09 mayo, 2026

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Marta Luquero

Análisis

04 noviembre, 2025

6 min

La bandera blanca

Heridos el documental que habla de la herida del aborto y su sanación

La bandera blanca

El jueves pasado volví al cine y aquí estoy de nuevo, delante del papel en blanco. Fui el preestreno de Heridos, un documental de esos que te dejan el corazón a mil revoluciones por el impacto que recibe.

Y es que Heridos, habla directamente al corazón. Y lo hace pasando también por el entendimiento. Por esa cabecita a la que le gusta tanto etiquetar y racionalizar todo.

La película es un documental que habla del aborto y lo hace, además, por esas coincidencias tan extrañas que pasan, en un momento en el que en España la confrontación sobre este tema está muy presente.

¿Y qué no lo está? Me pregunto. Miro a mi alrededor y creo que pocas cosas están libres de esa batalla entre dos bandos.

En medio de esto, aparece esta película, que como dice su director, Borja Martínez Echevarría, pretende ser una bandera blanca en medio de la lucha. Sin juicios. Sin ataques. Con mucho respeto y sencillez. Con el desarme de las palabras, como pide el Papa León XIV, y con gran misericordia.

El secreto: 4 vidas. 4 personas con nombres y apellidos que se lanzan, en un alarde de valentía y de mucha generosidad, a contar su historia. Lo más sagrado. Lo más íntimo: las heridas de su corazón.

Y es que nuestro corazón, siente. Nuestro corazón, como núcleo y esencia de la persona, sufre y es herido. A veces, estas heridas son pequeños rasguños que, con una cura sencilla y rápida, cicatrizan sin problema. Otras, sin embargo, tienen tal profundidad que curarlas pasa por un tratamiento largo y paciente.

Unas veces, sabemos que están y otras, son invisibles. Nosotros mismos nos encargamos de taparlas y de silenciarlas, pero ahí están, supurando, aunque sea un poquito. Lo suficiente como para que sepas que algo pasa dentro de ti, aunque no quieras mirarlo.

Estas 4 personas: Carlos, Mónica, Moni y Thynna abren su corazón al espectador para contar las suyas: la provocada por el aborto.

Un aborto que no paran de decirnos que es un derecho. Que aceptarlo es lo normal y que el no hacerlo, es lo retrógrado. Un aborto que es símbolo de progreso y de avance como sociedad moderna. Que nos hace más progresistas y libres… son muchos los argumentos y el relato es siempre en la misma dirección.

Y en medio de la batalla, nadando contracorriente, como salmones, aparecen personas como Borja y compañía, levantando una bandera blanca de paz y poniendo encima de la mesa, el argumento de la vida de una persona. En este caso de 4.

Un argumento contra el que no cabe otra cosa que descalzarte para callarte. Descalzarte para silenciar todas esas ideas e ideologías que dejan de lado a la persona y su naturaleza para ponerse ellas en el trono y ser adoradas. Y descalzo parar a mirar y escuchar.

Porque al final parece que todo lleva al mismo sitio. Y es a la pregunta de qué adoramos y convertimos en nuestros dioses. Y es que una cultura que quita a Dios pone en su lugar a otros ídolos. Una sociedad que “mata” a Dios en nombre de la libertad se vuelve esclava de las ideologías. Siempre hay un ídolo.

Pero Dios, es Dios y ahí está y estará. Aunque tú no le mires. Aunque tú te empeñes en negarle. Aunque tú no le quieras. Él ahí está y además, siempre esperándote, que a mí es lo que más me asombra.

Carlos, Mónica, Moni y Thynna poniéndose en juego y sin entrar en polémicas, con la sencillez de su historia y de alguien que se sabe amado y perdonado, te desarman de tus prejuicios. Y lo increíble es que te desarman estés en el bando que estés.

Y es que cuántas veces, también desde el mundo católico, nos atrevemos a juzgar a esas personas que abortan. Cuántas veces miramos solo el hecho y no a la persona. Cuántas veces nos ponemos en la posición del fariseo y de esos hombres que iban a apedrear a la mujer del Evangelio. Cuántas piedras lanzamos con nuestros juicios y prejuicios. Cuántas, cuando nos ponemos en la posición de perfectos seguidores de la ley; cuando quitamos el amor y la misericordia de la ecuación… yo, muchas.

Se nos olvida la grandeza y la inmensidad de cada persona. Que somos más que nuestras acciones, y que no somos nadie para juzgar. Se nos olvida, a veces, que Jesús, el gran médico del alma, hizo y hace cada día todo nuevo; y que, con su cruz, nos mostró la gran misericordia de Dios. Esa misericordia que sana. Esa misericordia que perdona y que cambia vidas.  Esa misericordia que acoge siempre al hijo pródigo y le perdona.

Jesús nos enseña que el único que puede juzgar el corazón es Él y que el único bando al que merece la pena pertenecer es a aquel que como armas tiene el amor, la esperanza y el perdón. Al bando que no llama enemigos a las personas y que busca la verdad y el bien, dialogando y no cancelando.

A veces, yo misma, me meto en el modo batalla, y empiezo a etiquetar a aquellos que tengo en frente como el enemigo a vencer. Me pasa mucho cuando veo el telediario. Y ese es el gran triunfo del mal: la división y el enfrentamiento. La distribución y categorización en bandos donde se nos olvide que las ideas se discuten pero que las personas siempre se respetan.

Te puede no gustar una idea y ¡menos mal que es así! Pero las personas son sagradas.

Una sociedad que cancela los argumentos en contra de sus ideas y postulados, y que silencia a una parte de la población deja de ser una sociedad libre. Defienda lo que defienda.

Estés en el punto de tu camino que estés, no puedo dejar de animarte a ir al cine este próximo fin de semana. Aquí tienes la información de la película y los cines donde se va a proyectar.

Apoyemos a estas personas salmones que nos sacan de la indefinición y la tibieza cotidiana. Que nos ponen delante la verdad de lo que es vivir realmente.

Porque vivir viviendo significa mancharse de barro. Caerte y levantarte. Vivir significa abrazar tus heridas para que puedan cicatrizar.  Significa acoger tu vulnerabilidad y así poder acoger la de los demás. Significa caminar junto a otros, acompañando y dejándote acompañar. Significa mirar el camino sin dejar de mirar a lo alto. Significa encontrar un sentido incluso en el sufrimiento.

Vivir es saber que es bueno haber nacido y que toda vida tiene un sentido.

Marta Luquero

@sencillamentemarta Nacida en Madrid, soy madre de dos hijos. Licenciada en Derecho por la Universidad Complutense de Madrid, actualmente estoy cursando un máster en Humanidades. Apasionada de las personas y de una buena conversación, hace años mi vida dio un giro de 180 grados cuando comprendí e hice experiencia de la necesidad vital de acompañar y ser acompañada. Trabajo en el mundo académico, en una universidad católica acompañando a jóvenes en su camino universitario donde cada día hago mía la necesidad del arte de recomenzar, y donde he reconectado con lo que significa ser universitario y el valor que tienen las grandes preguntas. Cada día pongo intención en mirar la realidad con atención para no solo ver y soy firme defensora de las pequeñas cosas hechas con amor.