27 julio, 2026

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Tomasa Calvo

Voces

27 julio, 2026

5 min

Descansar, disfrutar y crecer

Un triplete de las vacaciones en familia

Descansar, disfrutar y crecer

Las vacaciones no tienen que ser perfectas para ser valiosas. Habrá cansancio, discusiones, cambios de planes y días mejores que otros. Lo importante es que el ambiente familiar esté marcado por el cariño, el respeto, el perdón cuando sea necesario y la alegría de compartir la vida.

Las vacaciones en familia pueden ser mucho más que un paréntesis en la rutina. Éstas  bien vividas son una oportunidad para fortalecer los vínculos familiares o de amistad, desarrollar virtudes, descansar de verdad, disfrutar y crear recuerdos que influyen en la personalidad de cada miembro durante años. La clave está en no intentar «hacer muchas cosas», sino en vivir bien el tiempo compartido.

En vacaciones hay que descansar, pero esto no significa únicamente no trabajar, sino recuperar energías físicas, emocionales y mentales. Un descanso auténtico hace que las personas se vuelvan más pacientes, creativas y disponibles para los demás. Para descansar deberíamos: dormir lo suficiente sin perder completamente los horarios; reducir el uso del móvil y las pantallas; pasar tiempo en la naturaleza; tener espacios de silencio, de lectura, de reflexión, de conversación; (…). Sobre todo, los jóvenes han abandonado los tres ámbitos, lectura, reflexión y conversación, que generan el coeficiente verbal de una persona, lo que les ha llevado a un empobrecimiento del lenguaje que les impide expresar y entender las cosas que les pasan. Los padres se enfrentan al reto de impulsar el uso de un lenguaje correcto, respetuoso, sin insultos, sin tacos, sin palabras que parecen rebuznos, sin caer en el lenguaje de los simios, (…).

Las vacaciones en familia permiten  intensificar la convivencia.  Para ello, podemos: comer juntos sin dispositivos; conversar con calma; jugar en familia; compartir paseos o excursiones; charlar con cada hijo de sus inquietudes y preocupaciones, sobre todo con los adolescentes; dedicar tiempo especialmente al cónyuge, ese amigo incondicional con quien se desea pasar toda la vida. No se trata de estar todo el tiempo juntos, sino de que el tiempo compartido tenga calidad y de ir fortaleciendo los vínculos familiares.

Las vacaciones son un excelente «campo» para  crecer en virtudes.  Por ejemplo: en responsabilidad, cada uno participa en las tareas de la casa o del viaje; en generosidad, pensando en lo que hace felices a los demás; en paciencia, aceptando retrasos, cambios de planes o diferencias; en fortaleza, afrontando las incomodidades sin quejarse; en gratitud: valorando lo que se tiene; en templanza, disfrutando sin caer en excesos; (…). Los hijos aprenden mucho más viendo como se comportan sus padres que escuchando discursos.

Haya que  vivir experiencias compartidas  que no tienen porque ser caras. generan buenos recuerdos. Pueden ser: cocinar juntos; hacer una excursión;  presenciar un amanecer o un atardecer; dormir una noche bajo las estrellas; conocer un pueblo nuevo; hacer deporte en familia; aprender una habilidad nueva; (…). Las experiencias compartidas ayudan a  crear tradiciones familiares,  -una cena o caminata especial, una noche de juegos, un cineforum-,  que dan identidad a la familia, forjan la historia de la familia y se recuerdan siempre.

Las vacaciones  no necesitan horarios rígidos,  pero cierta organización ayuda. Se puede establecer:  un objetivo para cada día; tiempo libre individual; tiempo familiar obligatorio; momentos de descanso; alguna pequeña responsabilidad diaria; (…). Esto evita el desorden, facilita el descanso y garantiza que toda la familia disfrute.

Para que estos días supongan un  crecimiento personal para cada uno  es aconsejable cultivar la vida interior. Según las convicciones de cada familia, esto puede traducirse en: momentos de reflexión personal; lectura de buenos libros; conversaciones sobre temas profundos como el sentido de la vida, (…); tiempo para la oración o la práctica religiosa; contemplar la naturaleza con admiración. Las vacaciones ofrecen un ritmo que favorece hacerse preguntas importantes que durante el curso quedan ocultas por las prisas.

Hay que  cuidar la relación de pareja,  ya que si los padres están mejor, toda la familia suele estar mejor. Cuidar la relación es cuidar de la familia. Conviene que la pareja se reserve momentos de intimidad para conversar, pasear, hablar de proyectos familiares, hablar de cada hijo, establecer objetivos personales o familiares, (…). Los hijos perciben cuando existe cariño y respeto entre sus padres, aunque no se hable de ello.

Al finalizar las vacaciones, puede ser enriquecedor reunir a la familia para  mirar al futuro  respondiendo a preguntas como: ¿Qué ha sido lo mejor de estas semanas? ¿Qué hemos aprendido? ¿Qué hemos descubierto unos de otros? ¿Qué queremos cuidar durante el resto del año? ¿Qué podemos mejorar el próximo verano? Esta reflexión ayuda a que la experiencia no quede solo en un recuerdo estupendo, sino que tenga continuidad.

Las vacaciones no tienen que ser perfectas para ser valiosas. Habrá cansancio, discusiones, cambios de planes y días mejores que otros. Lo importante es que el ambiente familiar esté marcado por el cariño, el respeto, el perdón cuando sea necesario y la alegría de compartir la vida.

Cuando una familia descansa, conversa, sirve, aprende, juega, contempla, agradece y se cuida mutuamente, las vacaciones dejan de ser simplemente un tiempo libre y se convierten en un tiempo de crecimiento humano. Ese crecimiento alcanza a todas las dimensiones de la persona: física (descanso), intelectual (aprendizaje), afectiva (relaciones), ética (virtudes), social (servicio) y, para quienes así lo viven, espiritual (apertura a la trascendencia).  En ese equilibrio, cada miembro puede volver a la vida cotidiana no solo más descansado, sino también más maduro, más libre y más capaz de amar.

Tomasa Calvo

Matemática y doctora en Informática. Defensora de la verdad, del bien y de lo bello y, cómo no, de la libertad, entendida como la facultad que nos ayuda a hacer el bien. Su espíritu inquieto le llevó a promover el evento cultural "Conversaciones con Luz Propia" en Teruel.