¿Por qué debería importarnos la ética?
Ciencia universal que guía nuestras decisiones y nos acerca a la felicidad
Hablar de ética hoy día puede parecer que nos referimos a moralina, a sermón dominical, a normas rígidas que prohíben lo que nos gusta hacer…. sin embargo, nada más lejos de la realidad. Este artículo pretende contribuir a valorar el papel que la ética, aún de manera inconsciente, juega en nuestras vidas y como contribuye a que seamos lo más felices posibles
Actualmente asistimos a lo que se podría llamar una cierta descomposición de la ética, o al menos a una falta de aplicación, se habla incluso de una crisis de valores. Por una parte, se podría decir que hay un obscurecimiento en la conciencia moral de muchos grupos humanos, pero, sobre todo, una falta de integración ética en la vida.
Sobre la naturaleza humana, podemos afirmar que achacamos el origen de muchos problemas actuales a la falta de ética en la vida.
Para ello, y sin ánimo de aburrirles con disertaciones filosóficas, hay que señalar que la ética, es una ciencia, no depende de la religión, sus principios y postulados son válidos para todos en todas las épocas, al tomar decisiones nos comportamos de manera ética y nos sugiere el camino hacia la paz interior.
Veamos cada uno de estos temas brevemente:
Es una ciencia
La palabra ética se emplea para significar el estudio filosófico de la moral (Gómez Pérez 1993). Es parte de la filosofía, que es una ciencia, y por tanto está apoyada en argumentos. Por ejemplo: no se limita a decir ¨no se debe mentir¨, sino que argumenta que es malo mentir, porque la mentira es contraria a la veracidad, y la veracidad es necesaria para la convivencia social, lo cual es un bien humano fundamental.
Pero al no ser una ciencia exacta, como pueden serlo las matemáticas o la física, sus postulados son fácilmente cuestionables.
A nadie en su sano juicio se le ocurriría opinar que no está de acuerdo con la ley de la gravedad, sin embargo, las conclusiones de las leyes éticas como: no es correcto matar, robar, etc… son objeto de debates con diferentes argumentos a favor y en contra. Es cierto que existe una ética general que trata sobre el estudio de los principios del comportamiento y una ética aplicada que nos indica, según las circunstancias, la concreción práctica de esos principios generales, esto último, es lo que algunos filósofos llaman moral.
Es independiente de la religión
Por ser una ciencia, sus conclusiones son válidas para todas las personas, independientemente de su credo religioso, es decir, no sólo para los cristianos. El conocimiento de la ética sirve para orientar adecuadamente la propia vida. La ética estudia el comportamiento del hombre tal como debe ser para que esté de acuerdo con su naturaleza humana. El hombre es el mismo en Perú y en cualquier otra parte del mundo, todo aquello que daña su naturaleza, que le hace daño como persona, ocurre en cualquier parte del mundo.
Hemos de reconocer, sin embargo, que, aunque la ética tiene un estatus científico independiente de la religión, muchas de las leyes éticas coinciden con principios y normas religiosas, por ejemplo, los Diez Mandamientos, o la moral budista.
Sus principios son válidos para todo el mundo
La ética no es solamente patrimonio de Occidente, aparece en todas las grandes culturas, porque los problemas humanos a los que responde son universales y su solución también está basada en una inspiración global. Los grandes principios rectores de la conducta humana son compartidos por toda la humanidad y son formulados en cualquier ámbito social, aunque, como rama de la filosofía, la ética es un invento griego, Aristóteles es el primer sistematizador de la ética, sus leyes, son válidas para todas las personas, independientemente de su lugar, época de nacimiento y de sus creencias religiosas.
Todos somos éticos cuando tomamos decisiones
Si nos detenemos a analizar lo que hacemos cada uno de nosotros en nuestro día a día, nos daremos cuenta, de que pasamos el día tomando decisiones: desde que me levanto (qué ropa me pongo, qué tomo de desayuno, cómo empiezo el día, que ruta sigo…) hasta el final del día. Y aunque muchas de esas decisiones podemos decir que las tomamos de manera automática, no por ello dejan de ser libres y voluntarias.
Esto es importante, porque al ser libres tenemos que asumir las consecuencias que se derivan de ellas, es decir, ser responsables de nuestros actos; y por otro lado, no podemos obviar que, cuando actuamos (y previamente a la acción hay una decisión), vamos adquiriendo una serie de hábitos que con el tiempo, nos irán convirtiendo en mejores o peores personas.
Muchas veces nos encontramos en la vida con situaciones que nos parecen malas, pero nos damos cuenta de que, si esas acciones no dependen de nosotros, no las llamaremos buenas en sentido moral, sino que las llamamos buenas o malas según fortuna: buena suerte o mala suerte.
Como señalaba Leonardo Polo, estricta y propiamente, decimos bueno y malo de lo que hacemos según decisiones libres. No podemos decir, “Que bueno me ha tocado la lotería”, porque es algo que escapa a nuestra decisión, no decidimos que nos toque la lotería, ocurre, sucede, con gran fortuna, claro, pero utilizar la palabra bueno para algo que escapa a nuestra capacidad de acción no es éticamente correcto. Bueno y malo, cobran significado en tanto que elegimos, con libertad, de ahí su carácter ético, y por lo tanto, después debemos asumir la responsabilidad por la consecuencia de nuestras acciones o decisiones (Sellés 1999).
Esto está en estrecha relación con la existencia de una norma: haz el bien y no hagas el mal.
Lo bueno, lo moral es lo debido, y lo malo es lo no debido, pero no en cuanto me acontece, sino en tanto que lo decido, que tengo la posibilidad de cumplirlo y hacerlo, o de no cumplirlo y no hacerlo.
Según propone Leonardo Polo, la ética no es un adorno, un añadido del hombre, sino que forma, y eso, es la entraña misma de su actuar. Todo lo que el hombre hace tiene que ver con la ética (Polo 1996). No podemos olvidar que cuando actuamos lo hacemos buscando lograr algo, conseguir un objetivo. Los filósofos clásicos llaman a esto bien, bienes. En su Ética a Nicómaco, Aristóteles señala que el bien es aquello a lo que todas las cosas tienden (Sellés 1999). Entonces Polo sostiene que hay dos tipos de fines: aquellos que son por sí mismos, que se buscan y se aman por sí mismos, en primer lugar; y los bienes útiles, o intermedios, que llevan a los bienes anteriores. Los bienes útiles, se buscan con vistas a otras cosas, para lograr otras cosas. El dinero es un ejemplo de bien útil o intermedio, ya que usualmente las personas no quieren el dinero por sí mismo, sino por lo que pueden comprar con el dinero.
¿Cuál es el bien que, en última instancia, busca el hombre? Aristóteles, en su “Ética a Nicómaco”; señala que es la felicidad, porque la elegimos siempre por ella misma y nunca por otra cosa (Aristóteles 2004).
Nos sugiere el camino de la paz interior para alcanzar la felicidad
El comportamiento del hombre viene siempre regido por una finalidad, que es, lo que se propone alcanzar con sus acciones. El fin que persigue cuando actúa, puede estar subordinado a otro y este a otro y así sucesivamente, pero siempre, hay un fin más allá del cual no se persigue otro, sino que se quiere en sí mismo. A este fin se le llama ¨fin último¨. Podemos concluir, afirmando que se trata de la felicidad, y que la ética nos ayuda a conducir nuestra vida de tal manera que alcancemos a ser felices (Ayllón 2012).
Para terminar, no olvidemos que el hombre es un ser inteligente, que, a diferencia de los animales, va configurando su propio destino, por lo tanto, toma decisiones libres, ya que está obligado a elegir (nuestro comportamiento no es instintivo) y la ética es una guía que, a través de normas y leyes morales, nos ayuda a tomar decisiones correctas, con un impacto positivo en los demás, en la sociedad que nos rodea, que nos haga mejores personas, y por lo tanto, nos ayuda a encontrar la felicidad.

Ana Isabel Rapún Ruiz
Profesora universitaria por 30 años enseñando cursos de ética. Actualmente coordina la línea de Ética del departamento de Humanidades en la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas. Dedica su labor profesional a la enseñanza e investigación de temas de ética y Ciudadanía.
Ha cursado el doctorado en Humanidades con mención en Cultura en la Universidad de Piura, y el doctorado en en Filosofía de la Acción y Dirección de organizaciones. IESE- Universidad de Navarra, Pamplona, España. Es Magister en Filosofía de la Acción Directiva por el IESE y la Universidad de Navarra, España y licenciada en Filosofía y Letras por la misma universidad.

***
Bibliografía.
Aristóteles. (2004). Ética a Nicómaco (W. D. Ross, Trad.). Penguin Classics. (Trabajo original publicado en el siglo IV a.C.)
Sellés, J. F. (1999). Leonardo Polo, La voluntad y sus actos (II). Cuadernos de Anuario Filosófico. Serie Universitaria, nº 60, Servicio de Publicaciones de la Universidad de Navarra, Pamplona, 1998, 68 págs. Studia Poliana, (1), 122-12
Polo, Leonardo (1996), Ética hacia una versión moderna de los temas clásicos. Madrid, AEDOS
Ayllón José Ramón (2012) Ética Razonada. Madrid, Palabra.
Gómez Pérez, Rafael (1993). Problemas morales de la existencia humana. Madrid, Magisterio Casals.
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