28 mayo, 2026

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Tolkien y las «Grandes Historias”

Un viaje a través del legendarium, la esperanza y la misión personal en El Señor de los Anillos

Tolkien y las «Grandes Historias”

El singular filólogo, lingüista y escritor J.R.R. Tolkien, amante de las palabras, en su maravillosa obra “El Señor de los Anillos”, llena de belleza y esperanza, a pesar del sufrimiento que le tocó vivir, escribió:

Eso desean los que viven estos tiempos. Pero no nos toca a nosotros elegir qué tiempo vivir, sólo podemos elegir qué hacer con el tiempo que se nos ha dado

Lo que está en nuestras manos es decidir qué hacer con la vida: con el tiempo, con las oportunidades, con los “talentos” y dones recibidos… Descubrir la misión de cada uno, e ir a por ello. Ser capaces de acciones memorables, dignas de ser recogidas en «canciones» y tradiciones que pervivan de generación en generación. Valiosas, merecedoras de traer al re-cuerdo; es decir, cerca del corazón.

La vida es un comenzar y recomenzar siempre nuevo, con ilusión y optimismo, con la esperanza del final feliz de los “Cuentos de Hadas”… que, como apuntara G.K. Chesterton, «superan la realidad: no porque nos digan que existen los dragones, sino porque nos dicen que pueden ser vencidos». 

En una de sus Cartas del epistolario, en Ed. Minotauro, el profesor John Ronald Reuel Tolkien dice que su obra es un cuento de hadas para adultos: «…creo que el cuento de hadas tiene su propio modo de reflejar la ‘verdad’, diferente de la alegoría, la sátira o el ‘realismo’, y es, en algún sentido, más poderoso. Pero ante todo, debe lograrse como cuento entusiasmar, complacer y aun a veces conmover.» Y claro que lo ha logrado, y con creces…

Porque, la Historia está custodiada por el Bien, por la Belleza. Desde su inicio portentoso es un despliegue de belleza… Pero luego hay que esforzarse en ir en esa línea, en “crear” belleza. Quizá cueste trabajo, pero se disfruta y siempre compensa. Apuntar a lo que es bueno y bello, a esa «estrella polar» de la que te hablo en otros artículos, que nos guía e ilumina, hacer lo correcto que esté en nuestras manos… pensando en dejar un buen legado a las personas queridas, y a futuras generaciones. Hacer un mundo humano, habitable.

Así podremos sembrar paz y optimismo a nuestro alrededor, y dejar un sendero luminoso, a nuestro modo concreto, personal, con el «arte» de nuestra vida, y de nuestras obras, como hizo él con su vida y su “legendarium” lleno de alegría y belleza arcana que colma el alma. También de momentos duros, terribles, de sufrimiento, como sucede en el mundo real, pero siempre pendientes de esa esperanza en la «eucatástrofe» que da un vuelco a la historia, si cada uno hace lo que está en sus posibilidades…

Dejo esta cita del Profesor en boca de Gandalf, en “El Retorno del Rey”,  tan animante y esperanzadora, como toda su obra, para repensar:

«No nos atañe a nosotros dominar todas las mareas del mundo, sino hacer lo que está en nuestras manos por el bien de los días que nos ha tocado vivir, extirpando el mal en los campos que conocemos, y dejando a los que vendrán después una tierra limpia para la labranza»

En este sentido, hay un diálogo fantástico entre Sam y Frodo en el libro de El Señor de los Anillos, Las dos Torres, sobre las Grandes Historias. Las que se conservan en canciones, que atesoran el saber arcano, noble y valioso de los que precedieron.

Cuando se acerca el final, y la esperanza parece desvanecerse, se cuestionan la misión de cada uno. Caminan pensando en la «aventura» de destruir el Anillo, que emponzoña los corazones y esclaviza…, y lo requiere Sauron con fuerza. Sam se da cuenta del papel de Frodo y se lo cuenta para animarle, pero su propio papel, con su humildad, ni se atrevería a pensarlo: será Frodo quien se lo haga ver.

Frodo se va dando cuenta de que cada uno puede más de lo que se imagina. Tienen a Bilbo, que se a-ventu-ró con Gandalf y los enanos -salió a la ventura- y «encontró» el Anillo. Fue capaz de grandes retos para un hobbit.

Incluso el intrépido Beren, que, por amor, rescató el Silmaril de la Corona de Hierro del mismo Señor Oscuro para casarse con la hija del Rey Thingol: Lúthien, «hija del crepúsculo», Thinuviel, ruiseñor. Una Elfa, inmortal.

Y luego, el Silmaril pasó a un medio elfo de la estirpe de los Noldor: Eärendil, que viajó para pedir perdón a los Valar por los hechos deleznables del pasado de elfos y hombres. Esto fue debido a esas tres joyas luminosas que creó Fëanor, con la luz primigenia de los Dos Árboles de Valinor, de las que se apropia, y arrastra con un juramento a toda su descendencia, encontrando caos y muerte.

De ese modo, rendil obtiene el perdón y la ayuda para ambas razas. Y surcará los cielos en su navío Vingilot, «la Flor de Espuma», con el último Silmaril resplandeciendo en su frente.

Y esa luz pervive en el regalo que hace la Dama Galadriel a Frodo, el Portador del Anillo, en un frasquito: la redoma de cristal, que les iluminará en los lugares oscuros y pavorosos… cuando “todas las otras luces se hayan extinguido». Te lo cuento en «el espejo de Galadriel».

No hay casualidades; todo está muy relacionado: la Luz primigenia, los Árboles de Valinor, destruidos por el Señor Oscuro, pero perviven La Luna y el Sol, las Estrellas, puestas ahí por Varda para iluminar a los Hijos de Ilúvatar, los Elfos, y luego los hombres, los tres Silmarilli, el frasquito con la Luz de Eärendil… Las cosas suceden por algo, en ellas laten y perviven las historias que albergan.

Ahora les toca a los hobbits su parte de la Historia, su «aventura» y su misión concreta tan relevante. De ellos depende salvar la Tierra Media, la sabiduría arcana, y la libertad de cada una de las criaturas, con esa historia atesorada. Aunque se sienten pequeños, poca cosa, insignificantes, y se ven incapaces de semejantes hazañas… Son humildes y serviciales. Ponen todo el empeño en hacer lo que pueden…, por esa causa noble. Y obtendrán la ayuda que necesitan. A veces gracias a la amistad y lealtad, otras por la compasión…

Dejo parte de la cita de El Señor de los Anillos, Las Dos Torres, Las Escaleras de Cirith Ungol, en Ed. Minotauro.

«De haber sabido más antes de partir, no estaríamos ahora aquí seguramente. Aunque me imagino que así ocurre a menudo. Las hazañas de que hablan las antiguas leyendas y canciones, señor Frodo: las aventuras, como yo las llamaba. Yo pensaba que los personajes maravillosos de las leyendas salían en busca de aventuras porque querían tenerlas, y les parecían excitantes, y en cambio la vida era un tanto aburrida: una especie de juego, por así decir.

Pero con las historias que importaban de veras, o con esas que uno guarda en la memoria, no ocurría lo mismo. Se diría que los protagonistas se encontraban de pronto en medio de una aventura, y que casi siempre ya tenían los caminos trazados, como dice usted.

Supongo que también ellos, como nosotros, tuvieron muchas veces la posibilidad de volverse atrás, sólo que no la aprovecharon. Quizá, pues, si la aprovecharan tampoco lo sabríamos, porque nadie se acordaría de ellos. Porque sólo se habla de los que continuaron hasta el fin… y no siempre terminan bien, observe usted; al menos no de ese modo que la gente de la historia, y no la gente de fuera, llama terminar bien. Usted sabe qué quiero decir, volver a casa, y encontrar todo en orden, aunque no exactamente igual que antes… como el viejo señor Bilbo.

Pero no son ésas las historias que uno prefiere escuchar, ¡aunque sean las que uno prefiere vivir! Me gustaría saber en qué clase de historia habremos caído.”

Y contesta el señor Frodo… (puedes seguir leyendo en el libro).

…“Pero los protagonistas llegan a ellas y se van cuando han cumplido su parte. También la nuestra terminará, tarde… o quizá temprano”, acaba Frodo.

Hay otro momento de inmenso “vuelco”, en el que Sam, después de salir del túnel pavoroso de Ella-laraña, y con Frodo apresado en la Torre de Cirith Ungol, con el corazón apesadumbrado y el cielo encapotado, de súbito se abre un jirón de nubes y divisa una estrella titilante. Y con esa belleza, que conmueve su alma, se vuelve a llenar de esperanza. Y piensa: no prevalecerán, ¡aquí estoy yo!

Y exclama:

«Aquí yazgo, al término de mi viaje,

hundido en una oscuridad profunda:

más allá de todas las torres altas y poderosas,

más allá de todas las montañas escarpadas,

por encima de todas las sombras cabalga el sol

eternamente moran las Estrellas

En Tolkien, la luz y las Estrellas están muy relacionadas con la esperanza. Estel… Y le viene a la memoria la luz de Eärendil, la más preciada Estrella… que pervive en el «cristal de estrella», don y regalo preciado de la Dama a Frodo para que le ilumine y asista en el camino a Mordor.

Por tanto, cada uno de nosotros debemos centrarnos en lo importante, en nuestra «aventura», en lo que tenemos que hacer: nuestra misión. Sólo tenemos el tiempo necesario para ese cometido: no desperdiciarlo. Pensar «qué hacer con el tiempo que se nos ha dado». Y lo que nosotros no hagamos, nadie lo hará. Qué gran papel el de la libertad personal, y la responsabilidad en la propia misión para dejar un buen legado… Aprovechar el tiempo antes de embarcar hacia la «Blanca Orilla».

Siempre luchar. Hay en nosotros más de lo que parece…, como si nos dijera Gandalf, sorprendido, y le ocurrió a Beren, a Bilbo, a Frodo… A veces, el sacrificio de unos pocos es para la salvación de muchos. Y siempre con esperanza: una luz que la oscuridad no puede atravesar. Nunca.

Te animo a leer el libro con calma, por la gran belleza que despliegan las palabras, con su sonoridad, que pone alas a la imaginación y deja disfrutar a la cabeza y al corazón, a la vez que lo consuela y alegra. Tolkien definía su obra en una de sus Cartas como «un ensayo de estética lingüística»… Es decir, la belleza de unos relatos míticos legendarios, que surgen de las palabras y su potencialidad de sentido, escritos para leer y disfrutar en voz alta, además con poemas y canciones entremezclados. Todo un Arte con mayúsculas, que “crea”, o “subcrea”, maravillas.

María José Calvo

Soy Mª José, Médico de familia. Estudié en la Universidad de Navarra, y allí conocí a mi marido. Pronto la familia suscitó un gran interés en mi. Tuve la suerte de conocer y formarme con grandes pedagogos, entre ellos el Profesor Oliveros F. Otero, uno de los fundadores del Instituto de Ciencias de la Educación de la Universidad de Navarra. También hice diplomados en Orientación Familiar en Madrid, en IPAO, con grandes profesionales y amigos, y un Asesoramiento familiar con Edufamilia. Hace tiempo comencé la aventura de escribir para compartir tantas cosas que tenía en mi cabeza y en mi corazón, e iba haciendo vida en mi propia familia, a la vez que escribía en la Revista Hacer Familia, de Palabra. Pinceladas sobre la familia, el amor de pareja, y el arte de educar, con una mirada antropológica humanística, basada en la ciencia, la biología, la medicina… Asimismo, colaboro con otras revistas y diversas webs. En familia creamos un ambiente de confianza y libertad, donde se construye y re-construye cada persona, y donde se quiere a los demás de forma natural. Y ese ambiente va humanizando nuestro entorno. Aquí me tienes: optimistaseducando.blogspot.com.es