15 julio, 2026

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Notas a la proclamación de fe de los Lefebvristas (c)

Análisis teológico y pastoral ante el reciente acto cismático de la Fraternidad San Pío X

Notas a la proclamación de fe de los Lefebvristas (c)

El cardenal Felipe Arizmendi, obispo emérito de San Cristóbal de Las Casas y responsable de la Doctrina de la Fe en la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), ofrece a los lectores de Exaudi su artículo.

HECHOS

Indígenas católicos de San Juan Chamula, vecinos a San Cristóbal de Las Casas, considerados por ellos mismos como tradicionalistas, impidieron durante 27 años que mi obispo antecesor, Mons. Samuel Ruiz García, pudiera entrar al pueblo y al templo parroquial, por incomprensiones doctrinales y pastorales hacia él, y rechazaban también a todos los sacerdotes de la diócesis. Pero como no podían faltar las Misas en sus fiestas patronales, todas católicas, ni el bautismo de sus hijos, pidieron que unos considerados ortodoxos tradicionalistas que están en Tuxtla Gutiérrez fueran a celebrarles esas fiestas y sus bautismos, lo cual hicieron durante varios años. Con el tiempo, se logró que un sacerdote católico de Tuxtla Gutiérrez les diera esos servicios. Cuando yo llegué, como no tenían prevenciones en mi contra, me invitaron a celebrarles sus fiestas y poco a poco se fue normalizando la parroquia hasta la fecha.

Esos ortodoxos tradicionalistas de Tuxtla Gutiérrez, que ciertamente no son lefebvristas ni tienen su consistencia, son conocidos como Pascualitos, porque veneran a San Pascual y tienen un templo cerca de la catedral. No consta que sus dirigentes sean sacerdotes verdaderos, mucho menos obispos. Dicen que el que afirma ser obispo era sacristán en una parroquia antes del Concilio y repite lo que aprendió, todo en latín de aquellos tiempos, aunque nada comprende. Mucha gente acude a pedir sus servicios, por ignorancia o por conveniencia, pues te hacen todo lo que quieras, sin catequesis previas, pero eso sí, cobrándote buenas cantidades de dinero. Nada tienen que ver con los lefebvristas en cuestiones doctrinales, pero hay gente que los busca y se confunden.

Con el fin de aclarar y contradecir algunas de las afirmaciones lefebvristas suscritas en su Profesión de Fe Católica, sigo compartiendo con ustedes en cursiva lo que éstos sostienen y en Word normal mi personal comentario.

ILUMINACION

  1. Rechazo la inculturación entendida como la adopción sin discernimiento de las categorías religiosas, morales o simbólicas de las culturas paganas y de sus prácticas. El Evangelio puede asumir aquello que es naturalmente bueno, verdadero y noble en los pueblos; pero jamás puede consagrar la idolatría, la superstición, el error o las costumbres contrarias a la ley natural. La misión de la Iglesia no es un diálogo indefinido, una cooperación humanitaria o un reconocimiento mutuo de las tradiciones religiosas: es el mandato recibido de Cristo de enseñar a todas las naciones, bautizarlas y enseñarles a guardar todo cuanto Él ha mandado.

No han entendido la verdadera inculturación. Nosotros no consideramos que todas las expresiones religiosas del mundo son lo mismo. No valoramos igual, por ejemplo, las religiones de los pueblos originarios que el Evangelio y el Magisterio de la Iglesia. Nuestro criterio de discernimiento es Jesucristo, pero hay “semillas del Verbo” en muchas cosas buenas de otros grupos religiosos. No disminuimos la verdadera evangelización.

  1. El Espíritu Santo es quien asiste al Magisterio eclesiástico, especialmente al del Papa, para que conserve, declare y explique sin error el depósito revelado: no para que invente nuevas doctrinas…

Suponen que los Papas han inventado nuevas doctrinas, lo cual es falso. Con el avance de las ciencias religiosas y civiles, el Concilio y los Papas han tratado de ayudarnos a comprender que no puede haber oposición entre la fe y las verdaderas ciencias. Por ejemplo, el Papa León XIV nos ha ayudado a discernir lo bueno y lo riesgoso de la Inteligencia Artificial. No son nuevas doctrinas, sino una aplicación del Evangelio de siempre a las nuevas realidades que estamos viviendo.

  1. Repruebo toda pretensión de invocar al Espíritu Santo para justificar adaptaciones doctrinales en ruptura con la Tradición, inversiones morales o procedimientos sinodales…

Suponen que ha habido ruptura con la verdadera Tradición, lo cual es falso, y no han comprendido la sinodalidad.

  1. Al Papa los fieles le deben respeto y obediencia filial en todo aquello que pertenece al ejercicio legítimo de su misión.

Hablar de ejercicio legítimo es correcto, pero ellos rechazan el Magisterio pontificio desde San Juan XXIII y San Pablo VI, hasta León XIV, como si éstos no fueran legítimos Papas.

  1. Rechazo las concepciones sinodales que tienden a transformar la Iglesia jerárquica en una estructura consultiva, parlamentaria o democrática, sometida a las opiniones cambiantes del pueblo cristiano o a las presiones del mundo. La conciencia colectiva de los fieles, las encuestas pastorales, las sensibilidades culturales y las expectativas del mundo no son fuentes de la Revelación. La legítima escucha de las almas jamás puede convertirse en una adaptación continua de la vida de la Iglesia, de su doctrina y de su constitución divina al espíritu del mundo.

Rechazan la sinodalidad porque no la comprenden. No es algo democrático. Se hacen consultas a los fieles para que nos ayuden a descubrir lo que el Espíritu dice a las Iglesias. En la sinodalidad no se pierde la autoridad del Papa ni de los obispos.

ACCIONES

No nos dejemos confundir por quienes afirman ser católicos y celebran sobre todo Misas, casi siempre en latín, pero no están en comunión con el Papa y con nuestros obispos. Cuando necesites algún servicio religioso, acude a tu parroquia a la que perteneces. Es lo más seguro, para que no te engañen.

Cardenal Felipe Arizmendi

Nacido en Chiltepec el 1 de mayo de 1940. Estudió Humanidades y Filosofía en el Seminario de Toluca, de 1952 a 1959. Cursó la Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca, España, de 1959 a 1963, obteniendo la licenciatura en Teología Dogmática. Por su cuenta, se especializó en Liturgia. Fue ordenado sacerdote el 25 de agosto de 1963 en Toluca. Sirvió como Vicario Parroquial en tres parroquias por tres años y medio y fue párroco de una comunidad indígena otomí, de 1967 a 1970. Fue Director Espiritual del Seminario de Toluca por diez años, y Rector del mismo de 1981 a 1991. El 7 de marzo de 1991, fue ordenado obispo de la diócesis de Tapachula, donde estuvo hasta el 30 de abril del año 2000. El 1 de mayo del 2000, inició su ministerio episcopal como XLVI obispo de la diócesis de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, una de las diócesis más antiguas de México, erigida en 1539; allí sirvió por casi 18 años. Ha ocupado diversos cargos en la Conferencia del Episcopado Mexicano y en el CELAM. El 3 de noviembre de 2017, el Papa Francisco le aceptó, por edad, su renuncia al servicio episcopal en esta diócesis, que entregó a su sucesor el 3 de enero de 2018. Desde entonces, reside en la ciudad de Toluca. Desde 1979, escribe artículos de actualidad en varios medios religiosos y civiles. Es autor de varias publicaciones.