Los nuevos pobres vergonzantes
La soledad
En la anterior parroquia, con numerosa población marginada, la sección de Cáritas estaba desbordada. Además, sucedía que, los feligreses donantes de alimentos eran, en muchos casos, igual de pobres que los que pedían. La diferencia era la disciplina económica. Unos compraban leche para donar y los que solicitaban ayuda alimenticia, con el escaso dinero que recibían de ayudas gubernamentales, compraban cosas superfluas como el tabaco.
Era evidente que necesitaban aprender gestionar la economía. Creamos para ello el “Taller solidario”, que consistía en tener un espacio, con un empleado instructor que ayudara a los usuarios a realizar pequeños trabajos de manipulación, que empresas de los alrededores nos proporcionaban. Cada semana percibían la cantidad de dinero correspondiente al trabajo realizado. A veces nos traían jaboncitos y peines para poner en cajas destinadas a hoteles.
Con ello conseguimos poner en movimiento a las personas que sólo se dedicaban a mendigar, incentivando el cumplimiento de horarios y la adquisición de hábitos de trabajo. La experiencia permitió integrar al mundo laboral algunas personas.
Pero la aportación de más valor del proyecto, fue descubrir a personas que vivían en el límite de la pobreza. A pesar de que eren candidatas a recibir ayuda en alimentos, debido a su condición económica y social, no se atrevían, por vergüenza a ponerse en la cola de los pobres ante el local de Cáritas. En cambio, cuando se montó el Taller Solidario, se les abrió la posibilidad de recibir ayuda, sin pasar por el reconocimiento de la pobreza y el auxilio de la caridad.
Esto nos da pie a hablar de los pobres vergonzantes nuevos. Que son los que viviendo de manera ansiosa la soledad, no se atreven a buscar alternativas.
Desde hace tiempo, sobre todo en las grandes ciudades se percibe que la mayor pobreza es la de “compañía”. Dice el documento final del reciente sínodo, en el número 113 “ A pesar de que hoy en día se está más conectado que nunca, a menudo se experimenta la soledad y la marginación.”
Las redes sociales no ayudan a la pretendida felicidad. Son un falso escaparate de la ausencia de problemas y de tristeza. Hay como na necesidad de demostrar que se es feliz. Un evento sin fotografía que lo plasme, se convierte en invisible. Afortunadamente son muchos los encuentros, comidas o viajes que se disfrutan sin ir pendientes de sacar la imagen que le dará notoriedad.
Pero qué pasaría si ese ímpetu por reflejar lo bien que estamos se complementara con la comunicación de nuestras frustraciones. Enseguida aparecería alguien que lo soluciona con frases mágicas. Se podría decir que negamos las pobrezas afectivas. Eso por sí solo margina y aísla. Prohibido sentir, prohibido llorar, prohibido curar heridas emocionales.
Hace tan solo cinco días, durante una audiencia celebrada en el Aula Pablo VI con jóvenes de las diócesis de Roma, el papa León reflexionó sobre cómo la vida digital puede profundizar el aislamiento cuando no va acompañada de vínculos reales. “Una vida de ‘enlaces’ sin relación o de ‘me gusta’ sin afecto nos decepciona, porque estamos hechos para la verdad: cuando falta, sufrimos”, afirmó.
Si hay una pobreza vergonzante, donde no se reconoce la falta de bienes para llevar una vida digna, también hay una pobreza de “familia”, de compañía, donde no se reconoce la soledad.
La soledad por sí sola, no hace daño. Cuando es una elección libre puede ir acompañada de recursos que facilitan la autosuficiencia relacional.
En muchos casos la soledad circunstancial, se da en fechas como la Navidad, que hacen que se sufra más el aislamiento. Cuando la familia se rompió, cuando está lejos o simplemente los pocos parientes que quedan tienen dificultad en desplazarse. O cuando los más jóvenes deciden aprovechar estas fechas para salir de la ciudad y se ausentan delas comidas familiares navideñas. En muchos casos esta pobreza de compañía se sufre en silencio y hace daño.
Me olvidaba de la soledad denuncia, que es aquella que se rechaza la invitación a estar en compañía, como para reivindicar alguna cosa. Por ejemplo: “para qué nos vamos a juntar justo por Navidad, si durante el año no nos vemos”. Se intenta provocar en los demás como un castigo o rechazo. Es lo que se llama chantaje emocional.
Sea como fuere, viene siendo una realidad la soledad dolorosa, o la pobreza de compañía.
Desde la parroquia hemos organizado este año comidas navideñas abiertas a todo el que quisiera.
Se ha tenido en cuenta, el lugar, la ambientación y el menú. Todo ello se ha preparado como si de una comida familiar navideña fuera. Los manjares, bebidas y postres han sido los típicos.
Se ha evitado que la comida fuera de “caridad”. El precio del menú sin ser desorbitado, era de restaurante en festivo.
El público que ha participado fue diverso en edad y en circunstancias personales. El caso es que todos se han sentido en familia sin serlo. De alguna manera sin querer suplir a la familia, ha sido posible vivir esa compañía de unos para con otros.
Se publicitó la idea de que Navidad es la celebración en que Jesús se hace hermano para hacernos hermanos. No se trataba pues, de venir como sujeto pasivo esperando que los demás me quieran, sino que se animaba a ser “compañía” para los otros.
Al principio intentábamos romper el hielo con un juego de roles. Entre unos cuantos participantes se repartían los personajes “típicos” de una familia caricaturizada. La dinámica se abandonaba a los pocos minutos por la risa y el buen humor.
Las confidencias personales eran muy respetadas. Había gente que se conocía y otra que no pero cada uno expresaba lo que quería. Y calaba lo que quería.
Por lo que respecta al aspecto económico se conservó el precio del menú, pero se dio cabida a personas más limitadas económicamente. Algunas de ellas prefirieron compensar con su aportación con el trabajo de servir.
Hubo en todas las comidas un ambiente agradable que se prolongó varias horas con la tertulia.
Se hubieran podido beneficiar muchas personas más, que no se vieron con capacidad para reconocer su soledad. Siguen percibiendo su situación como un mal que es necesario esconder. Son los nuevos pobres vergonzantes. Aunque sabedores del buen resultado de la campaña “Navidad en compañía” han manifestado su intención de participar el año próximo.
Seguramente ante los problemas tan graves de la humanidad, pudiera parecer que la soledad entre las personas sin problemas económicos es un absurdo. Pero el evangelio es buena noticia para los pobres. Las pobrezas pueden tener diferentes caras. La falta de cariño cercano es de las pobrezas más duras. Un manjar se puede substituir por un trozo de pan, pero un gesto cariñoso auténtico, como nos dice el papa León, si nos falta sufrimos. Y en la experiencia vivida hemos sido actores y receptores de ese cariño. No se trataba de recibir solamente, sino de tener alguien a tu lado que pudiera recibir el cariño que necesitas dar. Y por Navidad esta necesidad se agudiza.
Anexo:
Papeles de la dinámica.
Padre. Hace poco tuviste unas palabras con la suegra, no quieres que el cuñado soltero se entere dado que trabajas en su empresa. Además, con tu esposa la cosa no va muy bien. El hijo intentará pedirte la paga extra y tienes que resistirte.
Hijo adolescente. Todo el rato esperas a que termine la comida, porque has quedado con los amigos. Tienes que intentar ser amable con todos. Si lo haces bien te darán la paga extra. Si lo pides con gracia, tu madre te apoyará.
Madre. Tienes que hacerlo bien para que todos te digan que están encantados con la comida. Tú les explicas cómo lo has hecho, presumiendo lo máximo posible.
Suegra. Eres la que todo lo quiere arreglar y se mete en todo. Toda el tiempo estarás contando tus maravillosas actividades y lo aventajada que eres respecto a tus amigas.
Cuñado. Dinero, todo lo ves bajo el prisma del dinero. Eres el más rico de la mesa. Quieres mucho a la abuela. Pero estás en una mesa por compromiso. Estarías mejor de vacaciones.
Hija. La niña bonita, que esconde a todo. Nadie sabe que tienes novio. Aprovecharás para decirlo en esta comida. El problema es que es de una etnia diferente y de estrato social muy pobre.
Los niños pequeños. UNO de ellos será el que recite el verso esperando propina. A los otros no les gustan muchas cosas de comer.
Los demás miembros interpretan el papel que deseen.

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