Alegres… ¡También en el trabajo!
De la sonrisa a uno mismo a la sonrisa al compañero: la revolución alegre del trabajo
La alegría es una de las virtudes fundamentales en nuestra relación con los demás. Todos estamos necesitados de ver caras alegres a nuestro alrededor. En todas las religiones y en escritos de casi todos los sabios se explica que el origen de la alegría está en darse a los demás. La alegría, por tanto, es compatible con circunstancias dolorosas, dificultades y adversidades y, por supuesto, con el trabajo.
Sonreír porque Dios sonríe, sonreír porque con mis defectos soy cómico, sonreír porque los demás lo necesitan. Son las tres sonrisas que deben caracterizar a un profesional cristiano.
La segunda sonrisa es aquella con la cual me miro a mí mismo tanto en mi vida personal como laboral. Sonreír es un acto de humildad, quiere decir que me acepto a mí mismo y a mi modo de ser, permaneciendo allí donde estoy con santa paz. Sin tomarme muy en serio, porque «la seriedad no es una virtud”. Quizá sea una herejía decir que la seriedad es un vicio, pero al menos es una herejía inteligente. Hay realmente una tendencia (una especie de decadencia) natural a tomarse en serio, porque es la actitud más fácil de vivir. La solemnidad es propia de los hombres que no se quieren esforzar; en cambio, una carcajada exige entusiasmo. Es fácil ser tristes, y es difícil ser ligeros. Satanás cayó por la fuerza de la gravedad» (Chesterton).
La tercera sonrisa es consecuencia de las dos anteriores. Es la sonrisa con la cual acojo a las demás personas, especialmente a aquellas con las que vivo y trabajo, mostrándoles afecto y sin dar demasiada importancia a posibles errores o roces. Con rostro alegre, Santa Teresa de Calcuta sorprendió al público en 1979 en la recepción del Premio Nobel de la Paz haciendo esta sugerencia: «sonreíd unos a los otros, dedicad tiempo para estar junto a vuestras familias. Sonreíros mutuamente».
La pasión opuesta a la alegría es la tristeza, causada por no poseer el bien amado. Si el origen de la alegría es el amor, el de la tristeza será, por tanto, el egoísmo. Señala Santo Tomás que la tristeza “tiene su origen en el amor desordenado de sí mismo, que no es vicio especial, sino como la raíz común de todos los vicios”. No es, pues, el dolor o las dificultades lo que se opone a la alegría, sino la tristeza que puede nacer de la falta de fe y esperanza ante esas situaciones. Por eso, la tristeza es vista como una enfermedad del alma, que puede provenir de una causa fisiológica o de una causa moral. La alegría, por tanto, es compatible con circunstancias dolorosas, dificultades y adversidades.
Y, ¿por qué es importante la alegría en nuestro trabajo profesional?
Te damos algunos motivos:
- Porque se trabaja mucho mejor en un ambiente alegre. Dedicamos muchas horas a trabajar, y si no hay alegría, el trabajo se convierte en una carga.
- Porque la alegría fomenta la confianza
- Porque la alegría motiva, levanta el ánimo.
- Porque la alegría muestra lo que llevas dentro.
Y, ¿cómo vivir la en nuestro trabajo profesional?
Algunas recomendaciones para ser alegres y contagiar nuestra alegría en el trabajo:
- La gratitud diaria. Anotar tres cosas por las que uno está agradecido cada día cambia el enfoque mental.
- El servicio desinteresado. Ayudar a otros genera una alegría profunda y duradera.
- La conexión con la naturaleza. Salir al aire libre, caminar, contemplar, conecta con la vida. Aprovecha el fin de semana para recargar las pilas y volver el lunes con renovadas ilusiones profesionales.
- La espiritualidad o meditación. Volver al centro, encontrar silencio interior.
- La relación auténtica con otros. Conversaciones significativas, afecto, comunidad.
La alegría no es una recompensa, es un camino. No se trata de buscarla como fin en sí misma, sino de vivir de tal manera que sea su consecuencia natural. Cuando cultivamos la virtud de la alegría, no solo nos transformamos a nosotros mismos, sino que nos volvemos fuentes de luz para los demás.
En un mundo muchas veces oscuro, ser portadores de alegría es un acto de rebeldía y de esperanza. Es afirmar que la vida tiene sentido, que el bien es posible, y que, a pesar de todo, vale la pena sonreír… ¡También los lunes a primera hora!
Javier Ramos. Director de la Fundación Perspectivas del Trabajo

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