Sueños de un visionario
De la utopía saint-simoniana al desafío político de nuestro tiempo
La percepción aristotélica de que el más importante de todos los bienes debe ser el objeto de la asociación política no resulta creíble, hoy en día, para la mayor parte de españoles y europeos comunitarios. El vaso de la paciencia ciudadana está colmado de la ignominiosa forma de actuar de demasiados dirigentes políticos que, atrincherados tras su inmoralidad, permanecen cínicamente instalados en el bucle de la desvergüenza. El desbarajuste de su gestión, la mezquindad de su corrupción, la miopía de su revanchismo, la confusión ideológica de su corrección política o la carencia de liderazgo moral son, entre otros muchos, factores generadores de desasosiego.
La grave incertidumbre del futuro de muchas cosas importantes para los ciudadanos incrementa la tribulación de una sociedad hastiada de los políticos y desafecta con respecto al bien común. ¿Tal situación permite decir que vivimos en una de aquellas épocas críticas de las que hablaba Saint-Simon (1760-1825)? Para este precursor de la sociología moderna, a una época ´orgánica` –que descansa sobre un sistema de creencias bien implantado– le sucede otra ´crítica`, como consecuencia de que el mismo progreso conquistado en la época orgánica hace cambiar, en un determinado momento, la idea central sobre la cual estaba anclada y determina así el comienzo de una época crítica.
Resultaría simple afirmar el carácter crítico de nuestro momento histórico sólo por aquellas notas antes esbozadas. Pero, aunque no fuera así, no deberían caer en saco roto las advertencias de este filósofo, historiador y político francés cuando, al abogar por una organización más armónica y justa de la vida social, además de augurar la existencia futura de un parlamento general que decidiera sobre los intereses comunes de toda Europa, vaticinó un nuevo orden político en el que se confiara el poder a la clase técnica y productiva, sin la cual una nación se convierte en un cuerpo sin alma.
Si la capacidad de prever el futuro, ser innovador y tener la habilidad de motivar a otros a trabajar hacia una meta compartida constituyen las características esenciales de un visionario, no hay duda de que Saint-Simon lo fue por lo que atañe a la sociedad industrial y la tecnocracia. Se adelantó a su tiempo al estimar que el progreso de la ciencia y de la técnica entrañaría una importante mutación social, pues, al contribuir con su conocimiento en el desarrollo de la gran industria, ésta cambiaría sustancialmente las bases de la sociedad fomentando su progreso y su bienestar social. Más aún, influyó poderosamente en la consideración social acerca de la repercusión de las conquistas de aquellos saberes.
Al considerar este filósofo que dichos acontecimientos obedecían al arrastre de la inexorable evolución del espíritu humano, procuró desplazar el foco del individualismo imperante en su época y alumbrar así nuevos territorios para la solidaridad y la conciencia colectiva. En ese sentido, atinó en el advenimiento de “un tiempo en que todos los pueblos de Europa sientan la necesidad de regular los puntos de interés general antes de descender a los intereses nacionales”. Su convicción fue el anticipo de la actual Unión Europea, que ha supuesto un innovador diseño de paz y convivencia política entre pueblos tradicionalmente enfrentados.
Pero, ¿se puede asegurar que acertará también en relación al surgimiento futuro de una reorganización social basada en la producción y la eficiencia? Puede que la idiosincrasia de la clase política haga inviable, e incluso inconveniente, esta opción de organización científica de la sociedad tal como la planteó Saint-Simon, pero de lo que no cabe la menor duda es de la urgente necesidad de que los nuevos dirigentes de los pueblos refuercen su competencia para los asuntos públicos con una elevada dosis de adecuada formación y probada moralidad.
La frivolidad de unos, el provecho de otros y la irresponsabilidad de muchos ha forzado a olvidar que, más allá de los intereses individuales y partidistas, lo que debe primar siempre en la vida política es la consecución de la armónica convivencia. La pérdida en nuestros días del horizonte político adecuado precisa perentoriamente de múltiples contribuciones que, en consonancia con el sueño de Saint-Simon o en desacuerdo con él, se dirijan a enderezar la decadencia del entorno vital en que nos desenvolvemos.
Pedro Paricio
Fuente: dametresminutos

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