24 febrero, 2026

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Tres anécdotas de Adviento y Navidad

La fuerza del instinto maternal, la confesión antes de Belén y la ternura victoriosa de un Niño Dios

Tres anécdotas de Adviento y Navidad

Una chica quería abortar. Unas amigas, que estaban con ella, le daban argumentos para que no abortara, pero no conseguían hacerle cambiar su decisión. En esto, sonó el teléfono. Una de ellas, para poder atender la llamada, le pidió que sostuviera al niño que llevaba en brazos. Al acabar la conversación telefónica; la chica, dijo: ¡No abortaré! Todas se quedaron pasmadas. Antes, parecía inamovible, y, ahora, sin que haya ocurrido nada, ha cambiado totalmente ¿Cómo ha podido ser eso? Lo que había pasado es que, como había tenido un niño en brazos, se le había despertado su instinto maternal, y por esto había decidido no abortar. Análogamente, en muchas ocasiones ha ocurrido que a una mujer que quiere abortar le ha bastado ver una ecografía que muestra al niño que lleva dentro, para que decida no abortar. Todo ello se explica porque en la mujer hay una inclinación natural hacia su hijo ya concebido ¿Acaso una mujer puede no compadecerse del hijo de sus entrañas? Por esto mismo, el nacimiento del hijo causa alegría. Por consiguiente, abortar es ir contra una inclinación natural muy profunda, y, por tanto, es una rotura muy fuerte, y, es, pues, violencia contra la mujer. Luego, quien está a favor de la mujer, está en contra del aborto.

Pues bien, María es la mujer del Adviento. Es la mujer más excelente. Es maestra y es el principal modelo femenino. El ángel cuando la ve tan bella dice que flor como ella no la hay en ningún jardín. Adviento nos habla de su inclinación y de su amor hacia su hijo Jesús, en todos los instantes que van desde la concepción hasta su nacimiento. Navidad nos muestra su radiante alegría por el nacimiento del niño. Su maternidad es una grandísima gloria de María.

En 1980, en una parroquia de Roma, se dio la anécdota siguiente. Estaba el Papa san Juan Pablo II reunido con dos mil niños ¡Qué no son pocos! El Sumo Pontífice empezó así su catequesis: ¿Cómo os preparáis para la Navidad? Nos preparamos rezando, respondieron los niños con voz muy fuerte. Bien, les dijo el Vicario de Cristo, pero también habéis de prepararos con el sacramento de la confesión. Tenéis que confesaros antes de ir a comulgar. ¿Lo haréis? Y los miles de jóvenes, con voz aún más fuerte, respondieron: ¡Lo haremos! Sí, tenéis que hacerlo, les dijo el Santo Padre. Y, en voz más baja, dijo: ¡el Papa también se confesará para recibir dignamente al Niño Jesús! Maestros estupendos en esta impresionante anécdota son el Romano Pontífice y esos millares de niños ¡Sagrada Comunión de Navidad precedida de la confesión de los pecados!

Navidad es la fiesta del nacimiento de Jesús, Hombre – Dios, el Salvador del mundo. Claro está que Jesús nace únicamente en cuanto hombre, pues su divinidad es eterna. San Francisco de Asís sería el que hizo el primer belén viviente, haciendo resaltar así la humanidad de Jesús. De este modo consiguió subrayar que Navidad no es solo una celebración hondamente religiosa, sino también una fiesta profundamente humana, humanísima, de una ternura exquisita. De esta manera logró evidenciar que Dios ha hecho esto por el hombre: le ha dado un niño. Mientras que, un jugador de futbol cuando gana un partido, después de un esfuerzo heroico y agotador, extenuante, hace el signo de la victoria; Dios, ha hecho el signo de la victoria dándonos un bebé ¡La bondad, el amor y la ternura de Dios ha triunfado! Navidad, pues, también nos habla de la grandeza de los otros bebés, que son imagen del Niño Jesús, del Niño – Dios. Todo contribuye a hacer de la Navidad una de las fiestas más bellas del año. Pero, alegría, cría belleza. Y, Navidad, fiesta de alegría, es una fiesta bellísima. Por muchos cataclismos que haya en el mundo, resulta que, ante el niño, y, principalmente, ante el Niño Jesús, podrá siempre exclamarse: ¡poesía eres tú! E inmediatamente, un mar de hermosa poesía se cierne sobre toda la humanidad, emanando música dulce como la miel. Gracias, Señor, ¡por haber sido tan bueno con el hombre!

José María Montiu de Nuix

Nacido en Cervera, Lérida, España, en 1960 y bautizado ese mismo año. Ordenado sacerote en 1992. Doctor en Filosofía. Licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación por la Universidad de Barcelona (UB). Licenciado (especialidad: Matemática Fundamental), cursos de doctorado y suficiencia investigadora en Ciencias Exactas por la UB. Licenciado en Filosofía por la Universidad de Navarra. Licenciado en Estudios Eclesiásticos por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer, Valencia. Docente e investigador con más de medio millar de publicaciones.