26 junio, 2026

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Sembradores de paz y alegría

Un camino de santidad en la vida cotidiana a través del legado de san Josemaría Escrivá

Sembradores de paz y alegría

Vivimos en una sociedad donde abundan los avances tecnológicos y las posibilidades de comunicación, pero al mismo tiempo crecen la soledad, la crispación y el enfrentamiento. Parece que la paz es cada vez más frágil y que la alegría auténtica se confunde con una felicidad pasajera. En este contexto, los cristianos estamos llamados a ser una presencia esperanzadora, llevando serenidad allí donde hay inquietud, y alegría donde se ha instalado el desánimo.

El mundo necesita personas que, con su ejemplo, demuestren que otra forma de vivir es posible: una vida anclada en el amor a Dios y en el servicio generoso y atento a los demás.

La paz comienza en el corazón

No puede existir paz en la sociedad si antes no existe paz en el interior de cada persona. La verdadera paz nace de una conciencia limpia, de un corazón lleno de Dios, donde caben todos, dispuesto a perdonar. Quien vive dominado por el resentimiento, la envidia o el egoísmo difícilmente podrá sembrar paz y armonía a su alrededor.

Por el contrario, quien cultiva la humildad, la paciencia y la comprensión se convierte, casi sin proponérselo, en un auténtico constructor de paz. Cada gesto de reconciliación, cada palabra amable y cada acto de servicio contribuyen a crear un ambiente más humano, más cristiano.

Otro factor que facilita la paz es conocer el sentido de la vida de cada uno. Es decir, tener un proyecto vital claro y concreto, con objetivos en las diferentes dimensiones de la persona, cabeza y corazón, junto con espiritualidad, fundamentados en valores principios auténticos, que dan fundamento y coherencia a la vida.

La alegría, un signo del cristiano

La alegría es una de las características más atractivas de la vida cristiana. No se trata de un optimismo superficial ni de ignorar las dificultades, sino de una confianza profunda en que Dios guía nuestra vida y nunca abandona a quienes ponen en Él su esperanza.

La alegría auténtica permanece incluso en medio del sufrimiento, porque tiene su origen en el amor de Dios. Es una alegría serena, contagiosa y llena de esperanza que ilumina el rostro y el corazón de quien la vive.

La alegría es consecuencia de la paz personal y del optimismo que rebosa el corazón, por la visión positiva en las diferentes situaciones con las que nos encontramos cada día.

La enseñanza de san Josemaría

El fundador del Opus Dei, San Josemaría Escrivá, hizo de la paz y de la alegría dos rasgos esenciales del espíritu cristiano. Solía animar a todos a ser «sembradores de paz y de alegría», convencido de que un hijo de Dios debía llevar esperanza a cuantos encontrara en su camino.

San Josemaría enseñaba que la santidad se alcanza en medio de la vida ordinaria: en el trabajo profesional, en la familia, en el estudio, en la amistad y en las ocupaciones de cada día. Precisamente en esos lugares cotidianos, que rebosan trascendencia, hemos de sembrar paz con nuestro ejemplo, nuestra competencia profesional, nuestro espíritu de servicio y nuestra cercanía.

También recordaba que «la paz es consecuencia de la guerra», refiriéndose a la lucha interior: contra el egoísmo, la impaciencia, la soberbia y todo aquello que nos aparta de Dios. Sólo quien intenta vencer en esas batallas interiores puede transmitir verdadera serenidad a los demás.

Sembrar en la vida cotidiana

Ser sembradores de paz no exige realizar acciones extraordinarias. Basta con vivir extraordinariamente bien las cosas ordinarias. Escuchar con atención, pensar bien, evitar críticas destructivas, perdonar de corazón, sonreír, agradecer, cumplir fielmente el deber cotidiano, y preocuparse sinceramente por los demás. Son semillas que producen abundantes frutos.

Cada jornada ofrece innumerables oportunidades para hacer más amable la vida de quienes nos rodean. Una palabra de ánimo puede cambiar un día difícil de alguien; una sonrisa puede devolver la esperanza; un pequeño favor realizado con cariño puede acercar un alma a Dios.

El Señor sigue necesitando hombres y mujeres que sean instrumentos de paz en un mundo a veces dividido. No hacen falta grandes discursos, sino vidas coherentes que reflejen el Evangelio en cada detalle.

Al terminar cada jornada podemos preguntarnos: ¿he sembrado hoy paz en mi familia? ¿He llevado alegría y serenidad a mi lugar de trabajo? ¿He acercado a alguien a Dios, quizá con mi ejemplo? Estas preguntas pueden convertirse en un verdadero programa de vida cristiana.

Conclusión: cambiar el mundo desde dentro

San Josemaría estaba convencido de que el mundo cambia cuando cambian los corazones. Uno a uno. Cada cristiano, viviendo santamente su vida: su trabajo, sus deberes cotidianos, puede transformar la sociedad desde dentro, como la levadura que hace fermentar una la masa y le da forma y belleza.

Hoy más que nunca, nuestra época necesita hombres y mujeres que sean auténticos sembradores de paz y alegría. Que nuestra vida, iluminada por la fe y acrecentada por la gracia de Dios, deje a nuestro paso un reguero de paz, alegría, cariño y esperanza. Porque donde hay alegría hay esperanza. Ese será el mejor testimonio de que Cristo vive en nosotros y actúa a través de nuestras pequeñas obras cotidianas. Quizá sin darnos cuenta, pero haciendo su “trabajo”, alumbrando senderos.

P.D. Estas reflexiones se escriben el 26 de junio, aniversario del fallecimiento de san Josemaría, Fundador del Opus Dei.

El nucleo de su doctina se reflejan muy bien en el siguiente video «Tú Puede Ser Santo»

Marketing y Servicios

Ideas para mejorar el mundo . Director: José Miguel Ponce . Profesor universitario e investigador en Marketing y Gestión de Servicios, con experiencia en cinco universidades públicas y privadas. Sevillano de origen, ha vivido en varias ciudades de España y actualmente reside en Sevilla. Apasionado por la educación, la comunicación y las relaciones humanas, considera la amistad y la empatía clave en su vida y enseñanza. Ha publicado investigaciones sobre Marketing, Calidad de Servicio y organizaciones sin ánimo de lucro. Humanista y optimista, promueve el agradecimiento y la coherencia como valores fundamentales.