Benedicto XVI: Una decisión histórica
Un día festivo que se convirtió en histórico
Era el 11 de febrero de 2013, fiesta en el Vaticano por el aniversario del Concordato entre la Santa Sede y el gobierno italiano. Ese día, el papa Benedicto XVI había convocado un consistorio ordinario para anunciar las fechas de canonización de varios beatos, entre ellos la mexicana María Guadalupe García Zavala (Madre Lupita), cuya causa era impulsada por monseñor Óscar Sánchez Barba como postulador.
Yo tenía cita con él a las 12:00 en la Plaza de San Pedro, justo afuera de la Sala de Prensa del Vaticano. Llegué con unos 15 minutos de antelación y entré a la sala, que estaba casi desierta: solo uno de los conserjes habituales en la entrada. Algo me pareció extraño en el ambiente, así que me acerqué y pregunté: «¿Qué pasa aquí?». El conserje respondió: «No sé, parece que alguien renunció, pero no sé quién».
Minutos después, vi al vicedirector de la Sala de Prensa llegar con un paquete de boletines del día. En ellos ya estaba traducido al italiano el texto en latín que el papa había leído durante el consistorio. En esa declaración solemne, ante los cardenales y postuladores, Benedicto XVI anunciaba su decisión de renunciar al ministerio petrino por su avanzada edad (85 años) y la disminución de sus fuerzas, tanto físicas como espirituales, que le impedían guiar adecuadamente la Iglesia.
El papa precisaba la fecha y hora exacta: el 28 de febrero a las 20:00 horas. Además, indicaba que seguiría viviendo dentro de la Iglesia, dedicado a la oración por ella.
La reacción inmediata y el shock en la prensa
Me conecté de inmediato con Televisa. Eran casi las 5:00 de la mañana en México, pero entré en vivo a Foro TV y leí el contenido del boletín. Luego salí y me acerqué a monseñor Óscar Sánchez Barba, quien estaba pálido como una sábana. Imagínense: un postulador mexicano llega para oír la canonización de Madre Lupita y se encuentra con un anuncio histórico, algo que no ocurría desde hacía 600 años (la última renuncia voluntaria fue la de Gregorio XII en 1415, en circunstancias muy diferentes).
Nadie lo esperaba. Aunque en una entrevista-libro con su biógrafo Benedicto había mencionado que la renuncia era posible si un papa no podía gobernar, nadie imaginaba que la tomaría en ese momento.
Los orígenes de la decisión
La reflexión del papa comenzó un año antes, durante su viaje a México en marzo de 2012, a León, Guanajuato. La última noche en la residencia Miraflores, Benedicto XVI se cayó al ir al baño, sufriendo una herida en la cabeza que sangró profusamente. No llamó a nadie; al día siguiente, su secretario y seguridad lo encontraron en la cama con mucha sangre. Ese incidente inició una profunda reflexión.
Pensando en la Jornada Mundial de la Juventud de 2013 en Río de Janeiro, se dijo: «Una JMJ sin papa no puede ser, y yo no podré hacer otro viaje transoceánico». Siguieron meses de meditación, oración y silencio. No compartió su decisión hasta poco antes del anuncio; solo unas pocas personas (como su secretario) lo supieron con antelación.
Un pontificado marcado por desafíos
Benedicto XVI citó no solo la edad, sino la disminución de fuerzas espirituales tras años difíciles: los escándalos de filtraciones del Vatileaks (robo de documentos por su mayordomo, Paolo Gabriele, persona de máxima confianza), que revelaron corrupción y asuntos privados del Vaticano; sensación de traición y aislamiento; el estallido de casos de abusos sexuales en varios países (aunque no eran responsabilidad suya, ocurrieron décadas antes); errores de comunicación como la lección de Ratisbona (que enfrió relaciones con el islam) o el levantamiento de excomuniones a lefebvrianos sin saber que uno negaba el Holocausto.
Todo ello contribuyó a que se sintiera incapaz de continuar.
El final de una era y un legado inédito
El 28 de febrero, Benedicto salió en helicóptero del Vaticano hacia Castel Gandolfo, sobrevolando Roma en despedida. A las 20:00 horas, desde la ventana de la plaza, anunció que su magisterio terminaba y se retiraba a la oración.
Luego vino lo inédito: la elección de Francisco y el encuentro entre dos papas vivos, algo nunca visto. Francisco visitó a su predecesor en Castel Gandolfo, marcando el inicio de una convivencia histórica.
Trece años después, aquel 11 de febrero sigue siendo un recuerdo imborrable: el día en que un papa, con humildad y valentía, abrió un camino al reconocer sus límites y priorizar el bien de la Iglesia.

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