29 julio, 2026

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La luz brilla en las tinieblas: cómo opera el mal y por qué nunca tiene la última palabra

Las tácticas de la oscuridad, la respuesta de la fe y la victoria definitiva de la gracia en nuestras vidas

La luz brilla en las tinieblas: cómo opera el mal y por qué nunca tiene la última palabra

El vandalismo sufrido en el monte Podbrdo de Medjugorje —donde la figura de la Virgen de la Paz fue objeto de un ataque absurdo y violento— ha sacudido el corazón de miles de peregrinos en todo el mundo. Ver la belleza agredida por la impiedad provoca, en un primer momento, desconcierto y dolor. Sin embargo, la teología y la tradición católica nos enseñan que estos episodios no son meras casualidades ni simples arranques de incivismo; son ventanas transparentes que dejan al descubierto cómo actúa el mal en nuestro mundo y cuál es su verdadera estrategia.

Las dos tácticas clave del mal: la destrucción y el desaliento

San Ignacio de Loyola, en sus Reglas de Discreción de Espíritus, define con precisión la psicología de la tentación y de la acción diabólica. El mal tiene una doble intencionalidad cuando promueve un acto vandálico o una agresión a lo sagrado:

  1. Atacar el símbolo para herir el amor: Quien vandaliza una imagen no destruye piedra o yeso; busca profanar aquello que la imagen representa. El mal odia la belleza, la paz y la mediación maternal de María porque le recuerdan la victoria incondicional de Dios sobre las tinieblas.
  2. Sembrar desesperanza y división: El objetivo principal del mal no es el daño material en sí, sino la reacción que busca provocar en los creyentes: rabia, amargura, deseo de venganza o la falsa sensación de que la oscuridad está ganando la batalla.

San Agustín explicaba en La Ciudad de Dios que el mal no es una sustancia con poder creador, sino la privación o perversión del bien (privatio boni). Por eso, el mal es esencialmente parasitario: no puede crear nada nuevo, solo intenta afear, romper y contaminar lo que Dios ha hecho hermoso.

La paradoja del mal: el instrumento involuntario de la gracia

Uno de los misterios más profundos de la fe católica es la providencia divina frente al misterio de la iniquidad (mysterium iniquitatis). Como señala San Tomás de Aquino en la Suma Teológica (I, q. 22, a. 2), Dios permite el mal únicamente porque es tan poderoso y infinitamente bueno que es capaz de sacar de él un bien mayor.

El mal siempre comete el mismo error de cálculo. Cree que rompiendo una estatua apaga la fe, sin entender que la verdadera devoción no habita en las imágenes, sino en el alma de los creyentes.

Frente al vandalismo, la respuesta de la Iglesia y de los fieles nunca ha sido el odio, sino la reparación: una corriente de oración, perdón, conversión personal y renovación de la fe. Lo que el mal concibió como una afrenta se convierte, por la gracia, en una llamada al despertar espiritual de miles de almas.

Cómo vencer las estratagemas de la oscuridad en el día a día

El suceso de Medjugorje no es un hecho aislado; refleja la batalla cotidiana que se libra en la inteligencia y el corazón de cada persona. San Pedro lo advertía con claridad en su primera carta: «Sed sobrios y velad, porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, ronda buscando a quién devorar» (1 Pe 5,8).

Para no caer en sus redes ni dejar que la amargura reine en nuestro espíritu, las fuentes tradicionales de la espiritualidad católica nos ofrecen tres claves fundamentales:

  •  No alimentar la espiral del odio: San Pablo marca la hoja de ruta en Romanos 12,21: «No te dejes vencer por el mal, antes bien, vence al mal con el bien«. Responder a la agresión con resentimiento es darle al mal exactamente lo que busca. La respuesta cristiana es la oración de intercesión, incluso por quienes cometen la profanación.
  •  Cultivar la paz interior y la sobriedad: El demonio es el «padre de la mentira» (Jn 8,44) y el agitador por excelencia. Trabaja en la prisa, el ruido, el juicio apresurado y la desesperanza. Reclamar momentos de silencio, oración y frecuencia sacramental —especialmente la Eucaristía y la Confesión— fortalece la armadura espiritual.
  • Mirar a María como refugio y modelo: La Santísima Virgen representa la victoria del amor humilde sobre la soberbia. En el Calvario, al pie de la Cruz, permaneció firme mientras el mal parecía triunfar. Su presencia es siempre signo de esperanza y consuelo seguro para quien busca la verdad.

El triunfo final pertenece a la luz

Un acto de vandalismo puede resquebrajar la materia, pero jamás podrá tocar la realidad del Amor divino. La historia de la salvación demuestra que las heridas, cuando se ofrecen con fe, se transforman en gloriosas. La Cruz de Cristo fue la victoria definitiva sobre la muerte y la maldad, y cada pequeña victoria del bien en nuestra vida diaria es un reflejo de ese triunfo.

No nos dejes mover por la inquietud ni el temor. Que este acontecimiento en el monte Podbrdo sea un recordatorio para velar, amar más intensamente, perdonar de corazón y recordar que, como prometió el Señor, «las puertas del infierno no prevalecerán» (Mt 16,18).

Miguel Morales Gabriel

Soy un jubilado empresario católico, esposo devoto, padre esforzado, abuelo cariñoso y amigo leal; fundador de su empresa familiar donde lideró con integridad durante décadas generando empleo y desarrollo local, siempre guiado por su fe, la solidaridad comunitaria y el amor incondicional a su esposa, hijos y nietos, viviendo con el lema de servir con humildad.