cotidiana hecha de cuidado, rehabilitación, educación, talleres y acompañamiento.

Todo esto sucede en un predio de alrededor de 50 hectáreas, donde funcionan 16 hogares convivenciales.

Es una obra dedicada especialmente a quienes más lo necesitan, a aquellos que no pueden afrontar económicamente los cuidados y la rehabilitación. Una muestra concreta de una de las convicciones que acompañó toda la vida de Don Orione: “Sólo la caridad salvará al mundo”.

Poner en el centro

León XIV también ha hablado de una Iglesia capaz de acercarse a quienes atraviesan la enfermedad, la pobreza o la discapacidad. En agosto, durante un encuentro en Rímini, recordó que Jesús no dejaba a estas personas en los márgenes: las acogía y las ponía en el centro, reconociendo su dignidad.

Tal vez desde allí pueda leerse la elección de Claypole dentro de su visita a la Argentina. No solamente como una parada institucional, sino como un encuentro con una comunidad de más de cuatrocientos residentes, donde la fragilidad no debería significar quedar afuera.

Cuando León XIV llegue a Claypole encontrará también el corazón de aquel sacerdote italiano que hizo de la Argentina su segunda patria y soñó con una casa para quienes muchas veces no encontraban lugar en ninguna parte.

La historia comenzó con una piedra que llegó desde Roma. Continuó con un corazón que eligió quedarse en Argentina. Y noventa y un años después, un sucesor de Pedro llegará al lugar donde aquella obra sigue viva.

Tina Colussi

Periodista, comunicadora y catequista. Diplomada en Comunicación Católica y Animadora Bíblica de la Pastoral. Desde hace más de siete años acompaña la comunicación de la Iglesia a través de distintos medios y proyectos de evangelización. Comparte diariamente "Un minuto con Jesús", una sencilla reflexión del Evangelio que puede seguirse en sus redes sociales y que busca acompañar la vida de fe con la fuerza de las pequeñas palabras. Cree en la simpleza de las palabras, en la fuerza del encuentro y en el poder de la comunicación para sembrar esperanza, tender puentes y acercar a las personas a Dios.