Yo también soy vidente: la aparición diaria que todos podemos vivir
El Padre Ángel Espinosa de los Monteros explica por qué rezar el rosario con fervor es encontrarse cara a cara con la Virgen María, sin necesidad de buscar apariciones extraordinarias como las de Medjugorje, Lourdes o Fátima
Con mucha frecuencia, casi todos los años, llevo peregrinos durante una peregrinación de 15 días a santuarios marianos y eucarísticos. Y cuando vamos a Medjugorje, la pregunta inevitable surge: “¿Vamos a estar en la aparición? ¿Están los videntes?”.
Evidentemente, la gente sabe que no va a haber nada visible para ellos, porque solo los videntes ven. Yo personalmente, por supuesto, creo en las apariciones. Están aprobadas las de Medjugorje (o al menos la experiencia espiritual asociada ha recibido luz positiva de la Iglesia). Algunos incluso abrigan la esperanza de vivir algo extraordinario, como en Lourdes hace 150 años, en la Basílica de Guadalupe hace casi 500, en Fátima hace más de 100, o en otros lugares más recientes.
Muchos sueñan: “Nos tocará ver algo, se moverá el sol, pasará esto o lo otro”. Pero les tengo que decir algo muy claro: a mí todos los días se me aparece la Virgen. Yo también soy un vidente. [Aquí el Padre suele provocar risas entre los oyentes].
Algunos se lo toman a broma o piensan: “¿Qué habrá fumado el padre?”. Pero no: una persona que reza con fervor el rosario, meditando los misterios, concentrado —ya sea sentado, caminando, o incluso en el coche cuando no hay otra opción—, está hablando con Ella. Se le está apareciendo la Virgen, aunque no la vea con los ojos del cuerpo, sino con los de la fe.
A mí todos los días se me aparece Nuestro Señor en mis manos durante la Eucaristía, pero necesito la fe. Si dejara de creer, aquello sería solo una pantomima. Lo mismo ocurre con todos los que rezan el rosario o van a adoración: todos los días tienen una aparición.
No busquemos apariciones especiales. Esas se las ha concedido Dios a poquísima gente a lo largo de la historia. ¿Cuántas apariciones marianas realmente aprobadas y comprobadas existen? Muchas veces la comprobación viene después, con el paso del tiempo y los frutos.
Pensemos en San Juan Diego: ¿habrá visto de verdad a la Virgen de Guadalupe? Todo un pueblo se convirtió gracias a eso, algo que ni las armas ni los castigos habían logrado. Bernadette Soubirous en Lourdes: una niña humilde que ni siquiera sabía qué significaban “Inmaculada Concepción”. No podía inventarlo. Y hoy Lourdes es un santuario inmenso, con tres templos superpuestos, piscinas de agua milagrosa y millones de peregrinos cada año, incluso en el frío, con trenes de enfermos y el rosario diario. ¿Salió todo eso de una mentira o alucinación de una niña de 14 años? Imposible.
Lo mismo en Fátima: millones de peregrinos, milagros comprobados por la ciencia y otros que yo mismo he vivido (como un tumor que desapareció sin explicación médica). ¿Salió de tres pastorcitos de 7, 9 y 10 años que lo inventaron? No.
La Virgen no se aparece a los magnates del mundo, a los dueños de Amazon o de imperios. Se aparece a los humildes: Juan Diego (indígena), Bernadette (pobre), los pastorcitos de Fátima, las niñas de Garabandal, La Salette… De ahí salen los grandes frutos: conversiones masivas, santuarios, devociones que perduran siglos.
Incluso en Garabandal, con videos de los años 60 que muestran a tres niñas caminando hacia atrás, mirando al cielo, corriendo sin caerse… ¿Cuántas veces lo habrán ensayado? Niñas que hablaban de la Inmaculada, de problemas en la Iglesia, del Concilio y cosas que aún no habían sucedido.
Por supuesto que hay apariciones reales. Pero no las busquemos para nosotros. Esas se las concede Nuestro Señor a quien Él quiere, cuando quiere, a través de santos como Margarita María de Alacoque o Faustina Kowalska, o directamente por la Virgen. Y no suelen ser para acabar guerras o resolver problemas mundiales de golpe, sino para pedir oración, sacrificio, penitencia, caridad, bondad y conversión.
Entonces, la invitación es clara: todos los que rezamos el rosario con fervor, los que vamos a adoración eucarística, tened por seguro que estáis ante una aparición que no podéis ver con los ojos, pero sí con el alma.
Si pudiéramos ponernos unos “lentes de fe” —como esos de cine en 3D—, veríamos a Nuestro Señor y a la Santísima Virgen ahí, mirándonos, acompañándonos.
No dejéis de rezar el rosario, la coronilla de la Divina Misericordia y de hacer adoración. Estáis en la presencia real de Dios.
Pasa la voz. Hagamos todo el bien que podamos y que Dios los bendiga siempre.

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