Juzgar sin saber…
La presunción de inocencia y la integridad en tiempos de escrutinio mediático
El Cardenal Cristóbal López Romero, en su comunicado a la diócesis, no solo pone el correo electrónico para quien se sienta víctima escriba., sino que lejos de ocultar nada, pide que se hable en las parroquias. Él mismo se autolimita dejando temporalmente las responsabilidades para no entorpecer la investigación, poniéndose a disposición de los que investigan las denuncias.
Alguien que tuviera algo que esconder, escogería otras estrategias que pudieren entorpecer la investigación o se defendería atacando.
Nuevamente nos da un ejemplo de responsabilidad para con la Iglesia. Podía haber continuado su misión, pues solamente le faltaba un año para jubilarse y pasar después de este periodo al silencio. Su sueño era volver a ser un peón más.
Lo que fueron sesgos o interpretaciones mías, respecto al “lio de faldas” alguna prensa las ha usado como acusación previa. Debo decir que lo que pretendía ser una disculpa, en caso de que hubiera sido, se ha convertido en una condena sin juicio previo.
Espero que algún día salga todo a la luz y se sepa la verdad, la cual él confía así será tarde o temprano.
No hace mucho también se acusó a un cantante famoso, el cual, después de ser difamado, ha ganado el juicio contra el diario que lo publicó.
La opinión sobre el celibato y las relaciones personales de los religiosos es solamente de mi cosecha. Es un tema duro y difícil del que no se habla.
Hace tiempo que los sacerdotes tenemos un protocolo sobre el acercamiento físico a los niños, por ejemplo. Desde ese tiempo hablamos a los niños, con las manos en la espalda y a un metro de distancia. Ahora seguramente también tendremos que vigilar cuando abrazamos a adultos /as. Ya hay que medir las palabras inclusivas o excluyentes.
A la par, contrasta con las medidas restrictivas con las manifestaciones en pro de la libertad sexual. Por un lado, el rigor en los protocolos que se establecen en los ámbitos educativos, culturales y sociales y por otro las exhibiciones impúdicas por la calle o en el arte. Tolerancia cero y permisibilidad cien.
Quizás también debiéramos debatir sobre el papel de lo sexual en nuestra sociedad, antes era tabú ahora es prohibición y expresión sin pudor. No se puede tocar, pero sí se puede vestir indecorosamente.
Pero el tema no es lo sexual, sino el morbo de deshacer una vida que, por ejemplo, de cien cosas que pueda hacer, en una se haya equivocado. Que no estoy diciendo que haya sido así, en el caso de Cristobal. Pero es cierto que despierta más morbosidad cuanto más contraste hay entre el personaje y la acción delictiva.
La divulgación, la prensa, las noticias pueden ayudar a una sociedad más transparente, pero el juzgar más allá de las evidencias demostrable, se puede convertir en un linchamiento y lo que pudiera ser justicia se convierte en injusticia.
Todos tenemos derecho a una justicia, víctimas y acusados.
Confiemos en el buen hacer de la justicia vaticana, puesto que las presuntas víctimas, no han presentado, la denuncia a la justicia civil. Eso podría indicar que estamos más cerca de la difamación que de la agresión.
Cristobal lo está pasando muy mal, pero tiene la suficiente gallardía, para no huir del problema, sino al contrario, fiel hijo de la Iglesia, se pone a disposición de la justicia. Ojalá fuera así en todos los casos.
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