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Rosa Montenegro

10 julio, 2025

4 min

No soy E.T.

La familia no es un hotel: es el hogar al que siempre puedes volver

No soy E.T.

Hay escenas que se quedan grabadas en nuestra memoria emocional. Una de ellas es la de E.T., ese extraterrestre frágil y entrañable que perdido en un lugar extraño señala, con su dedo iluminado, el cielo, mientras pronuncia su mítico “mi casa… mi teléfono…”

E.T. al  menos sabía que tenía una casa a la que volver. Tenía, en su frágil apariencia, sentido de pertenencia. Como mínimo, a un lugar. Si hubiera sido humano tal vez en aquel entorno habría dicho “mamá”.

La madre es el origen, la raíz. Un árbol sin raíces se seca… La raíz es el amor incondicional.

Sólo la persona es capaz de corresponder libremente al amor y protagonizarlo.

Filiación y paternidad, para siempre. No es un asunto del pasado.

Paternidad y filiación se corresponden en cada instante de la vida. La filiación es una dependencia del amor, y el amor el acto supremo de la libertad que permite actualizar, de modo activo y continuo, la permanencia del vínculo. Se es “padre” e “hijo” para siempre.

No existen los “ex padres” ni los “ex hijos”

Sin embargo, esta certeza hoy se tambalea. El fondo oscuro de la actualidad tiene su principio en nuestra autosuficiencia, expresada en “no te necesito” como acto de poder.

No queremos deber nada a nadie.

Hace unos años alguien me dijo: “Yo deber, deber, solo le debo al banco” Así estamos con el alma hipotecada…

FAMILIA: un regalo, no una opción.

¿Quién se ha dado la vida a sí mismo?

La familia ha dejado de ser valorada como lo que es: un regalo. Ahora parece una “opción” más en el escaparate de estilos de vida.

Vivimos en una sociedad que confunde vínculos con esclavitud.

Entender el paraqué de la libertad como expresión de compromiso, comprometerse “para siempre” da vértigo.

Pero el amor auténtico – ése que no exige méritos ni likes – es libre y comprometido.

La familia es el espacio en el que el amor engendra la vida humana. Y la vida es el regalo que posibilita todos los demás: la familia, los amigos por este motivo ser agradecidos es de “bien nacidos”.

Por eso esta relación está protegida por el cuarto mandamiento “Honrarás padre y madre” y el que honra a su padre y a su madre, se honra a sí mismo.

Cuando desaparece la gratuidad radical del amor paterno filial el amor se convierte en una transacción comercial, en un trueque.

Este amor no cotiza en bolsa.

La familia no hace facturas, ni un balance donde se estudia el haber y el debe, pero sí se cultiva el agradecimiento.

Si la familia rechaza ser “lo que es” -por su naturaleza-, la gangrena invade y destruye a cada uno de sus miembros. Es un billete de “ida y vuelta”, envenenado, propio de una película de ciencia ficción. Solo la libertad personal sale en su rescate con el ejercicio del perdón.

La familia no puede delegar el amor ni el perdón, pero ambos son una relaciones libres compartidas por dos o más protagonistas para que pueda generar orden y paz en la tormenta. El amor y el perdón también son un billete de ida y vuelta. No basta perdonar, sino que hay que recibir ese perdón con sencille  y humildad.

El perdón se ofrece y se recibe. Y se agradece.

La familia no es un hotel donde uno “aparca”, donde uno entra y sale, duerme y sigue su camino. N es sólo “área de descanso” en el viaje.

Es HOGAR

La familia es el corazón al que siempre se puede volver.

Es el espacio amoroso al que uno vuelve los ojos para mirar y mirarse.

En la familia descubres siempre tu origen: quién eres, de dónde vienes y a dónde quieres ir.

Es la fuente de seguridad que impulso lo mejor de uno mismo.

En la familia se cuaja la biografía.

Una obra de arte llena de luces y sombras combinadas para que brille en todo su esplendor nuestra singularidad, cohesionada en la totalidad, sin confundirse.

Cada familia tiene su propia paleta de colores, luces y sombras,  su identidad única, su música, su calor.

Hoy, en la playa o en el campo

Entre planes, series y desconexiones… haz silencio en tu interior e intenta responderte con honestidad:

  1. ¿Aportas o solo descargas en tu familia? seas hijo… o seas padre…
  2. ¿Eres capaz de regresar?
  3. ¿Facilito el regreso con el perdón?

Puedes romper cadenas y cambiar rumbos

Tal vez estas vacaciones las hagas diferentes.

Una llamada en lugar de un WhatsApp

Una visita que tienes pendiente con aquel familiar enfermo o solo.

Ese abrazo que se resiste

Una conversación clarificadora

Recuerda

“El verano ya llegó

que no te lleve con él cuando se vaya

 

Canción tonta (Federico García Lorca)

 Mamá

yo quiero ser de plata

  • Hijo

     Tendrás mucho frío

Mamá

Yo quiero ser de agua

  • Hijo

Tendrás mucho frío

 

Mamá

Bórdame en tu almohada

-¡Eso sí!

-¡Ahora mismo!

Rosa Montenegro

Pedagoga, orientadora familiar (UNAV) y autora del libro “El yo y sus metáforas” libro de antropología para gente sencilla. Con una extensa experiencia internacional en asesoramiento, formación y coaching, acompaña procesos de reconstrucción personal y promueve el fortalecimiento de la identidad desde un enfoque humanista y transformador.