17 abril, 2026

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El aborto es matar a un ser humano inocente, ya concebido y aún no nacido

Política y aborto

El aborto es matar a un ser humano inocente, ya concebido y aún no nacido

El aborto es matar a un ser humano inocente, ya concebido y aún no nacido. En la gravedad del aborto provocado, asesinato de una persona, coinciden la razón, la filosofía, la ciencia, la ética y la fe. Apoyan el aborto, negociantes de vidas humanas, políticos sedientos de votos, ideólogos que, del modo más totalitario posible, colocan su ideología por encima de la verdad y del bien, despreciando la libertad de poder pensar. Muchas mujeres, caídas en el aborto, movidas por su situación difícil o por las presiones, saben que abortar no es lo ideal, que siempre el aborto es un fracaso, no una solución.

El presidente del gobierno español está intentando que el aborto sea considerado un derecho, y que este derecho posea rango constitucional o que esté reconocido como tal en cartas de derechos fundamentales. Lo sensato es reconocer que algo tan torcido no puede ser un derecho. Basta el sentido común para darse cuenta de que no es un derecho hacer a otro el mayor mal posible. Esto es, privarle del derecho fundamental, sobre el que se sustentan todos los demás derechos. O sea, quitarle el derecho a la vida. Es decir, no hay derecho a ver como un derecho dinamitar todos los derechos. La destrucción total no es edificación. Ni es ir contra un derecho, ni algo penable, ser contrario al aborto.

Si hubiera derecho a abortar, es decir, derecho a lo más malo, también lo habría, en consecuencia, a lo menos malo. Así también habría derecho a robarle al embrión, por ejemplo, una pierna o un brazo. Ahora bien, todas las personas humanas tienen la misma dignidad. Por consiguiente, si algo puede hacerse con un no nacido, puede también hacerse con un ser humano de cualquier edad. A nadie se le oculta que entonces desaparecería todo el orden de los derechos de las personas.

Si hubiese derecho al aborto, poder matar a la persona humana existente que aún no ha nacido, abortar sería bueno y exigible. Si algo tan malo fuera un bien, el mal sería el bien, y quedaría arruinado todo el orden ético. Pero, que eso fuera un derecho, es un insulto a la inteligencia. Cuánto más, otorgarle un rango tan elevado como el constitucional.

Es vergonzoso que el intento de hacer del aborto un derecho constitucional se revista de progresismo, de bien social, de socialismo con rostro humano, de feminismo, de valor democrático, de libertad, etc. En efecto: no es progreso retroceder hasta llegar a formar parte de los que participan en el gran genocidio moderno. No es un bien social, ni es socialismo con rostro humano, algo tan inhumano como matar al que está más necesitado y es pobre. No es democrático convertir la sociedad, no en un lugar en el que todos tienen los mismos derechos, sino en el que, de entre los inocentes, unos tienen derecho a la vida y otros no. No es libertad embrutecer al ser humano hasta niveles infrahumanos. No es un bien para la mujer hacerle causa de lo más malo, y que, por consiguiente, tantísimo daño le hace. En suma, revestir el aborto de derecho constitucional, de progresismo, de bien social, de feminismo, de valor democrático y de libertad, es convertir la política en una apisonadora destructora de la civilización y en un insulto y atentado a la democracia.

José María Montiu de Nuix

Nacido en Cervera, Lérida, España, en 1960 y bautizado ese mismo año. Ordenado sacerdote en 1992. Doctor en Filosofía. Licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación por la Universidad de Barcelona (UB). Licenciado (especialidad: Matemática Fundamental), cursos de doctorado y suficiencia investigadora en Ciencias Exactas por la UB. Licenciado en Filosofía por la Universidad de Navarra. Licenciado en Estudios Eclesiásticos por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer, Valencia. Docente e investigador con más de medio millar de publicaciones. Académico de la Academia Hispanoamericana de Doctores.