La Palabra es el rostro visible del silencio
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Si en el último artículo «Incluso Dios calla» mirábamos el silencio De Dios
como un hueco que duele,
hoy levantamos el vuelo.
Descubrimos que el silencio no es vacío.
Es gestación.
«En el principio existía la Palabra…
y la Palabra era Dios» (Jn 1,1).
Y esa Palabra
«se hizo carne y habitó entre nosotros»
(Jn 1,14).
Habitó con un rostro concreto.
Unas manos que curan.
Sus ojos que nos buscan.
En Él,
el silencio deja de ser sombra
y se vuelve luz que se deja mirar.
En el corazón del Padre
reposa el Hijo desde siempre:
No hay ruido
Solo comunión perfecta.
Un silencio tan lleno de amor que no necesita palabras para ser completado.
Tú,
atrapado en el torbellino de las horas, que nunca son suficientes, invadido por
- La vibración de las notificaciones contínuas.
- plazos que aprietan,
- pantallas que exigen respuesta “para ayer”
¿Cuánto hace que no levantas la vista del suelo?
Dios se hizo hombre para mostrarle al hombre quién es.
Ese Dios silencioso no te ignora.
Te abraza desde su eternidad.
Ha soñado contigo desde el Principio de los tiempos.
Su Palabra no surge de la urgencia del mundo,
sino de ese silencio fecundo.
El silencio del Padre se hace visible, se deja oír en un cuerpo herido.
Levanta los ojos, fija la mirada
Ahí, en medio de la rutina,
algo se está gestando para ti.
- A ese Pedro que Jesús le dice: “Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi iglesia” y que también le dice “Antes que cante el gallo me negarás tres veces”
Le encomienda el presente y el futuro. Confía.
- Su perdón no es un discurso sobre el arrepentimiento, sobre “el debe”
- Es una mirada en el momento exacto de su negación
«La Palabra se hizo carne» y el silencio con rostro humano nos mira. Y es una mirada amorosa.
No son palabras, no es “una hoja de reclamaciones” …
No es un like transportador de “dopamina” de liberación prolongada
Lo invisible se hace visible en cada gesto que abandona el anonimato. Es el asombro que ya jamás cesa
- sudor de carpintero en Nazaret,
- polvo de caminos galileos,
- lágrimas en la Última Cena.
Jesús no irrumpe a golpes.
Cristo, Dios y hombre, es presente continuo, VIVE
Y, hoy igual que ayer.
- Mira a la adúltera sin lapidar.
- Toca leprosos.
- Llora ante la tumba de Lázaro.
- Come con publicanos.
Cristo se despojó de sí mismo.
Se humilló para enaltecernos. Se hace hombre para que nosotros vivamos vida divina. La naturaleza superior asume la inferior. El MILAGRO EUCARÍSTICO en acción.
Ese despojo es su rostro doliente.
Dios hecho vulnerabilidad, nuestra vulnerabilidad
Mira ese rostro.
No te exige likes ni rendimiento.
Solo que lo mires.
Que veas en Él el silencio «habitado» del Padre
- que entró en tu barro,en el mío
- en nuestros límites,
- en nuestra historia real.
No más ruido: un silencio que susurra sin ecos extraños.
Emerge en el ruido que no ahoga si nosotros Le miramos:
Jesús no suma volumen al caos.
Nos invita a su hogar, a su silencio “habitado”
- El silencio de Nazaret (30 años trabajando madera).
- El silencio de Getsemaní (sudor de sangre).
- El silencio de la Cruz: «Padre, en tus manos».«Padre perdónales, porque no saben lo que hacen»
Allí donde falla nueestra esperanza:
- En las crisis profesionales
- En ese matrimonio en ruinas,
- En ese dolor y miedo al futuro sin hijos,
- En esa soledad entre gente
Su mirada sigue susurrándonos:
- Tú vales más que tus posts.
- Más que tu productividad.
- Más que tu imagen online.
Levanta los ojos del suelo de la inmediatez.
Para escuchar esa voz,
- apaga el móvil.
- Reza 10 minutos en silencio.
- habita tu interior.
Nuestra misión nace cuando dejamos que Cristo asuma nuestra ceguera, nuestro dolor en la vida pequeña de cada día.
Solo entonces nuestras palabras, que El hace suyas, curan de verdad.
No compites con el ruido del mundo.
Lo atraviesas con una mirada transformada.
Antes de irte,
relee esto las veces que lo necesites.
No pases de largo.
Dios ha asumido un rostro humano y
ese rostro
- lleva nuestro nombre grabado en sus ojos.
Hoy,
ahora,
levanta los ojos
– Deja que te mire.
– Que te cambie la forma de mirar
- el mundo,
- a los demás,
- a ti mismo.
Sé tú, seamos todos, ese rostro visible de Cristo para quien está hundido
- en su móvil,
- en su prisa,
- en su vacío.
La revolución empieza en una mirada.
LA TUYA.Y LA MÍA…
DESDE LA SUYA…
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