18 abril, 2026

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Cardenal Arizmendi: Encuentro con los pobres, encuentro con Jesús

Dilexi Te (1)

Cardenal Arizmendi: Encuentro con los pobres, encuentro con Jesús
Pexels . Kaunain Raza

El cardenal Felipe Arizmendi, obispo emérito de San Cristóbal de Las Casas y responsable de la Doctrina de la Fe en la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), ofrece a los lectores de Exaudi su artículo semanal.

HECHOS

A Mons. Samuel Ruiz, mi antecesor en Chiapas, muchos lo criticaron porque defendió con todo su ser la dignidad y los derechos de los pueblos indígenas de su diócesis, que eran tratados como esclavos, discriminados y oprimidos. Cuando yo fui enviado allá, algunos temían que yo fuera a echar por tierra su labor pastoral; otros deseaban precisamente eso, que la diócesis caminara por otro sendero y se dejara de luchar por la dignidad de los pueblos originarios. Como comprobé que esa labor era netamente evangélica y católica, en vez de condenarla, procuré continuarla y darle más solidez, pues la opción por los pobres no es tanto una opción que se pueda asumir o no, sino que es constitutiva en la Iglesia. Si no se hace esa opción, no seríamos ni cristianos.

Es verdad que algunos, sobre todo de los más importantes catequistas de esa diócesis, optaron por las armas y se levantaron contra el sistema opresor. Mi antecesor les ayudó a tomar conciencia de la injusticia que sufrían y que habría que cambiar el sistema social, cultural y político, pero fue enemigo de la lucha armada; nunca alentó ese camino; incluso cesó en sus cargos a esos catequistas. Algunos lo clasificaron como impulsor de una teología de la liberación que consideraban marxista, comunista y no católica; sin embargo, lo que hizo, y se continúa haciendo, es una teología de la liberación netamente bíblica, católica y perfectamente acorde con las opciones divinas.

El Papa Francisco, en continuidad con toda la tradición bíblica y patrística, y con el magisterio más reciente de los Papas, insistió mucho en este amor preferencial por los pobres, y por ello lo criticaron. Esperaban que su sucesor diera marcha atrás y que la Iglesia se centrara más en lo religioso, en la liturgia, en las prácticas piadosas, y dejara de impulsar la justicia social, los derechos y la dignidad de los marginados, el cuidado de la casa común. Resulta que el Papa León XIV, sobre todo en su reciente Exhortación Apostólica Dilexi te (Te amé),  no da marcha atrás, sino que profundiza esta opción preferencial, que nunca será exclusiva ni excluyente.

ILUMINACION

La exhortación del Papa tiene cinco capítulos: Algunas palabras indispensables, Dios opta por los pobres, una Iglesia para los pobres, una historia que continúa y un desafío permanente. Desde el principio, dice que trata de continuar lo que el Papa Francisco había previsto decirnos, e incluso transcribe algunas de sus frases. Comparto con ustedes algunos párrafos de lo que ahora nos dice el Papa León XIV:

“El amor divino y humano del Corazón de Cristo se identifica con los más pequeños de la sociedad y con su amor, entregado hasta el final, muestra la dignidad de cada ser humano, sobre todo cuando es más débil, miserable y sufriente. Contemplar el amor de Cristo nos ayuda a prestar más atención al sufrimiento y a las carencias de los demás, nos hace fuertes para participar en su obra de liberación, como instrumentos para la difusión de su amor” (2).

Comparto “el deseo de mi amado predecesor de que todos los cristianos puedan percibir la fuerte conexión que existe entre el amor de Cristo y su llamada a acercarnos a los pobres. De hecho, también yo considero necesario insistir sobre este camino de santificación, porque en el llamado a reconocerlo en los pobres y sufrientes se revela el mismo corazón de Cristo, sus sentimientos y opciones más profundas, con las cuales todo santo intenta configurarse” (3). “Ningún gesto de afecto, ni siquiera el más pequeño, será olvidado, especialmente si está dirigido a quien vive en el dolor, en la soledad o en la necesidad” (4).

“No estamos en el horizonte de la beneficencia, sino de la Revelación; el contacto con quien no tiene poder ni grandeza es un modo fundamental de encuentro con el Señor de la historia. En los pobres Él sigue teniendo algo que decirnos” (5).

“Estoy convencido de que la opción preferencial por los pobres genera una renovación extraordinaria tanto en la Iglesia como en la sociedad, cuando somos capaces de liberarnos de la autorreferencialidad y conseguimos escuchar su grito” (7).

“Dios se muestra solícito hacia la necesidad de los pobres. Por eso, escuchando el grito del pobre, estamos llamados a identificarnos con el corazón de Dios, que es premuroso con las necesidades de sus hijos y especialmente de los más necesitados. Permaneciendo, por el contrario, indiferentes a este grito, el pobre apelaría al Señor contra nosotros y seríamos culpables de un pecado, alejándonos del corazón mismo de Dios” (8).

El Papa lo acaba de remachar en su homilía del Jubileo de la espiritualidad mariana: “Existen formas de culto que no nos unen a los demás y nos anestesian el corazón. Entonces no vivimos verdaderos encuentros con aquellos que Dios pone en nuestro camino. Cuidémonos de toda instrumentalización de la fe, que corre el riesgo de transformar a los diferentes —a menudo los pobres— en enemigos, en ‘leprosos’ a los que hay que evitar y rechazar. El camino de María va tras el de Jesús, y el de Jesús es hacia cada ser humano, especialmente hacia los pobres, los heridos, los pecadores. Por eso, la auténtica espiritualidad mariana hace actual en la Iglesia la ternura de Dios, su maternidad” (12-X-2025).

ACCIONES

Para ser verdaderos adoradores de Dios, auténticos seguidores de Jesús, ejemplares fieles católicos, necesitamos ser buenos samaritanos con todos los que sufren en su cuerpo o en su espíritu, y ser una manifestación del amor de Dios y de la Virgen María para ellos.

Cardenal Felipe Arizmendi

Nacido en Chiltepec el 1 de mayo de 1940. Estudió Humanidades y Filosofía en el Seminario de Toluca, de 1952 a 1959. Cursó la Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca, España, de 1959 a 1963, obteniendo la licenciatura en Teología Dogmática. Por su cuenta, se especializó en Liturgia. Fue ordenado sacerdote el 25 de agosto de 1963 en Toluca. Sirvió como Vicario Parroquial en tres parroquias por tres años y medio y fue párroco de una comunidad indígena otomí, de 1967 a 1970. Fue Director Espiritual del Seminario de Toluca por diez años, y Rector del mismo de 1981 a 1991. El 7 de marzo de 1991, fue ordenado obispo de la diócesis de Tapachula, donde estuvo hasta el 30 de abril del año 2000. El 1 de mayo del 2000, inició su ministerio episcopal como XLVI obispo de la diócesis de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, una de las diócesis más antiguas de México, erigida en 1539; allí sirvió por casi 18 años. Ha ocupado diversos cargos en la Conferencia del Episcopado Mexicano y en el CELAM. El 3 de noviembre de 2017, el Papa Francisco le aceptó, por edad, su renuncia al servicio episcopal en esta diócesis, que entregó a su sucesor el 3 de enero de 2018. Desde entonces, reside en la ciudad de Toluca. Desde 1979, escribe artículos de actualidad en varios medios religiosos y civiles. Es autor de varias publicaciones.