Los católicos debemos ser más valientes
María San Gil: Una vida marcada por el terrorismo, la coherencia y una conversión tardía pero radical
En esta entrevista del podcast Rebeldes, María San Gil, ex presidenta del PP en el País Vasco y actual colaboradora en la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP) y la Universidad CEU San Pablo, comparte con una sinceridad desarmadora su trayectoria: una infancia aparentemente normal en San Sebastián en los años 60, el peso asfixiante del terrorismo de ETA, el asesinato de Gregorio Ordóñez a un metro de distancia, años de escolta y miedo permanente, y un encuentro transformador con Dios a través de los Ejercicios de Emaús en 2016-2017.
Infancia en un País Vasco subyugado por el odio y el fanatismo
María nace en 1965 en una familia burguesa acomodada de San Sebastián. Recuerda una infancia feliz: casa grande junto a la playa, tres hermanos varones, perro, colegio francés laico y una educación estricta pero llena de cariño. Su madre era una mujer de fe profunda que nunca faltaba a misa; su padre, intelectual y gran conversador, decidió en su juventud que “ya había cumplido con todas las misas necesarias”. En casa se rezaba antes de comer, todos estaban bautizados y habían hecho la comunión, pero la fe no ocupaba un lugar central.
Sin embargo, el terrorismo de ETA lo impregnaba todo. Manifestaciones frente a la fábrica familiar de su padre, secuestros de amigos cercanos, asesinatos que llevaban a la familia a salir a la calle a manifestarse. “Nacer en el País Vasco en esos años imprime carácter”, afirma. Aquella sociedad “vencida, subyugada, amedrentada y acobardada” despertó en ella una rebeldía contra la normalización de lo anormal: “Esto no es una forma de vida cotidiana. Hemos normalizado lo que no es normal”.
El asesinato de Gregorio Ordóñez: el trauma que la impulsó a la política
En 1995, María era jefa de gabinete de Gregorio Ordóñez, teniente alcalde y portavoz del PP en San Sebastián. Gregorio era un político valiente, honesto, trabajador y creyente que defendía la libertad sin complejos en una sociedad donde ser constitucionalista era casi ser “vasco de segunda”. Durante una comida informal en un bar de la Parte Vieja, un pistolero de ETA le disparó en la nuca. María estaba sentada enfrente.
El shock postraumático fue devastador: meses duchándose sin cerrar la cortina por miedo a que entrara alguien, mudarse a casa de sus padres, vivir con terror constante. A pesar del dolor, aceptó ir en la lista electoral tras el asesinato. De Gregorio aprendió la verdadera vocación política: servicio, coherencia, honestidad y trabajo incansable. “La política es un privilegio: estás sirviendo a la sociedad en la que vives”.
El lento camino hacia Dios: de la misa por inercia al “caerse del caballo” en Emaús
Durante décadas María iba a misa los domingos “porque mi marido iba”, pero sin un corazón realmente abierto a Dios. Se sentía altanera: “No me hacía falta”. Cuando le detectaron cáncer de mama en 2007 (vivían amenazados y con escolta permanente), su marido propuso ir a Lourdes a rezar. Ella se negó y se enfadó: “Me parecía lo último”. Él fue solo.
El punto de inflexión llegó tras la muerte de su madre en 2016. Una amiga la invitó a los Ejercicios de Emaús sin saber exactamente qué eran. Allí descubrió al “Dios amor”, misericordioso y perdonador, muy distinto del Dios autoritario que recordaba de su catequesis. “Me caí del caballo como San Pablo”, confiesa. Desde entonces todo cambió: necesidad de misa diaria, oración conyugal, dirección espiritual, profundización en la fe.
Destaca la influencia decisiva de Monseñor José Ignacio Munilla, entonces obispo de San Sebastián. Sus homilías eran “lluvia fina”: sin darte cuenta, te abrían el corazón y generaban hambre de algo más.
Perdón, memoria y justicia: el camino hacia la reconciliación interior
Nunca sintió odio ni deseo de venganza hacia “Txapote”, el asesino de Ordóñez. Pero en Emaús surgió la pregunta del perdón verdadero. Su director espiritual le pidió rezar por él: “No para tomar café juntos, sino para pedir que reconozca el daño que hizo”. Insiste: perdón y memoria no se oponen. “El olvido es peligroso; la memoria de las víctimas, junto con verdad y justicia, ayuda al perdón real”. Recuerda que más de 350 asesinatos siguen sin resolver y que muchas víctimas no pueden cerrar el duelo porque no saben quién mató a su ser querido.
La fe en lo público: valentía, coherencia y doctrina social de la Iglesia
Hoy trabaja en el CEU y la ACdP, donde la fe se vive sin complejos en la esfera pública. Critica la secularización que relega la fe a lo privado: “Si eres del Real Madrid, lo dices todo el día; de Dios, ¿por qué callar?”. Defiende la doctrina social de la Iglesia como guía para la vida social: dignidad de la persona, bien común, solidaridad, subsidiariedad. “Hay que votar en conciencia, no por estrategia ni por táctica”.
No descarta la participación de los católicos en política, pero prioriza la sociedad civil: “Despertar conciencias, no quedarnos en casa protestando por la radio”. A los jóvenes les recomienda formarse intelectual y espiritualmente, entrar en asociaciones, ONG o la propia ACdP, y servir desde abajo sin buscar el cargo.
Segundas partes no son buenas… y Dios dirige la vida
María dejó la política en 2008 tras discrepancias con Mariano Rajoy, pasando de ser propuesta como número dos nacional a estar en la oficina del paro (con escoltas). Hoy lo ve providencial: recuperó tiempo con sus hijos, descubrió la maternidad plena y, años después, el encuentro profundo con Dios.
“No volvería a la política. Segundas partes no son buenas”, sentencia. Pero sí anima a vivir la fe sin miedo, con valentía y autenticidad: “Dios te quiere y te quiere feliz”.
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